Su apertura estaba prevista para finales de 2018, pero los madrileños no podrán visitar todavía el túnel de Bonaparte. A los pies del Palacio Real, es un pasadizo que conecta el Campo del Moro con la Casa de Campo que el Ayuntamiento de Madrid y Patrimonio Nacional prometieron abrir enmarcado en el plan para poner en valor el complejo. No obstante, la adecuación del mismo todavía no ha comenzado porque no se han firmado los convenios pertinentes.
Patrimonio anunció en 2017 un plan que buscaba poner en valor el entorno del
Palacio Real que culminará, si nada lo impide, el año que viene con la
inauguración del Museo de las Colecciones Reales. La idea de convertir el complejo en el
nuevo 'Vaticano español' es revolucionaria pero no rápida. Y muestra de ello es el
pasadizo de Bonaparte.
En la presentación del gran proyecto, se puso fecha -
finales de 2018- a la reapertura de un corredor de 55 metros que conecta el Campo del Moro con la residencia habitual del rey francés en plena Casa de Campo, la Casa de los Vargas. Con todo, el tiempo no se cumplirá, pues aunque Patrimonio fue prudente y admitió entonces que podría demorarse, a día de hoy
no se han formalizado los trámites para su adecuación.
Tal y como explican fuentes de
Patrimonio a
Madridiario, el espacio cuenta con titularidad compartida entre ellos y el Ayuntamiento y, pese a que las conversaciones se iniciaron hace un año, todavía no han articulado el convenio para proceder a las obras, aunque siguen manteniendo que la apertura del túnel se realizará
antes que la del Museo.
Con todo, fían esto último a que las obras para hacer el corredor visitable
son "sencillas", algo en lo que coincide el responsable del estudio de arquitectura Porras La Casta, encargado del proyecto. "El pasadizo ya está hecho. Lo que hay que hacer es incorporar las medidas de seguridad y acondicionarlo", cuenta en conversación con este diario Fernando Porras-Isla, que recuerda que el Consistorio
ya reconstruyó el pasillo en 2011. Ese año, además, también se habilitó un espacio expositivo en un espacio del túnel con una sala de exposiciones a modo de
centro de interpretación que sigue cerrado.
Además, junto a ese acceso también luce una lápida que conmemora el bicentenario de la construcción, que
abrió al público por primera vez en 1931 y cerró con las obras de construcción de la M-30.