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La Comunidad de Madrid rindió un homenaje a Manolete, en el centenario de su nacimiento, con la exposición “Manolete. El hombre. El mito”.
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La Comunidad de Madrid rindió un homenaje a Manolete, en el centenario de su nacimiento, con la exposición “Manolete. El hombre. El mito”. (Foto: Kike Rincón)

La última "contribución de sangre" de Manolete en Madrid

martes 16 de julio de 2019, 08:05h

Nadie podía imagina que aquella tarde del 16 de julio de 1947 sería la última vez que Manolete pisaba el ruedo madrileño. La por entonces estrella del toreo venía de triunfar en los Sanfermines y su parada en la Corrida de la Beneficiencia en Las Ventas generó una expectación traducida en un lleno total. No cabía un alfiler en la Monumental y la corrida, en la que Manolete compartió cartel con Gitanillo de Triana y con Pepín Martín Vázquez, no defraudó. "Triunfal y dolorosa", escribieron los cronistas taurinos de la época: una cogida, casi premonitoria del fatal destino del torero solo un mes y medio después, no le impidió terminar la lidia. "No me escapo ningún año de pagar mi contribución de sangre... pero, gracias a Dios, puedo decir que con mucha suerte", diría a los pocos días en una entrevista.

La suerte se apartó de Manolete desde su primer toro. "Ha sido retirado por cojo. Lástima. El toro era bravo. Y ha dejado paso a uno de Vicente Charro, con el que Manolete se ha empleado a fondo. Ha toreado al natural con gusto, con calor, y en los naturales, de puro ceñidos, se ha manchado el traje. Faena justa, sobrada si acaso. No ha tenido suerte al matar -pinchó tres veces- y aunque ha perdido la oreja inicial, ha dado la vuelta al ruedo entre una ovación continuada", escribía el cronista de El Ruedo.

La tímida remontada del matador siguió con el quinto astado, según ralató esta misma crónica: "El quinto salió abanto. Correteó. Hasta salió suelto alguna vez de los caballos; pero Manolete, cuando cogió la muleta, iba dispuesto a encelarlo. La faena fué a más. Del tanteo a más cerca, más cerca todavía, y en un momento insospechado el toro le ha herido en la pierna, sin derribarle".

El público de Madrid

La respuesta de Manolete era narrada así por el crítico Gregorio Corrochano: "Manolete hizo un gesto de dolor casi imperceptible, encogiendo un poco la pierna izquierda. La primera sensación en el tendido era que lo había pisado. Siguió toreando con la derecha y con la izquierda en una faena de mucho aguante, única manera de torear al toro incierto. Se notaba que el torero perdía facultades que suplía con coraje y afán. Un hilo de sangre, rayando fuertemente de rojo la media rosa, nos describió que estaba herido y nos explicó el porqué de aquel empeño cerrado, cada vez más cerrado, del torero con el toro. No solo toreaba, quería terminar la faena y matar al toro antes de que la pérdida de sangre le inutilizase la pierna. El gesto era magnífico; solo en medio del ruedo, con el toro sin dejar que nadie se acercara en su auxilio. Entró a matar con ansia..."

Solo después de muerto el toro, Manolete fue llevado en volandas a la enfermería. "La expectación se había concentrado en Manolete, y Manolete sabia corresponder, aun a costa de su sangre, a la expectación. Pundonor, aun por encima de su arte de gran torero", analizaba El Ruedo.

Ya durante su recuperación en el hospital, Manolete era preguntado por los periodistas sobre su decisión de continuar, herido, la corrida: "Ningún torero que tenga pundonor profesional se hubiera alejado del toro, en tanto se sintiera con fuerzas para permanecer en pie. Además, yo estaba entonces embalado en la faena y nadie hubiera podido detenerme. Por si todo esto no bastara, estaba ante el publico de Madrid y eso era bastante para moverme a hacer lo que hice".

La cornada recibida en Las Ventas impidió su presencia -entonces ya anunciada- en la feria de aquel mismo mes de julio en Valencia, pero la cornada de Madrid no le permitió regresar hasta primeros de agosto en Vitoria. Su siguiente parada en la capital estaba prevista para finales de la temporada, en la Corrida de la Prensa. Sin embargo, Linares se cruzó por el camino. Aquel año, fueron dos "contribuciones de sangre" muy seguidas. La de la plaza jienense, el 29 de agosto de 1947, terminó siendo mortal.

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