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Las asociaciones vecinales: escuelas de democracia y motores de cambio
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(Foto: Elaboración propia a partir de imágenes cedidas por la FRAVM)

Las asociaciones vecinales: escuelas de democracia y motores de cambio en Madrid

Por Lidia Núñez Alañón
domingo 27 de febrero de 2022, 18:00h

Desde el asfaltado y alumbrado de los recién poblados barrios madrileños de los 70 hasta la lucha por el transporte y el ocio saludable en los 2000. Las asociaciones vecinales han sido durante décadas escuelas de democracia y motores de cambio en los distritos de la ciudad de Madrid.

En la década de los 60 la capital experimentó una transformación demográfica sin precedentes. El éxodo rural hizo de esta región el destino de millones de españoles que buscaban un futuro mejor, sin embargo, muchos se toparon con condiciones paupérrimas donde los barrios se asentaban sobre chabolas y barrizales.

Aún bajo el régimen de Franco, los vecinos comenzaron a asociarse de manera informal –las leyes de la dictadura prohibían el asociacionismo–, poniendo común sus quejas y reivindicaciones. Pepe Molina es uno de estos dirigentes históricos que formó parte de la primera asociación vecinal de Palomeras Bajas fundada en 1968, en el barrio de Vallecas.

Pepe Molina, dirigente histórico de la AV Palomeras SuresteFue el movimiento vecinal el que impulsó la remodelación de los 28 barrios de Madrid, una lucha ardua y larga que permitió hacer de los barrios lugares habitables. “Conseguimos transformar Madrid, los vecinos hicieron de la vivienda una reivindicación importante, que iba acompañada con la equipación y el cambio del barrio”, cuenta Molina, miembro y ex presidente de la AV de Palomeras Sureste.

"Conseguimos transformar Madrid"

Figura también clave en el movimiento vecinal madrileño es Prisciliano Castro, que llegó a Madrid emigrado de la “Extremadura de los Santos Inocentes” con tan solo 18 años. Vivió en una chabola de Orcasitas durante diez años y asegura “que el amor propio y la tenacidad” fue lo que impulsó su activismo. “Las circunstancias de vivir en un barrio sin nada, sin servicios, calles… te hace tomar partido para ir resolviendo los problemas y unirte con otros vecinos”, destaca Prisciliano.

Un contador de agua con pérdidas y roturas fue el comienzo del activismo vecinal de Marisa Díaz, que con 21 años se inició en el movimiento. "Hicimos una cooperativa y nos reuníamos en la Iglesia. De esto hace 53 años. Poco después, ocurrió la matanza de los abogados de Atocha, mataron al abogado que teníamos nosotros, Francisco Javier Sauquillo”, cuenta Marisa, muestra de la historia viva de aquellos que vivieron la Transición. Llegó a ser presidenta durante varios años de la AV La Unión de Almendrales, cargo que hoy desempeña su marido.

Estos tres líderes históricos tienen claro que la vivienda fue el mayor logro de su generación: hacer de sus barrios lugares para vivir y no simples dormitorios. Desde una farola hasta un centro de salud, un polideportivo o un parque, fueron la lucha de las asociaciones de vecinos durante la década de los 70 y los 80.

Marisa Díaz junto, su marido y miembros de la AV La Unión de AlmendralesProblemas que compartían la mayoría de los barrios del sureste de Madrid, alejados del centro y marcados por una profunda brecha socioeconómica. Padecer la misma discriminación y falta de servicios fue lo que impulsó la creación de la entonces Federación Provincial de Asociaciones Vecinales, germen de la actual Federación Regional de Asociaciones Vecinales de Madrid (FRAVM).

Consiguiendo su legalización en 1977, la FRAVM comenzó una labor de coordinación y cooperación desarrollada durante décadas. Prisciliano Castro fue su presidente durante 17 años. Para él las asociaciones vecinales fueron clave en el camino hacia la democracia. A día de hoy, hay 291 asociaciones federadas de las que 185 pertenecen a la ciudad de Madrid. Un número que sigue aumentando con la creación de nuevas agrupaciones.

Esperanza en las nuevas generaciones

Un movimiento que sigue vivo gracias al relevo generacional que muchos jóvenes han tomado, apostando por la participación ciudadana desde el barrio. Silvia González, de la AV La Unidad de Villaverde Este, cuenta que fue tras su politización en la universidad cuando llegó al movimiento vecinal. “Me di cuenta de que mi barrio no era feo, sino que lo que teníamos era un problema de marginación y de discriminación y había que pelear para tener las mismas oportunidades que en otros sitios”, cuenta Silvia como parte de su reconciliación con su barrio. La activista vecinal de 32 años es también la Responsable de Igualdad de la FRAVM.

Silvia González, AV La Unidad de Villaverde EstePara Irene Valiente, la llegada a la "aso" –como ella se refiere a la AV La Nueva Elipa– fue algo que venía dado. Desde pequeña participaba en las actividades que organizaban y en las carreras populares. Fue con 18 años cuando empezó a participar activamente llegando a ser presidenta durante dos años. Para Irene “era un espacio más de lucha. Siempre ha sido un referente en el barrio”.

Irene Valiente en un acto de la AV La Nueva ElipaPor el contrario, Fidel Oliván sí que buscó formar parte desde activismo cuando llegó desde Zaragoza hace diez años a Madrid. Para este joven de 28 años, el movimiento vecinal fue parte de su militancia y una forma de participación. Fidel fundó a través de la AV La Mancha de Usera un proyecto de ocio saludable para acercar el boxeo a los chavales del barrio con “Guantes Manchados”. A día de hoy, acoge a más de un centenar de jóvenes que encuentran una manera sana de divertirse y hacer ejercicio.

"Esto no es un barrio pobre, es un barrio obrero"

A los tres jóvenes les cuesta destacar los logros conseguidos por su generación. Silvia asegura que conseguir cambiar la imagen del barrio ha sido una de sus luchas principales. “Esto no es un barrio pobre, es un barrio obrero. No es un barrio deprimido, es un barrio marginado”, asegura. También destaca las actividades llevadas a cabo por los propios vecinos como la cabalgata popular o las fiestas del barrio. Algo que también comparte Irene, a lo que añade la visión feminista que han logrado introducir.

Fidel Oliván, fundador de Guantes ManchadosFidel resopla pensando en los logros; cree que queda mucho por hacer pero se muestra satisfecho por la convivencia que a día de hoy se ha conseguido en los barrios obreros. “La multiculturalidad ya no se plantea, viene dada. Esto no pasaba en los 90 con el racismo y el surgimiento de movimientos de extrema derecha”, destaca el joven como parte positiva de su generación.

Un legado por continuar

A pesar de que el movimiento vecinal sigue vivo, las fórmulas han cambiado. Para Marisa “la gente se está acomodando” y los que lucharon hace décadas “nos estamos haciendo mayores”. Lo mismo opina Pepe Molina, que cree que, afortunadamente, al no haber problemáticas tan “gordas” no hay una incorporación masiva como la de su generación.

Para el histórico de Vallecas, los problemas hay que “batallarlos, perseguirlos y pelearlos con negociación y tiempo”. Teme que estas fórmulas “no las hemos sabido explicar a la gente joven o no son inteligibles en este momento”.

Prisciliano Castro, ex presidente de la FRAVM. (Foto: FRAVM)Prisciliano también cree que las cosas han cambiado, pero asegura que con “valores y principios” el movimiento vecinal puede continuar. Para los más jóvenes la participación es el gran reto, y creen que con la inspiración de sus mayores se continuará con el legado.

Lo que une sendas generaciones es el afán por reivindicar las pequeñas cosas, aquello que pasa desapercibido por la administración. Desde la limpieza de los barrios, los espacios de ocio, la saturación de la sanidad o la amenaza que suponen las casas de apuestas que inundan los barrios obreros. El movimiento vecinal supone un control democrático de los recursos en aquellas zonas que menor atención reciben.

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