Canseco reconstruye un teatro naturalista en todos los aspectos. Como un
diablo, Cojuelo levanta los tejados de la pensión de Juana para que veamos lo
que sucede en sus habitaciones. No es extraño que hace medio siglo disgustara
al oficialismo. Olmo (que un año antes había obtenido el Premio Nacional de
Teatro por 'La camisa') ataca donde más debía dolerles: en el ultracatolicismo,
en el machismo, en la hipocresía... La pensión es un microcosmos de la sociedad
española, no tan alejada de lo que se puede producir hoy. Juana, la patrona, es
una avanzada del amor libre en oposición con doña Elena, la beata cruel e
intransigente. Juana es una mujer maltratada que siempre acaba perdonando. Pero
en la casa viven otras mujeres más jóvenes que se van marchitando sin
esperanzas. No hay solución posible. No la había cuando se estrenó la obra.
Este montaje huye, afortunadamente, de cualquier actualización. El director
hace teatro del siglo pasado sin ningún disimulo. Nos muestra, como en un
museo, una pieza artística hermosa y bellamente realizada. Es una alegría ver
juntas a dos grandes actrices como Amparo Pamplona y María Garralón.
Actualmente los directores y productores han condenado al olvido (y al paro) a
decenas de extraordinarios intérpretes solo por ser mayores de sesenta años.
Estas dos actrices muestran la calidad de su generación. Ni el público, ni el
teatro español, pueden despreciar este valor. María tiene una perfecta
colocación de las frases y es capaz de transitar del humor a la emoción intensa
en pocos minutos. Amparo Pamplona es una de las grandes voces teatrales de
España. Su beata es soberbia. Al lado tienen a compañeras de otra generación,
destacando la hilarante Nuria Herrero (una criada impecable de sainete) y
Natalia Sánchez, notablemente mejor que en otros trabajos anteriores. Los
hombres de la función son más grises, tienen menos papel, aunque no menos
presencia dramática. Se entiende que ellos son los que dominan esa sociedad que
relega a las mujeres al encierro y la sumisión.
'La pechuga de la sardina' es un texto de castellano limpio, preciso. Un
castellano que, raramente, escuchamos ya en un teatro. Es cierto que no hay una
acción desencadenante, que parece tener unas situaciones planas. Pero hoy
entendemos muy bien lo que les pasa a estas mujeres.
Lauro Olmo (y no nos olvidemos de Pilar Enciso, su esposa) escribió durante
cuarenta años pero tuvo pocos éxitos de taquilla: 'La camisa', 'La
condecoración', 'English spoken', 'La jerga nacional'... Quizá la desaparición de
la censura le pilló con el paso cambiado. Y, también, su teatro tenía un fuerte
competidor en el de Buero Vallejo. Por eso resulta oportuno este pequeño
homenaje que le rinden Canseco y el Centro Dramático Nacional.
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