La casa de Antonio y Carmen colinda pared con pared con el piso en el que se produjo el pasado 6 de mayo la explosión en el edificio de la calle General Pardiñas. Tal y como cuenta su hija Ágata, este matrimonio, de 80 y 77 años, “está vivo de milagro”. A Antonio la explosión le pilló sentado en la terraza, recién salido de la ducha y en batín, viviendo el suceso en primera persona desde el interior de su domicilio y teniendo que ser evacuado por los bomberos con una grúa. Paralelamente, segundos antes del suceso, Carmen entraba en el portal con las bolsas de la compra del supermercado. La onda expansiva de la explosión la expulsó al exterior del edificio, quedando cubierta de escombros hasta el cuello. “Si llega a entrar dos minutos antes y se monta en el ascensor, se cae de plomo”, asegura Ágata.

"Hemos conseguido cuatro fotos rotas"
Desde ese día, ni ellos, ni el resto de los vecinos que residen en el edificio han podido regresar a sus casas. La ayuda de sus familiares y la colaboración de sus seres queridos se ha convertido en algo imprescindible en estos momentos. Sin embargo, para los que no han podido en este mes ser realojados en casa de algún allegado, como es el caso de este matrimonio, el Ayuntamiento tan solo ha propuesto lo que consideran soluciones “insuficientes”. En el caso de Antonio y Carmen, Samur Social les ofreció una habitación de hotel durante un plazo de 18 días. Un periodo de tiempo que venció el pasado 24 de mayo y a partir del que tuvieron que empezar a costear ellos mismos los gastos del alojamiento. “A partir de aquí me empiezan a hablar de un recurso que tiene Servicios Sociales de unas casas compartidas para personas mayores y sin hogar. Yo les dije que como le dijeran eso a mis padres con la que tienen encima les terminaban de matar. Mis padres lo que necesitan es ubicación y serenidad”, cuenta Ágata. Por ello, los vecinos afectados reclaman al Ayuntamiento un mayor grado de empatía con lo que consideran una “situación excepcional”. Tal y como aseguran, cada día deben hacer frente a la pérdida de gran parte de sus recuerdos y, en definitiva, de parte su vida. “Hemos conseguido cuatro fotos rotas y cuatro tenedores. La cocina no está, se ha caído al tercero y no hemos recuperado nada. Mi madre tiene la esperanza de poder recoger lo más íntimo que tiene”, añade.
Ante el desconocimiento sobre el periodo de tiempo que se demorará el regreso a sus casas, los afectados por la explosión exigen a las instituciones un realojo digno. “Lo que solicitamos es un alojamiento en el barrio. Hay bastante personas mayores y personas jóvenes que trabajan aquí. Estamos todos igual en la calle y lo que piden es poder rehacer sus vidas en el mismo sitio donde estaban, para que se reubiquen y puedan reconstruirse como personas”.
Ausencia y negación por parte del Ayuntamiento
Guillermo es otra de las personas que se encontraba el pasado 6 de mayo en el interior del edificio de la calle General Pardiñas, en el momento exacto de la explosión. Los miembros del cuerpo de Bomberos de Madrid, que acudieron a la zona de inmediato, lograron evacuarle a rastras entre los escombros con tan solo algún rasguño y una leve intoxicación por polvo. Una suerte que no corrieron los dos jóvenes fontaneros que fallecieron en el accidente, ni tampoco uno de los vecinos de las viviendas, que continúa ingresado en la UCI en estado grave. Tal y como asegura el propio Guillermo, la atención por parte del equipo de Bomberos, los agentes de la Policía y miembros del Samur fue en todo momento “eficaz y muy buena”, hasta el punto que días después pudieron reencontrarse con aquellos héroes que “salvaron sus vidas de milagro”, cuenta.
Una atención y colaboración que, sin embargo, los vecinos confiesan no haber encontrado en las instituciones, sobre las que denuncian un abandono total hacia los afectados. “El alcalde y la vicealcaldesa se comprometieron de forma directa verbalmente a ponerse de nuestro lado. Esa era la sensación que transmitieron en ese momento. A los dos días empezó el silencio. Se ocupaban del edificio, de apuntalar, de cercarlo y empezó un ninguneo olímpico, a tratarnos como si no tuviéramos nada que ver con lo que ha pasado”, critica Guillermo Bekes, portavoz de la Asociación de Víctimas y Afectados de General Pardiñas.
"El Ayuntamiento tiene que resolver este tema"
Él no reside de forma habitual en el edificio, pero sí cuenta en él con un estudio de pintura donde desarrolla su actividad profesional. Bajo los escombros están ahora sus cuadros y su trabajo de más de 12 años. A pesar de haber mantenido varias reuniones en la Junta de Distrito con la presencia de representantes del Ayuntamiento de Madrid, los residentes del edificio de la calle General Pardiñas critican que desde el Consistorio no logren empatizar con la situación de las víctimas. “Todo el mundo se está buscando la vida como puede, pero entendemos que el Ayuntamiento tiene que resolver ese tema. Los seguros no ponen un duro prácticamente hasta que no se declare la culpabilidad. Cada día que pasa nos sentimos peor por este mal trato. Es una sensación de desprotección”, explica. Un sentimiento que se suma, además, a las constantes negativas del Ayuntamiento a la petición de ayuda desesperada por parte de los vecinos. Tras constituir de forma oficial la Asociación de Víctimas y Afectados de General Pardiñas, los residentes solicitaron ayuda logística para transportar los enseres a otras localizaciones, un espacio donde poder almacenar sus pertenencias y un local donde celebrar las reuniones de los afectados. Tres peticiones que, a pesar de haber sido formalmente enviadas desde la recién construida plataforma, no han obtenido respuesta, por el momento. “Todo lo que solicitamos como ayuda, entendemos que el Ayuntamiento se tiene que poner de nuestro lado, no en contra nuestra. Somos víctimas de esto. Toda la sensación que tenemos es de negación, de que fuéramos culpables de lo que pasó, como si molestáramos. No entendemos como nos están tratando de este modo”, añade Guillermo.

Los vecinos temen también que los prejuicios del barrio de Salamanca entren el juego. Tal y como confirman, la mayoría de los afectados son personas mayores que han vivido allí muchos años y que no se asemejan en nada con el popular lujo que se asocia a la zona. “La gente que vive ahí, la mayoría son jubilados que vive toda la vida ahí. Hay una señora de 94 años que ha perdido todo, nació ahí. Era la casa de sus padres. Son personas de toda la vida, sencillas, de recursos limitados y ese es el barrio de salamanca real”, explican. Por ello, esperan que se actúe de la misma forma que si fuera otro barrio y que no se generalice el pensamiento de que los vecinos no tienen una necesidad real de solucionar el problema de la forma más inmediata posible.
La comunidad de propietarios deberá asumir el coste del derribo
Dado que será la propia comunidad de vecinos la encargada de pagar los costes derivados del derribo y las labores de desescombro, los residentes solicitan a las instituciones un aumento de la información que se les proporciona. “Lo pagamos todo nosotros. El Ayuntamiento lo único que hace es hacer lo que considera conveniente y pasar la factura a la comunidad de propietarios”, explica Luz, vicepresidenta de la comunidad.
A pesar de que, a día de hoy, no se ha trasladado a los vecinos ningún informe oficial, desde el Consistorio continúan insistiendo a los residentes en que se trata de una ruina parcial y que el edificio es “completamente rehabilitable”. Mientras tanto, las labores de desescombro continúan aunque, tal y como apuntan los vecinos, a un ritmo muy lento. “Llevamos casi semana y media que ahí hay una actividad pequeñísima. Desde el jueves hasta el martes no hubo ningún tipo de actividad. La grúa la movían de un lado a otro, pero no sé si para hacer prácticas en ese rato”, añade. Desde la comunidad de propietarios esperan que se agilicen los trabajos y poder regresar a sus hogares y recuperar la normalidad.