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El buen reciclaje pesa poco

El buen reciclaje pesa poco

Por Carmen M. Gutiérrez
martes 17 de marzo de 2009, 00:00h
A veces la buena intención de los ciudadanos a la hora de separar los residuos por tipos no es suficiente para reciclarlos. En el día a día de una planta de clasificación de envases se ve por qué se puede reciclar mejor.
Como si se tratase de una carrera de resistencia, en la planta de clasificación de envases recuperados de Pinto, las bolsas con residuos que llegan más lejos en el proceso sin ser rasgadas por la maquinaria son las que contienen menos impropios. Parece extraño, pero es una cuestión regida por las leyes de la física.

El proceso de clasificación funciona por pesos y tamaños. Se trata de eliminar los desechos que no deben ir en el contenedor amarillo cuanto antes para continuar de la mejor manera posible con la selección por tipos de envases de plástico y metal que después serán reciclados. Los envases por sí solos, si en la bolsa no hay ropa, restos orgánicos u otros impropios, no son muy pesados. Por eso, se podría decir que el secreto de las bolsas que aún están intactas en uno de los trómeles de separación de Pinto es una buena separación en origen.

Cada vez se insiste más no solo en la separación de los residuos sino también en la importancia de hacerlo bien. Así, a las campañas publicitarias que animan a reciclar se han sumado otras para reducir el número de impropios de los contenedores, como la que lanzaron el Ayuntamiento de Madrid y Ecoembes bajo el lema 'Ojo con lo que tiras'. No es de extrañar, ya que los materiales no depositados correctamente en los contenedores encarecen los gastos de recogida, pueden producir problemas en las plantas de clasificación y, en general, restan eficacia a los procesos de reciclaje.

En la planta más antigua de clasificación de envases de la Comunidad de Madrid, la de Pinto, se puede ver un claro ejemplo de la importancia de un buen reciclaje: las bandas magnéticas de las casetes VHS o de música que la gente sigue teniendo y tirando en algunas ocasiones al contenedor amarillo (destinado a envases de plástico, latas y bricks) cuelgan y vuelan de la maquinaria.

La banda magnética, al no ser reciclable, se debe depositar en el contenedor normal, y el plástico, si se tiene la suficiente paciencia, en la bolsa amarilla. Pero la realidad es que muy poca gente lo sabe, al igual que otros detalles de la casuística del reciclaje, y las películas llegan a provocar que las cintas por las que corren los residuos para ser separados incluso tengan que parar para ser reparadas.

Entre los impropios de la bolsa amarilla pueden encontrarse restos de poda, vidrio, papel, metales que no son envases y restos orgánicos, destaca el responsable de la planta de Pinto, Miguel Ángel Blanco, quien "después de haber visto de todo" en estos años, asegura que ha mejorado la calidad del reciclaje. "No sólo es responsabilidad del ciudadano, sino también de la gestión posterior", destaca.

Pese a que cada vez se recicla mejor, Blanco insiste en subrayar que un mal reciclaje quita eficiencia a los procesos. Así sucede con el sistema de infrarrojos que en Pinto separa automáticamente tres tipos de envases reciclables. Que los detectores sean "casi mágicos", ya que facilitan mucho el trabajo de separación posterior al realizado por los ciudadanos, no quita que sean incapaces de reconocer el tipo de plástico si aún queda materia orgánica en su interior. El resultado es que una botella con refresco pasaría inadvertida y tendría que ser retirada manualmente.

Estos contratiempos causados por una separación incorrecta afectan negativamente a los procesos de reciclaje, que en gran parte costean los consumidores con la compra de los envases, en cuyo precio se incluye una pequeña tasa verde. En Madrid el 50 por ciento del peso total de lo que los ciudadanos depositan en el contenedor amarillo se debe a los impropios.
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