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Palacio de Altamira de Ventura Rodríguez.
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Palacio de Altamira de Ventura Rodríguez. (Foto: Luis García bajo licencia Creative Commons 3.0)

Altamira, el palacio que osó hacer sombra al Real (y perdió)

viernes 13 de julio de 2018, 07:56h
Un 13 de julio de hace 246 años se presentaba el proyecto del madrileño Palacio de Altamira, ideado por el arquitecto Ventura Rodríguez junto a la Gran Vía y llamado a ser el palacete más vistoso de la Villa. Tanto fue así, que se cuenta que su desarrollo estuvo lleno de trabas y no se llegó a completar por mediación de la Corte de Carlos IV, que no quería ver cómo ningún otro edifico hacía sombra al Palacio Real.

Fue un querer y no poder. El proyecto del Palacio de Altamira nació un 13 de julio de 1772 para convertirse en uno de los edificios más hermosos del Mdarid de finales del siglo XVIII. El quién y el dónde así lo auguraban: el arquitecto más demandado por la clase alta madrileña de la época, Ventura Rodríguez (responsable, entre otras cosas, del Palacio del Infante don Luis, el Palacio de Liria o la fuente de Neptuno), fue el encargado de firmar los planos; y la Gran Vía, el eje en torno al cual se agrupaban las residencias aristocráticas de aquella época (hasta que en el siglo posterior fuera sustituido por la Castellana) el lugar elegido por los Condes de Altamira para su residencia. Sin embargo, el proyecto solo llegó a materializarse en parte. Motivos económicos sustentan la versión oficial. La extraoficial, pero más extendida, dice que la Corte puso toda clase de trabas a los Altamira porque a Carlos IV no le gustó la idea de un palacete en la Villa que hiciera sombra al Palacio Real.

Las obras no arrancaron hasta 1788. Pero ese mismo año, durante los festejos de la coronación de Carlos IV, se le presentó al monarca un lienzo con el que sería el resultado final del palacio que había empezado a erigirse en el número 8 de la Calle de la Flor Alta, a espaldas de la Gran Vía: de espectaculares dimensiones -ocupaba toda la manzana entre las calles San Bernardo, Flor Alta, Libreros y Marqués de Leganés-, con una elegante fachada, una escalera interior imponente, dos patios -uno de ellos ajardinado con parterres de estilo francés- y una capilla de planta oval que, según los relatos de la época, se parecía a la que el propio Ventura Rodríguez había realizado para el Palacio Real.

Ante tal magnificencia, Carlos IV ordenó que el palacio no creciera según lo previsto, quedando el proyecto finalmente reducido a una residencia palaciega, similar a otras de la zona, un palacio clásico, con patio interior y sin jardín, aunque sí conservó de la idea original la fachada, que destaca por encima de otras construcciones de la época.

Cien años más tarde, en 1887, el arquitecto Mariano Belmás dirigió unas obras que se acometieron para homogeneizar estéticamente el edificio, sobre todo una parte importante de la fachada que había quedado inacabada.

Ya en el siglo XX su interior fue compartimentado para convertirlo en oficinas y en 1977 fue declarado Monumento Histórico-Artístico Nacional. Sin embargo, cerró a mitad de los noventa y empezó a sufrir un grave deterioro. Una década después, tras una compleja rehabilitación dirigida por Gabriel Allende Gil de Biedma, se reabrió y desde 2005 alberga la sede del Istituto Europeo di Design.

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