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Concierto homenaje a Antonio Vega
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Concierto homenaje a Antonio Vega (Foto: Juan Pajares)

El sitio de nuestro recreo

sábado 15 de mayo de 2021, 15:19h

El ocio nocturno regresa poco a poco a los garitos de Madrid y, con él, los tan añorados conciertos. El homenaje a los doce años sin Antonio es, sin duda, uno de los mejores reencuentros con la música y la noche que se pueden tener. Y estos doce, como el mejor de los güisquis, merecían una celebración especial. El miércoles y jueves pasados, su banda, capitaneada por Basilio Martí, hicieron doblete de días y pases para completar la sala de un Café Berlín con aforo muy limitado por razones obvias y dar cuatro sesiones de terapia a unos 200 aficionados con evidentes síntomas de síndrome de abstinencia musical.

Asistimos al segundo pase (21:00 horas) del concierto del miércoles (de nuevo, el 12, justo el día en el que nos dejó), tan íntimo y emocional como los otros tres, supimos más tarde por Basilio. Allí, además de él al teclado, Ricardo Martín -magnífico front man, que no paró de animarnos y recordarnos que por allí andaba el protagonista del homenaje vigilándonos y haciendo su propio playback-, con sus guitarras y su voz; el célebre y encantador bajista Paco Bastante, y Anye Bao, el baterista que ha estado detrás de los mejores grupos patrios -y que, como siempre lo da todo con las baquetas, es un placer no solo escucharle, sino verle-, nos ofrecieron lo mejor del repertorio de Antonio. Estos músicos le han acompañado durante una gran parte de su vida y algunos, casi toda.

Arrancaron con Ángel caído, para seguir con Háblame a los ojos y Tesoros, antes de llegar a El sitio de mi recreo, con Ricardo sentado en los escalones del escenario dedicado a únicamente acariciar su guitarra acústica y toda la sala cantando el tema de principio a fin. Sonó después un no menos vibrante Se dejaba llevar seguido de A medio camino, Estaciones, Esperando a nada y Mi hogar está en cualquier sitio, para después darnos de beber un potente Elixir de juventud. La última montaña, Atrás y Lo mejor de nuestra vida,precedieron a otra de las obras maestras del poeta del pop y otro “momentazo” de la noche: Lucha de gigantes, ese tributo a la astrofísica, de la que el autor era un fan absoluto y cuyo significado se ha malinterpretado tantas veces. Dejaron para la última parte del concierto Océano de sol, San Antonio y Una décima de segundo -que empezó con un largo mano a mano entre el guitarrista y el teclista, y también erizó el vello de más de uno de los asistentes-, y, para rematar, el himno de la movida madrileña (¿y de toda España?); esa novia que muchos, muchos de varias generaciones hemos tenido (¿deseado?) alguna vez; esa canción elegida por Rolling Stone como la segunda mejor del pop-rock español (la primera es Mediterráneo, que no es del mismo palo exactamente)… Pues esa. Qué ganas nos entraron a Santi y a mí de ir a tomar una copa con Sonsoles al Penta. Y con esa llegó y se acabó la fiesta en el Café Berlín, convertido durante dos noches en el lugar de recuerdo a Antonio Vega, en el sitio de nuestro recreo.

Charla con Basilio Martí

Basilio es una de las personas que más ha hecho por mantener el recuerdo de Antonio y, desde luego, en el plano musical, al que más se lo debemos. Cuando “ese chico triste y solitario” nos dejó, su inseparable amigo (y su pianista, teclista, arreglista y director musical) durante veinte años, ha seguido convocando a varios de los músicos de su banda en fechas especiales para prolongar su legado y dar una alegría a su parroquia de admiradores.

“Antonio es un mito”, nos decía. “Las nuevas generaciones, que la mayoría no vieron nunca en directo, flipan con su música”. Él, que ha tenido al genio del pop viviendo en su casa en los momentos más delicados de este, asegura que “he pasado más tiempo con Antonio que con nadie en mi vida. Cuando no estábamos viajando, estábamos componiendo o tocando en casa. Me lo he pasado muy bien con él y, muy especialmente, en las grabaciones (en Londres o Mallorca, sobre todo). Verle escribir, unas veces como un alquimista, con toda complejidad, y otras sacar una canción en un rato, era alucinante, mágico. A nosotros nos dejaba mucha libertad”.

El alter ego de Antonio, que ha trabajado también con otros músicos y grupos como Sonora, Adriana Moragues, Mercedes Ferrer, Hombres G y Marta Sánchez, entre otros, tiene un trío desde hace años con el que sacó su tercer disco en plena primera ola de la pandemia (abril, 2020), Transylvanian Suitey y, como todo, como todos, tuvo que parar. “Desde agosto del año pasado hemos vuelto, progresivamente. Hemos hecho alguna actuación en restaurantes abiertos en Madrid y centros culturales, que nos han dado un respiro”. Aunque reconoce que “claro que te notas lento con las manos y la cabeza después de meses sin actuar y si encima nos tocan dos conciertos seguidos, como hoy, pues se acusa aún más”.
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