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Jai Alai: el desaparecido hermano mayor del Beti Jai que hizo de Madrid la capital del frontón
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(Foto: Méndez Bringa)

Jai Alai: el desaparecido hermano mayor del Beti Jai que hizo de Madrid la capital del frontón

sábado 16 de junio de 2018, 09:00h
El 16 de junio de 1891 se inauguraba en la calle Alfonso XII, cerca de Atocha, el frontón Jai Alai, el primero de los muchos que terminaron convirtiendo Madrid en la capital del deporte vasco por excelencia.

Ilustracion del frontón Jai Alai (Foto: Méndez Bringa)Hacía las delicias de la sociedad madrileña de finales del siglo XIX como opción de ocio, solo, quizás, por detrás de los toros. El frontón llegó del País Vasco a Madrid para ganar cada vez más adeptos. Impulsado por la Reina María Cristina, que se aficionó a este deporte durante sus veraneos en San Sebastián, terminó por convertirse en el deporte de moda en la capital y un buen puñado de pelotaris y empresarios vascos supieron aprovechar el tirón para hacer negocio. Pronto, la ciudad se trufó de frontones que se convirtieron en espacio de cita ineludible para la aristocracia capitalina.

A pesar de que hoy por hoy el más conocico de todos sea el Beti Jai (1894), que ha vuelto a las portadas de los medios en los útlimos años por su proyecto de recuperación, el primero fue el Jai Alai, convertido pronto en referente del frontón en Madrid.

El Jai Alai, 'Fiesta Alegre' en euskera, se inauguró el 16 de junio de 1891 en el número 60 de la calle Alfonso XII. Sus promotores, Cándido Lara y Ortal y Manuel Chacón, lo construyeron a imagen y semejanza del Jai Alai que existía en la ciudad de San Sebastián, un frontón largo que permitía jugar a la modalidad del frontón con cesta, una variante que triunfaba en el País Vasco y con la que se añadía al juego mayor velocidad y potencia a la hora de lanzar la pelota.

Miguel Mathet y Coloma, abogado y arquitecto toledano, fue el responsable del diseño de la obra, mientras que Fausto García realizó las obras. El resultado fue un edificio austero, de líneas sencillas, que medía 64 metros de largo por 11,50 de alto en la pared de juego y, por tanto, otros 11,50 de ancho hasta la raya de falta. Con espacio para 2.000 espectadores, repartidos en gradas y palcos, poseía tres puertas de acceso que facilitaban la entrada y la salida al recinto. Además, contaba con instalaciones complementarias, como restaurante y cafetería. Un año después de su inauguración, se incorporó a su estructura una cubierta que amortiguó la incidencia de la climatología madrileña en el espectáculo y permitió ampliar ligeramente la temporada de partidos.

La pareja formada por Pedro Arrecigor y Saturnino Echevarría se enfrentó a Juan José Gorostegui y Pedro Echevarría en el partido inaugural, un encuentro a 50 tantos en la especialidad de cesta. Entre el público, la intanta Eulalia y numerosas damas de la aristocracia madrileña cuyo interés en el frontón derivaba de sus (aristocráticos) veraneos en Donosti.

El Jai Alai contribuyó a la locura por este deporte que atrapó a la sociedad de la época. Fue el primero de hasta cinco frontones que funcionaron simultáneamente en la capital, con aforos de entre 3.000 y 5.000 espectadores, en un Madrid en el que había apenas 500.000 habitantes. Los medios de la época dedicaban esfuerzo y espacio a concienzudas crónicas de los partidos y en torno a ellos comenzó a surgir un abultado mercado de apuestas, un punto negro en el esplendor del frontón madrileño que tuvo algo que ver en su desaparición, dadas las acusaciones de fraude en la gestión de algunos frontones.

Entrado ya el siglo XX, el furor por el frontón pinchó y el Jai Alai y sus sucesores -Euskal Jai y Beti Jai- empezaron a ver reducidos sus fieles. La falta de público llevó al abandono de las instalaciones -el frontón ya no era un negocio en Madrid- y, poco a poco, a su completa desaparición.

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