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Iván Fandiño se tiró a matar al quinto sin la ayuda de la muleta
Iván Fandiño se tiró a matar al quinto sin la ayuda de la muleta

Un heroico y torerísimo Fandiño logra abrir la Puerta Grande

Por Emilio Martínez / DC
miércoles 14 de mayo de 2014, 08:56h
Justicia poética y heroica para Iván Fandiño. Por fin el de Orduña, que tantas veces tuvo la mítica Puerta Grande de la cátedra venteña entreabierta, rompió sus goznes y salió en volandas por ella alzado a hombros y alabado por sus seguidores. Él, que junto a su eterno apoderado Néstor García ha caminado siempre por los senderos más duros y difíciles, y que ahora soporta las zancadillas de las consideradas figuras -mejor figuritas y/o figurones- reacios a anunciarse con este jabato, se lo merece y la autenticidad de una manipuladísima Fiesta también.
Quiso ser, una vez más, protagonista de la tarde y no sólo por el balance estadístico, sino porque arrojó el naipe de la verdad, la ortodoxia y el clasicismo con ese punto de bendita locura imprescindible para todas las grandes hazañas, no sólo las táuricas, con ese ir más allá de la raya en la que está el triunfo, sí, pero también la cornada. Ese punto que las acomodadas figuras -mejor figuritas y/o figurones- no traspasan ni en Madrid. Ese lugar que el coletudo vasco agrandó tirándose a matar al quinto sin muleta, volcándose como un rayo para dejar una gran estocada mientras salía por los aires y al resto de coletudos y a los espectadores se nos ponía una aguja de angustia en el esófago.

Espeluznantes bernadinas

Poco importó que el burel, que con el motor de la casta acudía a los engaños humillado como el más arrepentido pecador, vendiera cara su agonía y necesitase de dos golpes de verduguillo antes de morir. La plaza se soltó los miedos y fue una nube blanca de pañuelos. Antes, el de Orduña había festoneado una faena de enrome intensidad al natural, sobre la base del temple y la ligazón en naturales y redondos perfectamente abrochados con los de pecho como continuidad a un inicio original obligando al bicorne a seguir por detrás los vuelos de la pañosa y rematado con el del desprecio. No fue una labor perfecta, ni siquiera la mejor de Fandiño en Madrid, mas en toda ella hubo toreo, verdad y emoción a tope.

De similar guisa había obrado el espada -que realizó un ajustadísimo quite por chicuelinas al segundo de El Cid-, con el anterior de su lote en otra faena intensa que cerró con espeluznantes bernadinas y que tras un estoconazo le valió el primer trofeo y disparó aún más su ambición de alcanzar su sueño de abrir la Puerta Grande. Ahí queda su balance en los últimos años en la cátedra 13 festejos y 10 orejas. No busquen nada similar en esas teóricas figuras -mejor figuritas y/o figurones- a los que no les va a quedar más remedio que aceptarlo en sus carteles y que Dios les pille confesados.

Al margen del extasis 'fandiñista', la función poco más tuvo que contar en cuanto a los coletudos, y sí algo más en cuanto a una corrida muy pobre de trapío para Madrid, aunque con mucha movilidad y celo, a la que sólo la quietud, valor y oficio del triunfador le hizo frente. Porque El Cid, triunfador en el pasado ciclo de Otoño, volvió a mostrarnos su peor cara con muchas dudas y excesivo baile de pies,mientras que Ángel Teruel, con buen concepto pero justito de valor, sólo apuntó algún detalle de clase y dejó pasar su segundo tren en cinco días en Madrid. Él sabrá. O que se empape con los vídeos de Fandiño. O que le eche sus bemoles.

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