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Conjunto escultórico del torero El Yiyo realizado por Luis A. Sanguino y ubicado en la plaza de Toros de Las Ventas.
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Conjunto escultórico del torero El Yiyo realizado por Luis A. Sanguino y ubicado en la plaza de Toros de Las Ventas. (Foto: Juan Luis Jaen)

El trágico desenlace del sucesor de Paquirri: 'El Yiyo'

miércoles 30 de agosto de 2017, 08:08h

La muerte del torero José Cubero, ‘El Yiyo’, conmocionó al mundo taurino, no solo por ser una promesa del toreo, sino por su corta edad: 21 años.

“Pali, este toro me ha matado”. Así empezaban todas las crónicas taurinas que informaban de lo sucedido en la corrida del 30 de agosto de 1985 en Colmenar Viejo. José Cubero, ‘El Yiyo’, de 21 años, fallecía en el ruedo tras ser cogido por Burlero, el toro al que solo le faltó recibir la última estocada para brindar las dos orejas al matador madrileño, pero que aprovechó sus últimas fuerzas para tirar al suelo al joven y levantarlo por la axila con su pitón izquierdo, provocándole una parada cardiorrespiratoria.

Camino de la enfermería, a ‘El Yiyo’ todavía le quedaba un último aliento que aprovechó para decirle a su peón de confianza: “Pali, este toro me ha matado”. La muerte de Cubero fue un suceso que conmocionó al mundo del toreo, que se encontraba recuperándose de la muerte de Paquirri, acontecida en Pozoblanco once meses antes, y en la que ‘El Yiyo’ había estado presente. Ese día, el joven terminó la faena que el maestro Francisco Rivera no pudo acabar.

Francés de nacimiento, pero considerado madrileño desde siempre, José Cubero se crió desde pequeño en el barrio de Canillejas. Fue uno de los mejores alumnos de la Escuela Nacional de Tauromaquia de Madrid, debutando en 1980 y tomando la alternativa un año después, con 17 años.

El apodado como ‘Príncipe de la eterna sonrisa’ compartía cartel con los diestros Antonio Chenel ‘Antoñete’ y José Luis Palomar aquel 30 de agosto, compañeros que lloraron su muerte derramando lágrimas en la misma arena de la plaza. En la ambulancia que trasladó los restos del torero a su domicilio en Madrid se encontraban Juan, su padre, y Juan, su hermano y banderillero. También estaba con ellos Tomás Redondo, apoderado del joven cuya pérdida jamás superó y que acabó quitándose la vida en 1989, con la pena de haber perdido, además de a un amigo, a una promesa del toreo español.

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