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Julio Rojas y Aarón Lobato en Julieta y Ofelia, dos suicidas de toda la vida.
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Julio Rojas y Aarón Lobato en Julieta y Ofelia, dos suicidas de toda la vida. (Foto: Antonio Castro)

Julieta y Ofelia: dos suicidas filósofas

lunes 14 de mayo de 2018, 17:32h
El festival Surge Madrid, que organiza la Comunidad, entra en su segunda semana. En los últimos días se han estrenado espectáculos muy estimables como Sobre padres e hijos y Julieta y Ofelia, dos suicidas de toda la vida.

Dos actores jóvenes, Julio Rojas y Aarón Lobato, han puesto en pie un acabado montaje que ambos interpretan. Rojas, a su vez, es el autor del texto y Lobato de la dirección. Han contado con la participación, entre otros creadores, de Chevi Muraday, Felype de Lima y Pablo Martínez Bravo.

Julieta y Ofelia, dos suicidas de toda la vida arranca con la resurrección temporal de las dos adolescentes shakesperianas, que comparten cripta tras sus tempranas muertes. Julieta hace, casi al comienzo, una declaración de intenciones: ‘yo de mayor quería estar viva’. Ambas comienzan mostrándose hartas por llevar más de cuatrocientos años muriendo y resucitando diariamente en escenarios de todas las categorías y nacionalidades.

Rojas (Julieta) y Lobato (Ofelia) desencadenan un delirante diálogo sobre las causas de sus respectivos suicidios, recién salidas de la adolescencia. Julieta disfrutó del amor carnal con Romeo pero Ofelia se lanzó a un lago ante la desconcertante personalidad de Hamlet. Me dio la impresión de que al autor le resulta más simpática Ofelia por su frustrante virginidad, por la locura a la que le llevaron su padre, los reyes y el propio Hamlet. En su resurrección viven las juergas juveniles que no pudieron disfrutar, las fiestas, las borracheras, el sexo…

En realidad podrían ser las reflexiones de dos jóvenes desorientadas de nuestros tiempos. Rojas se revela como un escritor de diálogos punzantes y dramaturgia potente. La calidad final viene dada también por el trabajo de Lobato moviendo a los dos personajes en una especie de cuadrilátero arenoso, intercalando las coreografías de Muraday y excelentemente envueltos por la luz de Diego Domínguez. La interpretación es extenuante, con un ritmo frenético que envuelve a los espectadores.

Llegando ya a las últimas escenas se sumergen en esa especie de teatro ceremonial que tan bien manejaba Arrabal. Teniendo en cuenta que en vida de Shakespeare las mujeres no podían trabajar en la escena británica, parece lógico que los dos actores den vida a estas dos chicas, aunque, la verdad, no cumplirían los requisitos de finura e imberbes como, con toda seguridad, serían los primeros Ofelia y Julieta.

Después de su efímera e imaginaria existencia, ¿qué les queda a las dos románticas suicidas? ¿El veneno, la daga, el convento? Julieta y Ofelia seguirá en cartel en la Nave 73 los próximos domingos y, presumiblemente, podrá alargar su vida más allá de la estupenda plataforma de lanzamiento que les ha supuesto Surge.

En el Espacio Guindalera, y siempre dentro del festival, también se ha presentado Sobre padres e hijos, un trabajo de Juan Pastor sobre textos de Iván Turguénev. Es la confrontación de dos generaciones, una pareja de jóvenes revolucionarios y sus respectivos padres, mucho más pragmáticos y conservadores. El montaje está interpretado por Margarita Lascoiti, José Maya, María Pastor, Jorge Tejedor y Antonio Lafuente. Podrá también seguir viéndose durante las próximas semanas.

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