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'La pechuga de la sardina': recuerdo de Lauro

jueves 26 de febrero de 2015, 10:13h
Actualizado: 26/02/2015 10:38h
'La pechuga de la sardina' se estrenó en junio de 1963, en el desaparecido teatro Goya, con dirección de José Osuna. La crítica no fue buena y, en algunos medios (ABC), feroz. Nunca hasta ahora se ha vuelto a representar. Manuel Canseco la recupera en el teatro Valle Inclán como homenaje a uno de los autores españoles más arriesgados del franquismo: Lauro Olmo.
  • 'La pechuga de la sardina'
    Antonio Castro

  • 'La pechuga de la sardina'
    Antonio Castro

  • 'La pechuga de la sardina'
    Antonio Castro

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    Antonio Castro

Canseco reconstruye un teatro naturalista en todos los aspectos. Como un diablo, Cojuelo levanta los tejados de la pensión de Juana para que veamos lo que sucede en sus habitaciones. No es extraño que hace medio siglo disgustara al oficialismo. Olmo (que un año antes había obtenido el Premio Nacional de Teatro por 'La camisa') ataca donde más debía dolerles: en el ultracatolicismo, en el machismo, en la hipocresía... La pensión es un microcosmos de la sociedad española, no tan alejada de lo que se puede producir hoy. Juana, la patrona, es una avanzada del amor libre en oposición con doña Elena, la beata cruel e intransigente. Juana es una mujer maltratada que siempre acaba perdonando. Pero en la casa viven otras mujeres más jóvenes que se van marchitando sin esperanzas. No hay solución posible. No la había cuando se estrenó la obra.

Este montaje huye, afortunadamente, de cualquier actualización. El director hace teatro del siglo pasado sin ningún disimulo. Nos muestra, como en un museo, una pieza artística hermosa y bellamente realizada. Es una alegría ver juntas a dos grandes actrices como Amparo Pamplona y María Garralón. Actualmente los directores y productores han condenado al olvido (y al paro) a decenas de extraordinarios intérpretes solo por ser mayores de sesenta años. Estas dos actrices muestran la calidad de su generación. Ni el público, ni el teatro español, pueden despreciar este valor. María tiene una perfecta colocación de las frases y es capaz de transitar del humor a la emoción intensa en pocos minutos. Amparo Pamplona es una de las grandes voces teatrales de España. Su beata es soberbia. Al lado tienen a compañeras de otra generación, destacando la hilarante Nuria Herrero (una criada impecable de sainete) y Natalia Sánchez, notablemente mejor que en otros trabajos anteriores. Los hombres de la función son más grises, tienen menos papel, aunque no menos presencia dramática. Se entiende que ellos son los que dominan esa sociedad que relega a las mujeres al encierro y la sumisión.

'La pechuga de la sardina' es un texto de castellano limpio, preciso. Un castellano que, raramente, escuchamos ya en un teatro. Es cierto que no hay una acción desencadenante, que parece tener unas situaciones planas. Pero hoy entendemos muy bien lo que les pasa a estas mujeres.

Lauro Olmo (y no nos olvidemos de Pilar Enciso, su esposa) escribió durante cuarenta años pero tuvo pocos éxitos de taquilla: 'La camisa', 'La condecoración', 'English spoken', 'La jerga nacional'... Quizá la desaparición de la censura le pilló con el paso cambiado. Y, también, su teatro tenía un fuerte competidor en el de Buero Vallejo. Por eso resulta oportuno este pequeño homenaje que le rinden Canseco y el Centro Dramático Nacional.

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