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Vivienda de los Marqueses de Urquijo en Somosaguas
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Vivienda de los Marqueses de Urquijo en Somosaguas (Foto: MDO)

Asesinados a tiros los marqueses de Urquijo: una de las incógnitas de la crónica negra madrileña

jueves 01 de agosto de 2019, 07:49h

El número 27 de la calle Camino Viejo de Somosaguas presenció uno de los asesinatos más sonados de España un 1 de agosto de 1980. Los Marqueses de Urquijo, María Lourdes de Urquijo Morenés y Manuel de la Sierra y Torres, aparecieron muertos en su residencia. Los aristócratas recibieron tres tiros a bocajarro que les produjeron la muerte. Las primeras hipótesis que el equipo de Policía realizó tras descubrir los cadáveres apuntaban directamente a un asesinato premeditado, realizado por uno o más sicarios.

Los Marqueses residían en su mansión del barrio de Somosaguas, la cual contaba con vigilancia. Aun así, no se detectó ningún indicio de allanamiento en la seguridad, a parte de un cristal roto, lo que hizo concluir que los asesinos o el asesino conocía la vivienda y sabía pasar desapercibido. Primero se encargaron del marqués y posteriormente, tras ser la marquesa despertada por el ruido, le asestaron dos tiros, en la boca y la nuca.

Tras los asesinatos comenzaría una investigación atropellada y con multitud de lagunas que, a día de hoy, aún deja incógnitas sobre el caso.

Los detenidos

El mayordomo de la vivienda, Vicente Díaz Romero, quien llevaba 7 meses trabajando para el matrimonio cuando acaecieron los hechos, aportó entonces información clave para la investigación sobre las relaciones familiares existentes. Diez días después de los hechos, los hijos de los marqueses, Juan y Miriam, comparecieron ante el público pidiendo justicia y respuestas sobre la autoría de los crímenes. No sería hasta ocho meses más tarde cuando Rafael Escobedo, ex-marido de Mirian de la Serra, confesó ser el autor de los crímenes, culpando a los fallecidos del fracaso de su matrimonio.

El juicio sobre el caso comenzó en 1983 y se enfrentó numeroso obstáculos, empezando por la información confusa que proporcionaban testigos e informes. Finalmente se llegó a incluir a Juan, el hijo de los aristócratas, como involucrado en los crímenes.

Más adelante se detuvo también a Javier Anastasio, amigo de Escobedo, quien señaló a Juan como implicado a su vez. Anastasio ingresó en prisión preventiva, aunque poco después fue puesto en libertad y huyó de España. Pasó 30 años en el extranjero, tiempo requerido para que prescribiera la acusación.

Otro de los implicados fue Mauricio López-Roberts, acusado de encubrir el crimen. El marqués de Torrehermosa, López-Roberts, prestó a Anastasio hasta 25.000 pesetas para huir a Sudáfrica una vez fue detenido Escobedo.

El ¿suicidio? de Escobedo

En 1988 Escobedo fue hallado muerto en su celda en la cárcel de El Dueso en Cantabria. Surgieron diferentes hipótesis sobre su muerte, muchas apuntando al suicidio, aunque el abogado del fallecido reclamó el envenenamiento de Escobedo.

El mismo año, Fernando Grande-Marlaska, entonces uno de los jueces encargados del caso, lo reabrió para cerrarlo poco después, en 1989, al no encontrar pruebas suficientes para proseguir con la investigación. Además, López-Roberts, junto a Jimmy Giménez Arnau, escribió un libro en 1985 titulado Las malas compañías. Hipótesis íntimas del asesinato de los marqueses de Urquijo. En él se describían las diferentes posibilidades sobre la autoría de los crímenes. Tras la publicación de éste, los autores tuvieron que indemnizar a Juan y Miriam, hijos de los marqueses, por daños morales.

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