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Estampa calcográfica procedente de Lágrimas panegíricas a la muerte del gran poeta Juan Pérez de Montalbán, Madrid, 1639
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Estampa calcográfica procedente de Lágrimas panegíricas a la muerte del gran poeta Juan Pérez de Montalbán, Madrid, 1639 (Foto: Martin Droeswoode )

Fallece el ojito derecho de Lope de Vega

lunes 25 de junio de 2018, 07:58h
Juan Pérez de Montalbán fallecía aquejado de dolencias mentales en un asilo de Madrid un 25 de junio de 1638 con toda la vida por delante, aunque bueno es recordar que aprovechó al máximo su tiempo para escribir un gran número de obras, la mayoría comedias.

Tuvo una corta vida, pero prolífica. A sus 37 años de edad fallecía el 25 de junio de 1638 el escritor, dramaturgo, poeta y novelista madrileño Juan Pérez de Montalbán, el discípulo preferido del maestro Lope de Vega.

Hijo de un librero, Pérez de Montalbán estuvo en contacto con la literatura y la poesía desde pequeño y fue en la tienda de su padre donde conoció a Lope. A los 12 años entró en la Universidad de Alcalá para estudiar filosofía, aunque acabó formándose en teología.

Su primera obra fue Morir y disimular, escrita en 1619, y a partir de ahí comenzó su andadura en el mundo de la literatura escribiendo prosa, poesía, novelas y sobre todo, comedias. Destacan entre sus obras Los Amantes de Teruel, comedia en tres actos sobre la historia de amor española más conocida, y Para Todos, miscelánea que fue bastante polémica tras su publicación.

Compaginó la escritura con sus oficios de capellán de la iglesia de San Juan de Ocaña, discreto de la Venerable Tercera Orden de San Francisco y notario de la Inquisición. Se codeó también con autores como Calderón, Tirso y Francisco de Medrano.

Su salud comenzó a empeorar cuando cumplió los 30. Ya de familia le venían problemas como la muerte prematura de dos de sus hermanos, la ceguera de su madre o los trastornos mentales de otra de sus hermanas, dolencia que acabó padeciendo los últimos años de su vida.

Encerrado en un asilo, sufrió numerosas crisis de locura hasta su muerte. Pedro Grande de Tena publicó en 1639 Lágrimas panegíricas, donde amigos del escritor relatan cómo vivieron ellos su final. Calderón recordaba: “En los últimos años de su vida le vimos reducido, aun en el modo de hablar, al estado de niño”.

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