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La Puerta del Sol tras los ojos de Ignacio Pereira.
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La Puerta del Sol tras los ojos de Ignacio Pereira. (Foto: Ignacio Pereira)

El sobrecogedor Madrid vacío de Pereira

domingo 26 de agosto de 2018, 09:00h

Imagine Plaza Castilla y la Castellana sin un solo coche. Gran Vía, Callao y Sol sin madrileños ni turistas de un sitio a otro. O Cibeles bajo un silencio sepulcral. Ignacio Pereira (Talavera de la Reina, 1980), director creativo y fotógrafo profesional, siempre quiso demostrar que "su ciudad" solo cobra sentido con el relato de las personas, y focalizó todos sus esfuerzos en realizar una obra sobrecogedora que basó en vaciar los paisajes más reconocibles de grandes ciudades como Madrid, Londres o Tokio; la expectación e impresión que causa su trabajo le han convertido en el fotógrafo de moda, y la calidad de sus instantáneas le ha llevado en volandas a ganar el Premio al Mejor Relato Visual de PhotoESPAÑA 2018.

Quizá sea un urbanita por naturaleza o el mayor apasionado de Madrid, pero es muy probable que alguna vez, caminando por sus abarrotadas céntricas calles, haya pensado: "Necesito estar tranquilo, solo". En el momento que Ignacio Pereira tuvo esta idea, algo en él cambió, hasta hoy.

Lo primero que quiere dejar claro es que se siente madrileño. Aunque nació por azar en Talavera de la Reina, Toledo, toda su familia es de la capital. "Soy de Madrid, voy a cumplir 40 años y 38 he vivido aquí", afirma orgulloso. Paseando por sus calles se siente libre porque son su "estudio de pruebas", ya que elige, según la luz, el día que quiere para hacer la foto perfecta. “Me gusta que sean días nublados, con una luz que se reparta bien, que no haya sombras muy duras", afirma.

"Pasear solo por la Gran Vía, por la Castellana, es un concepto que por mucho que quisiera no podía tener”

Pereira cuenta con ilusión que todo empezó con un sueño a lo grande: andar solo por la ciudad. Se considera una persona que valora la soledad, motivo por el que no transita lugares con aglomeraciones de gente como los centros comerciales. "A mí no me relaja, no me siento agusto. Prefiero el estar más retirado, en sitios más solitarios”, explica; y al contrario de lo que pueda parecer, no le frustró la realidad de no poder dar un paseo en solitario, literalmente, por la capital. Asumió desde el primer momento que "pasear solo por la Gran Vía, por la Castellana, es un concepto que por mucho que quisiera no podía tener”, aclara, por lo que decidió intentar materializarlo -como si fuera tarea fácil- en forma de arte.

Tras desarrollar su obra durante meses, percibió que carecía de sentido. Consideraba que vaciar por completo una calle o una plaza de la gran ciudad servía de manera muy eficaz para observar con detenimiento y el máximo detalle posible la arquitectura de las construcciones, pero no para transmitir el sentimiento de soledad que quería.

Hasta que se le ocurrió una idea que marcaría su carrera: dejar a una sola persona en cada foto. Este planteamiento aunó la intención de hablar de la frialdad de las ciudades junto con la de explicar la escala de la instantánea; "al final estamos muy rodeados de gente pero no dejamos de estar solos; no hablas con nadie, no le preguntas. También explica la escala, ya que hago fotografías de grandes plazas, de carreteras con un punto de fuga bastante amplio, entonces así se tiene una referencia", asegura. Con el paso de los años, esa persona en cada fotografía se ha convertido en su firma como autor.

"Al final estamos muy rodeados de gente pero no dejamos de estar solos; no hablas con nadie, no le preguntas"

En la actualidad, aparte de haber vaciado también ciudades como Londres o Tokio -proyectos de los que se siente "muy realizado"- su carrera artística está en plena efervescencia. En el pasado mes de julio, Pereira ganó el Premio al Mejor Relato Visual del concurso #ElCorazónDeLaCiudad organizado por PhotoESPAÑA; con una serie de seis fotografías de Madrid se ha convertido en el fotógrafo de moda gracias a "una forma de jugar con la percepción del espectador", según el jurado del certamen formado, entre otras, por la fotógrafa Ana Hell y la directora de exposiciones de La Fábrica Ana Berruguete. “Una vez le pregunté a una chica en una exposición viendo la fotografía de la Puerta del Sol, ¿qué te sugiere? Y estaba la mujer apunto de llorar: 'Es que yo no quiero estar sola', me dijo", cuenta con emoción. Reconoce que su obra ha tenido expectación y ha sido acogida por un gran público: “Todo el mundo que la ve le sugiere algún tipo de impresión, no pasa indiferente Algo tiene, está claro que a la gente le toca", añade. Del 19 de septiembre al 20 de noviembre se podrán contemplar sus fotografías en una galería privada situada en la calle María de Molina, 4.

Para el fotógrafo madrileño por derecho, lo más importante sigue siendo que a la gente le llegue su obra a través de esa concepción de la soledad tan suya con la que empezó todo.

Castellana, su primera foto "importante"


En la cuadrícula de su objetivo, en 2006, estuvo el Paseo de la Castellana. Recuerda que fue de una de sus primeras instantáneas importantes, "la primera fotografía importante seguro". La emblemática calle madrileña, arteria principal de la ciudad, ha sido fotografiada en varias ocasiones por Pereira. “La primera fotografía que hice no me gustó, a la tercera fue cuando ya me quedé tranquilo; es un punto de fuga muy amplio que prácticamente no tiene fin y eso en la fotografía de gran formato es espectacular”, explica.

La insólita Gran Vía tranquila
Lo tiene claro: "Es la que más me gusta, la que tengo en el estudio puesta". La calle Gran Vía, que registra un incesante movimiento en todas las épocas del año, es uno de los puntos preferidos por los madrileños y turistas que visitan la capital, motivo más que suficiente para que el fotógrafo quisiera vaciarlo.
“Estuve cinco días antes y no me convencía, porque realmente a mí lo que me interesa es el punto de fuga que va hasta el final de la calle; sabía exactamente qué ventana quería y estuve ocho meses de gestiones hasta que llegué a la persona adecuada que me autorizó”, explica.
Reconoce que fue una de las que más le costó hacer. A Pereira, entre otros motivos por sus estudios en arquitectura de interiores, le interesaba, como en todas sus intantáneas, el punto de fuga; le fue difícil encontrar el encuadre.
La persona solitaria a la que siempre deja vagando en sus obras, esta vez es un hombre que cruza por el paso de peatones con el semáforo en rojo para unos coches inexsistentes.

Sol, la que más gusta

El Kilómetro Cero, la estatua ecuestre de Carlos III o la acristalada entrada al cercanías son los elementos más característicos da una de las postales más recurremtes de Madrid: la Puerta del Sol. Pero el día en el que Pereira la inmortalizó no estaba entre sus planes. “La hice en un día que no tenía prevista esa fotografía porque había hecho Callao; no es de la que me siento más orgulloso”, confiesa.

En un primer momento pensó que no tendría mucho éxito, pero la combinación de tres factores la han hecho "una de las más mediáticas": frío, gris y lluvia. La persona, recordando la escala a modo de firma, nos transporta automáticamente a una estampa invernal de cielo encapotado y el suelo mojado.

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