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Incendio forestal en Campo Real
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Incendio forestal en Campo Real (Foto: Kike Rincón)

Superincendios: ¿pueden darse en Madrid?

Por Fernando Rodríguez
martes 14 de septiembre de 2021, 07:34h

Como suele ser habitual, los meses de verano traen consigo multitud de incendios a lo largo y ancho de nuestra geografía fruto de las altas temperaturas y la ausencia de precipitaciones. En lo que va de año, se han producido ya una veintena de grandes incendios en todo el país, capaces de calcinar a su paso miles y miles de hectáreas de bosque. De Ribas del Sil, en Lugo, hasta Navalacruz y Cepeda de la Mora, en la provincia de Ávila, pasando por el de Batres, en la propia Comunidad de Madrid.

El más grave de todos, sin embargo, se declaró el pasado miércoles y continúa activo hoy. Hablamos del incendio de Sierra Bermeja, en Málaga, que ya ha devorado más de 7.000 hectáreas de terreno, ha provocado la evacuación de seis municipios e incluso se ha cobrado la vida de un bombero forestal, dejando además otros dos heridos a su paso. Tal es su virulencia que los expertos lo han catalogado como el primer incendio de sexta generación en España.

Desde primera hora del lunes, el equipo de Emergencia y Respuesta Inmediata de la Comunidad de Madrid (ERICAM) se encuentra trabajando y colaborando en la extinción del mismo. La responsable del ERICAM, Annika Coll, ha explicado que se trata de un incendio "muy agresivo y con una evolución muy imprevisible". Por ello, han trasladado hasta el lugar tres bombas forestales pesadas, una bomba nodriza, un camión con material, un autobús de personal y otro de mando.

José Ramón González, del Colegio Oficial de Ingenieros Técnicos Forestales, define este tipo de incendios como un nuevo concepto de incendios forestales muy violentos, capaces de modificar la meteorología a su alrededor y que, además, resultan muy difíciles de predecir y, por ende, de controlar y extinguir.

“La principal característica de estos grandes incendios es su capacidad para generar meteorología propia. Las condiciones son tan complejas y el combustible, es decir, lo que está ardiendo, es tan permanente que se genera una columna de aire caliente cargada de ceniza y humo. Esta, al condensarse, da lugar a una especie de nube, llamada pirocúmulo, que, al colapsar, se desmorona y empuja el fuego hacia fuera por todo el perímetro del incendio”, explica González a Madridiario.

La gran dificultad que entraña su predicción es lo que complica la intervención de los bomberos forestales y, además, pone en peligro su vida. “Las corrientes de aire generadas por el propio incendio provocan que se acelere su velocidad de propagación en todas direcciones. Ya no basta con consultar las predicciones meteorológicas, porque no hay aparato o fórmula matemática que lo mida, sino que se deben tener en cuenta las condiciones in situ. Esto pone en riesgo todo el dispositivo, en la medida en que obliga a cambiar la estrategia sobre la marcha y, si es necesario, retirar a los efectivos desplegados sobre el terreno para evitar atrapamientos y muertes”, añade.

Sequía, viento, orografía pronunciada y abandono rural

Los factores que dan lugar a incendios de sexta generación son muy diversos. Por un lado, resulta necesario un periodo de sequía muy prolongado, de algunos meses, que dé lugar a un terreno extremadamente seco. Además, debe tratarse de una zona de fuertes vientos y con una orografía muy marcada.

Otro aspecto que favorece la expansión del fuego es el abandono progresivo de las zonas rurales. “La continuidad del combustible, derivada del abandono rural, agrava este tipo de incendios. La España de nuestros abuelos era una España de mosaico, con explotación agrícola, ganadera y forestal. En la actualidad, muchas de esas tareas han desaparecido. Donde había cultivo, ahora hay vegetación. Si antes había zonas forestales acotadas, de las que se sabías que el fuego no iba a salir, ahora el incendio llega directamente a los pueblos”, indica González a este digital.

"Cuando el bosque arde, nosotros ardemos con él"

También dificulta la cuestión el modelo urbanístico moderno, que sitúa las viviendas lo más cerca posible de los bosques por la belleza del paisaje. “Nos hemos acercado al bosque de tal manera que cuando este arde, nosotros ardemos con él. La estrategia de incendios forestales a este respecto es clara: primero las personas y después todo lo demás. De ahí que la mayor parte de los recursos de destinen a la evacuación de los pueblos cercanos. Por tanto, no se presta toda la atención que requiere el propio fuego. Mientras solo afecten a la masa forestal, los incendios pasan completamente desapercibidos", asegura.

Aunque la vegetación en las zonas altas de la Sierra del Guadarrama es bastante verde, de acuerdo con los expertos no es del todo descartable que un incendio de sexta generación tuviese lugar en Madrid.

“Es cuestión del momento. Si vienen mal dadas, nos encontramos con 15 o 20 días con un clima muy seco, con velocidades de viento muy significativas, humedades relativas muy bajas y ausencia de precipitaciones, da igual los medios que tengamos. Podría pasar, aunque sería muy difícil”, concluye González.

Grandes incendios en la región

De acuerdo con un informe publicado por Ecologistas en Acción en el año 2016, el eje centro peninsular en torno al Sistema Central y el Alto Tajo, formado por Madrid, el sur de Castilla y León, el norte de Castilla-La Mancha, y Extremadura es, tras el noroeste peninsular, la zona más afectada por grandes incendios forestales en nuestro país.

Prueba de ello son los casos más sonados de los últimos años. El de Somosierra en 1995 arrasó más de 1.000 hectáreas de la Sierra Norte en apenas tres días, el de 1999 en el monte Abantos obligó a desalojar a más de 8.000 vecinos y turistas en El Escorial, el de las proximidades del Pantano de San Juan en 2003 calcinó 875 hectáreas de bosque y el de 2004 en el Parque Regional del Sureste convirtió en polvo y ceniza más de mil hectáreas de arbolado.

Más recientemente, en 2019, tuvo lugar el incendio forestal más grave de la historia de la región desde que se conservan registros, el de Cenicientos, Cadalsos de los Vidrios y Rozas de Puerto Real. Con origen en la localidad de Almorox, en Toledo, este incendio quemó 2.183 hectáreas e incluso afecto a parajes recogidos en la Red Natura 2000.

De los más de 250 incendios registrados en la Comunidad de Madrid a lo largo de 2021, el de mayor envergadura ha tenido lugar a mediados del mes de agosto en el municipio de Batres. El fuego alcanzó incluso infraestructuras de uso humano, tales como el cementerio, el colegio y la iglesia.

De acuerdo con los expertos, resulta necesario tomar medidas inmediatas que sirvan para paliar, en la medida de lo posible, la tendencia hacia climas extremos que trae consigo el tan mentado "cambio climático". Solo así será posible evitar que este tipo de catástrofes naturales continúen avanzando hacia espacios que, hasta la fecha, no habían sido catalogados como zonas de riesgo fruto de sus altos niveles de humedad. Sin embargo, en caso de que el clima se recrudeciese hasta tornarse seco, este riesgo se multiplicaría como consecuencia de su espesa vegetación.

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