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TAL DÍA COMO HOY

Actual palacio de Santa Cruz, sede del ministerio de Asuntos Exteriores, antiguamente Cárcel de las Cortes.
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Actual palacio de Santa Cruz, sede del ministerio de Asuntos Exteriores, antiguamente Cárcel de las Cortes. (Foto: Kike Rincón)

La primera piedra de un palacio que fue cárcel

Tal día como hoy en 1629 se puso la primera piedra de la Cárcel de la Corte construida por Gómez de Mora. Es uno de los edificios más bellos levantados por los Austrias en la Villa. En el año 1767 terminó su función de cárcel para pasar a ser el Palacio de Santa Cruz, llamado así por su cercanía con la Iglesia que lleva el mismo nombre.
Decía un famosísimo mercante inglés del siglo XVII que la cárcel de Madrid era un edificio "tan bonito" que le parecía más apropiado que fuese "el palacio de un príncipe" y no una cárcel, porque vivir en ella le parecía "más bien un placer que una pena". Y es que, él no era la única personalidad de la época que disfrutaba de la belleza de la cárcel de Madrid, que fue empezada a construir tal día como hoy hace casi 390 años.

La idea de construirla se fue gestando durante el siglo XVI. Madrid, a diferencia de Valladolid, Sevilla, Barcelona o Zaragoza carecía de una cárcel digna de una ciudad que sería capital de un Imperio. Hasta el año 1629, los Alcaldes de la Villa recurrían al sistema de requisa de inmuebles y eso levantó las quejas de los vecinos, que en 1540 se agruparon para solicitar la construcción de una "Cárcel de Estado".

Aprobada la propuesta, al año siguiente, el Concejo adquirió las casas colindantes de Alonso López, Ana de Morales y Constanza de Morales, que daban a la Plaza de Santa Cruz. Tras unas rápidas obras de acondicionamiento, en 1543 quedaba construida la primera Cárcel de la Villa de Madrid. Esta prisión estuvo activa durante 78 años pero cuando Madrid se convirtió en la capital del Reino de España, se quedó inadecuada y fue derribada.

El 14 de septiembre de 1629, en solemne ceremonia presidida por el Cardenal Obispo de Málaga, D. Gabriel de Trejo, Presidente del Consejo de Castilla, es colocada la primera piedra de la nueva prisión. Junto a ella, en una arqueta de plomo, quedaban depositadas diversas monedas del reinado de Felipe IV y un pergamino que decía así:

«La Magd del Rey Don Phelipe nuestro Señor Quarto de este nombre, Rey de las Españas y de las Indias, mandó hacer este edificio para Cárcel Real de su Corte octavo año de su Reynado y 1629 del nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo siendo Sumo pontífice Urbano VIII y Presidente de Castilla el Ilmo.. y Rmo. Sr.. Cardenal de Trejo Obispo de Málaga que se hallo personalmente a ber poner esta primera piedra a 14 de Sete del año referido y sean patronos destas obras la Sacratísima madre de Dios y el arcángel San Miguel y Santiago patrón de las Españas.»

Hoy, bajo la torre vecina de la iglesia de la Santa Cruz, torre que se llamo en su día «de los calabozos», permanece la arqueta con su pequeño «tesoro» y el mencionado pergamino. Las obras finalizaron en 1636. Dos años más tarde se efectuó el traslado de los presos.

El problema volvería a repetirse más de 100 años después y la cárcel quedó obsoleta. En 1786, el rey Carlos III aprueba la permuta del Oratorio y Convento de la Congregación de Sacerdotes Misioneros U Salvador U Mundo y los alcaldes toman posesión del edificio, que pasa de convento a prisión.

En plenas obras de adaptación, el 4 de octubre de 1791, un voraz Incendio surge en la Cárcel de Corte. Juan de Villanueva, Arquitecto Mayor del Reino, dirige personalmente los trabajos de extinción. Durante cinco días arde el palacio, quedando destruida casi en su totalidad su planta superior. Con ella, desaparece gran parte de su archivo histórico y judicial.

En agosto de 1793, reconstruido el edificio y trasladados los reclusos, la hasta entonces llamada Cárcel de Corte pasó a ser el Palacio de Justicia, bajo la denominación de «Palacio de la Audiencia».

A los viejos y ceremoniosos Alcaldes de Casa y Corte le sucedieron modernos jueces y magistrados. Así, hasta el año 1885 la Audiencia y los Juzgados de Madrid se encontraban en este Palacio. En esta fecha acoge al Ministerio de Ultramar, y los bustos de Cristóbal Colon y de Juan Sebastián Elcano presidían los dos patios o claustros interiores.

De este modo, los viejos nombres de los patios, «de la Audiencia» y «de los Calabozos», pasaron a adoptar los nobles de Colon y de Elcano, que han perdurado hasta hoy. Cuando en 1898 el Reino de «las Españas y las Indias» queda dimensionado a su núcleo esencial, el Palacio de Santa Cruz queda vacante.

Finalizando 1900, a propuesta del Ministro del Departamento, Don Ventura García-Sancho, Marqués de Aguilar de Campoó, el Consejo de Ministros aprueba la instalación en Santa Cruz del Ministerio de Estado, que desde la época de los Austria y como Primera Secretaría de este nombre, habría ocupado dependencias, primero, en el Regio Alcázar y, luego, en el Palacio Real.

En diciembre se ultiman los trabajos de instalación, y el 1 de enero de 1901 los servicios del Ministerio de Estado funcionan ya en el Palacio de Santa Cruz.

El 30 de enero de 1938 el Ministerio de Estado pasa a denominarse de Asuntos Exteriores, como se conoce a día de hoy. Debido a esto, las instalaciones se vieron sobrepasadas y la Administración repitió en el siglo XX la experiencia del siglo XVIII: el aprovechamiento e incorporación de los espacios colindantes.

El Arquitecto Don Pedro Muguruza traza los planos de una fábrica semejante al viejo Palacio, siguiendo con cuidado el mismo estilo, en rosado ladrillo y granito del Guadarrama. Dos torres más cuadran en un armónico rectángulo su planta y alzado.

El antiguo callejón de la Audiencia, llamado por el Madrid castizo del siglo XVIII «del Verdugo», se transforma en un patio interior que separa el viejo del nuevo edificio, comunicados entre si por un pasadizo aéreo, que, por su parecido con el veneciano de conocida memoria, es llamado por los diplomáticos «Puente de los Suspiros».

Por ultimo, siendo Ministro de Asuntos Exteriores Don Alberto Martín Artajo, en el año 1950 finalizan las obras y queda este viejo Palacio tal y como hoy lo conocemos.
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