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TAL DÍA COMO HOY

Salón del trono del Palacio Real, con un nuevo acceso.
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Salón del trono del Palacio Real, con un nuevo acceso. (Foto: Elena Trincado)

Un palacio nacido de las cenizas de Velazquez, Tiziano o Da Vinci

sábado 01 de diciembre de 2018, 09:00h
Tal día como hoy, se inauguraba el Palacio Real de Madrid, que pasaba a convertirse en la nueva morada regia en la capital. Su construcción fue orquestada por Felipe V después de que el antiguo Alcázar de los Austria, que allí se erigía, fuese engullido por las llamas en una fatídica Nochebuena de 1734 para el arte y la arquitectura. Ya con el rey Carlos III sería cuando se habitaría un palacio que acabó de diseñar el italiano Francisco Sabatini para acelerar los plazos de construcción.
Lo que ocurrió aquella noche del 24 de diciembre de 1734 en el interior del Alcázar de Madrid, es y seguirá siendo, un misterio. La Nochebuena de tal día, en el interior del Alcázar, palacio residencial de la dinastía de los Austrias, un inexplicable fuego prendió en una de las habitaciones. Un hecho trágico para el arte que, a pesar de los esfuerzos por apagar el fuego, el incendio se extendió durante cuatro días, haciendo imposible salvar el castillo ni las 500 obras de arte que allí se calcinaron. Pinturas de Diego Velázquez, Tiziano, Rubens, El Bosco, Da Vinci o El Greco quedaron rehenes de las llamas impidiendo que las generaciones futuras algún día las apreciasen.

De no ser por los bomberos de la época que acudieron a sofocar el incendio, la colección arrasada hubiese sido mayor. Antes de que el fuego cubriese por completo el Salón Grande, los bomberos consiguieron arrancar de las paredes algunos de los lienzos y arrojarlos por las ventanas. Entre los afortunados cuadros yacía 'Las Meninas' de Velázquez o el retrato de 'Carlos V en Mühlberg' de Tiziano.

Levantamiento de un nuevo palacio

Cuatro años después del incendio, Felipe V, primer rey de la nueva dinastía de los Borbones, ordenó arrancar sobre los restos del Alcázar las obras de construcción de un nuevo palacio, más asombroso e imponente que el del resto de cortes europeas. Para tal misión, el monarca encargó el proyecto al arquitecto italiano Felipe Juvara, a quién también ordenó que su construcción se realizara en piedra y ladrillo para evitar que otro incendio acabase con el palacio.

Juvara diseñó un proyecto versallesco, trazado en un cuadrilátero de 500 metros de lado, tres veces mayor que el que hoy existe. Tras su fallecimiento en 1736, se hizo cargo del proyecto su discípulo Juan Bautista Sachetti, quien adaptó el descomunal proyecto a las dimensiones del solar dejado por el antiguo Alcázar y le otorgó esbeltez al diseño de su mentor. En el interior del palacio se emplearon materiales como mármoles, terciopelos o maderas de caoba; en las paredes pintaron frescos los mejores pintores del momento: Giaquinto, Tiepolo y Bayeu. De su decoración interior causa impresión el Salón del Trono, tapizado de terciopelo rojo con hilillos bordados en oro y plata, ricas esculturas y los asientos de los monarcas, con su efigie labrada en el respaldo.

Inauguración tardía

La muerte dio caza a Felipe V antes de que alcanzase a aposentarse en el nuevo palacio, pero sería su hijo, Carlos III, quien a su regreso como rey de Nápoles, inauguró y estableció el Palacio de Oriente como nueva residencia real un primero de diciembre de 1764.

La llegada de Carlos III al poder sirvió para acelerar una construcció palaciega que resultaba demasiado lenta. Para ello, poniéndola en manos de Francisco Sabatini, arquitecto llegado con el rey de Nápoles, que se encargó de diseñar una de las joyas interiores del palacio, la escalera de embajadores.

El Palacio Real se convirtió en residencia oficial de los reyes de España desde Carlos III hasta Alfonso XIII. Sólo Juan Carlos I se decidiría por el Palacio de la Zarzuela como residencia habitual y el Palacio de Oriente, orientado a albergar ceremonias y recepciones oficiales.
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