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Escena de 'El Sobre Verde'
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Escena de 'El Sobre Verde' (Foto: Antonio Castro)

'El sobre verde', síntesis de la Revista

domingo 20 de febrero de 2022, 18:14h
Actualizado: 23/02/2022 12:36h

El teatro de La Zarzuela incorpora el género de la Revista a su Proyecto Zarza que busca acercar la lírica española al público joven. El sobre verde es su nueva producción, dirigida por Nuria Castejón.

El sobre verde se estrenó el año 1927, primero en Barcelona y después en el Apolo madrileño. Para ese estreno no se escatimaron recursos. Hasta se contrató a la estrella del género frívolo Reyes Castizo ‘La Yanquee’ para bailar el charlestón. Lo hizo al estilo de Josephine Baker y obtuvo un éxito apoteósico, como la revista de Jacinto Guerrero, Enrique Paradas y Joaquín Jiménez.

La Revista y el género chico, que aparecieron en nuestra escena en el segundo tercio del siglo XIX, están separados por una delgadísima línea. El Género Chico suele tener una historia argumental salpicada con números musicales mientras que la Revista era un espectáculo más abierto, presto a incorporar números nuevos al hilo de la actualidad del momento. El sobre verde es un ejemplo de esto último. Fue tal el éxito obtenido desde el primer momento que Guerrero y Paradas llegaron a introducir una docena de números extra para reemplazar algunos de los originales o para ampliarlos. Tal vez por esa extensión no haya sido uno de los títulos más repuestos en la últimas décadas. Si fue llevada al cine en 1971 por Rafael Gil con Esperanza Roy y Tony Leblanc al frente del reparto. Televisión Española también la grabó en 1985 para su serie La comedia musical española.

Para esta producción del siglo XXI -nunca se había representado en La Zarzuela- se ha prescindido de gran parte del libro. Álvaro Tato ha hecho la revisión del libreto. Lo que se ofrece es, básicamente, una síntesis de los números musicales más populares. El sobre verde del título contiene un billete de lotería que encuentra Nicanor, un joven poco aficionado al trabajo y que vive entre los indigentes de Madrid. A Nicanor se le aparece la diosa Fortuna y le ofrece el premio gordo para ese billete. Cuando Nicanor cobra el dinero promete construir un albergue para los desfavorecidos, pero la fortuna se le agota en una derrochadora vuelta al mundo junto a su amigo Simeón.

La facilidad y talento de Guerrero para las melodías populares, creó una serie de números que fueron inmediatamente coreados por todos los rincones y que, posteriormente, se incorporaron a cuantas antologías de revista se montaban. Hay alguno descacharrante, como el Gordo de Navidad, y muchos que llevan a la escena los ritmos de los alegres años veinte: charleston, tango, samba, danzón… Quizá el que más se ha interpretado después sea el chotis de la garçon, del que la Roy ha hecho interpretaciones inolvidables.

El resultado actual es un gran musical para el que, como en 1927, no se han escatimado recursos. Pensando que va dirigido preferentemente a un público joven no habituado al género, se han seleccionados los números más brillantes, servidos con un maravilloso vestuario y por una compañía entusiasta e impecable. Resulta gratificante ver a este numeroso elenco cantar, bailar y actuar con total maestría. Nuria Castejón ha hecho un espectáculo trepidante, con un ritmo endiablado que no da respiro ni al público ni a los intérpretes. Lo termina al estilo Bob Fosse y consigue la apoteosis del público.

Para este género no hace falta una gran orquesta. Ocho músicos, casi a la altura del escenario, ponen la banda sonora a las órdenes de Cecilia Bercovich.

Nuria Castejón, dirigiendo y coreografiando este montaje llega a la cumbre de su carrera, cimentada, primero junto a sus padres, y después como bailarina y coreógrafa. Nuria ya apareció en este escenario de La Zarzuela en 1969 con Maravillas. Era entonces una niña y su padres, Rafael y Pepa, unas estrellas del género. Los tres hermanos, Jesús, Nuria y Rafael bebieron desde niños en los secretos del musical patrio. Ha pasado medio siglo y Nuria aparece como responsable final de un espectáculo.

Dos lamentaciones. El espectáculo se nos queda corto. Querríamos seguir disfrutando de estos números más tiempo. Y, después, hay que lamentar el escaso número de representaciones. Este sobre verde tendría una larga vida sobre el escenario.

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