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José Zorrilla (dramaturgo, 1893)
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(Foto: Antonio Castro)

José Zorrilla (dramaturgo, 1893)

lunes 16 de noviembre de 2020, 18:11h

En el cementerio de San Justo existen varias tumbas sin muerto dentro. Quizá la más famosa sea la de José Zorrilla, el autor de Don Juan Tenorio. Murió en Madrid el 23 de enero de 1893. Dos días más tarde los restos del poeta fueron enterrados en ese cementerio, pero solo permanecieron allí poco más de tres años.

El ayuntamiento de Valladolid, su ciudad natal, los trasladó a su cementerio el 2 de mayo de 1896. Pero ante la importancia y popularidad de Zorrilla se decidió mantener su sencilla tumba madrileña. Solo adorna la lápida una cruz y en ella se lee:

Aquí yació el insigne poeta José Zorrilla desde el 25 de enero de 1893 hasta el 2 de mayo de 1896 en que fue trasladado a Valladolid por el municipio de aquella ciudad donde había tenido cuna y quiso tener enterramiento. La Real Academia de España y la Sacramental de San Justo consagran a su memoria esta sepultura vacía.

José Zorrilla y Moral nació en Valladolid el 21 de febrero de 1817. Su familia se aposentó en Madrid cuando él tenía nueve años aunque volverían a la ciudad natal. Destinado a la abogacía, pronto demostró que no tenía ningún interés por las leyes y sí por la literatura, el dibujo y las mujeres. En 1836, huyendo de los trabajos que quería imponerle el padre, regresó a Madrid. El poema que compuso a la muerte de Larra lo colocó entre la élite literaria de la Capital. Escribió en varios periódicos y en 1837 publicó sus primeras poesías. Dos años más tarde estrenó en el teatro del Príncipe el drama Juan Dándolo, escrito en colaboración con Antonio García Gutiérrez.

Su drama más famoso, el Tenorio, se estrenó en el madrileño teatro de la Cruz el 28 de marzo de 1844, con Carlos Latorre como protagonista. No tuvo éxito inmediato aunque acabaría convirtiéndose en la obra que, seguramente, es más representada del teatro español. Claro que a Zorrilla no le reportó muchos beneficios económicos, porque había vendido sus derechos de autor unos días antes del estreno. Algunos investigadores afirman que los vendió porque no le gustaba la obra.

No obstante tuvo algunos éxitos más en la escena madrileña, aunque hoy estén desaparecidos de la misma: Sancho García, La mejor razón la espada, El zapatero y el rey, El excomulgado o Traidor, inconfeso y mártir.

La tradición de representar el Tenorio para la fiesta de Todos los Santos, se inició tras la vuelta del poeta a España tras un prolongado exilio en París, Londres y México. Quince años había permanecido fuera de España, de la que salió para separarse de su primera esposa. El 24 de octubre de 1866 se presentó apoteósicamente en el teatro del Príncipe con un espectáculo-recital titulado El cuento de las flores. Como fin a la serie de homenajes que recibió por parte de los madrileños, el 31 de octubre de 1866 –veintidós años después de su estreno- se anunció en el Príncipe un nuevo montaje sobre la refundición que había hecho el autor de su texto. Fue una representación protagonizada por Cándida Dardalla y Pedro Delgado, que marcó la resurrección teatral de su Tenorio. Desde ese año el drama volvió una y otra vez al Príncipe y al Español. Casi medio centenar de reposiciones se cuentan en este teatro. La última reposición en el Español, por el momento, fue el año 2002, con dirección de Gustavo Pérez Puig.

En sus varias huidas de España, conoció y trabó amistad con personalidades como Alejandro Dumas, Víctor Hugo o Georges Sand. La parte más exótica de sus exilios fue la mexicana. Once años estuvo en aquel país llegando a colocarse bajo la protección del emperador Maximiliano I. Durante un paréntesis en Cuba, llegó a ser socio de un traficante de esclavos. Fallecida su esposa, Florencia O’Reilly, pudo regresar a España sin sobresaltos. Volvió a casarse, esta vez con una joven de veinte años, Juana Pacheco. Los trece últimos años de su vida transcurrieron entre apuros económicos, nuevos viajes al extranjero, honores de todo tipo y recitales para conseguir dinero. En 1890 le detectaron un tumor cerebral del que fue operado con cierto éxito. Pero se reprodujo tres años más tarde y acabó llevándolo a la tumba.

Hoy tiene poca atención la tumba vacía, que pasa inadvertida por su sencillez. No así la vallisoletana que se erigió en 1898, obra de Aurelio Carretero.

José Zorrilla

Cementerio Sacramental de San Justo

Patio de Santa Gertrudis

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