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CRÍTICA TEATRAL

'Las brujas de Salem' en el teatro Valle-Inclán
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'Las brujas de Salem' en el teatro Valle-Inclán (Foto: David Ruano)

‘Las brujas de Salem’: Hoy como ayer

lunes 23 de enero de 2017, 09:36h

Han pasado más de sesenta años desde que Arthur Miller estrenó ‘Las brujas de Salem’ (The crucible) Y esa metáfora del fanatismo, de la intolerancia, del abuso del poder para aplastar al indefenso, sigue siendo tan válida y oportuna como entonces. En todas las sociedades actuales hay una sección de brujas alienadas tras la cual se alienan los que buscan sacar beneficio de la histeria colectiva. El resultado siempre acaba en desolación y fracaso colectivo.

‘Las brujas de Salem’ se representa en el teatro Valle Inclán con un espectáculo potente, tenso y descarnado. Creo que no son necesarios los añadidos que explican al espectador los paralelismos entre los hechos narrados, y situados en el siglo XVII, y la situación actual. Pero tampoco lastran el espectáculo. Porque Andrés Lima, el director, no renuncia al gran teatro sin rebajar la importancia del texto. Cuando un drama está extraordinariamente construido, como éste, el mensaje y el medio admiten la riqueza formal. Este montaje, que se estrenó en el Grec barcelonés, cuenta con un gran elenco, al que Lima saca extraordinario partido. Hay cuatro grandes personajes que están perfectamente interpretados. Lluis Homar, como el reverendo John Hale, le imprime una dosis de maldad y de soberbia que, inmediatamente, predispone al público en su contra. Lo mismo la Abigail de Nausicaa Bonnin, la adolescente que desata la caza de brujas con su frustración sexual, con su odio y su capacidad de seducir a sus amigas para que la secunden en la superchería. Borja Espinosa y Nora Navas son el matrimonio Proctor, los personajes puros del drama y sus principales víctimas, junto con el pueblo de Salem. Quiero destacar el segundo acto cuando este matrimonio mantiene un despiadado cara a cara. Frases como cuchillos, situación dramática de la pareja que nos da las claves para el desencadenante de la escena final. Los dos actores están francamente brillantes.

El ritmo de la obra no se pierde en ningún momento, lo que ayuda a que en las dos horas y media que dura la representación, el público quede como hipnotizado. Cuesta creer que esas falsas brujas puedan causar tanto mal. Pero debe entenderse que de sus fantasías se aprovechan las fuerzas vivas: la religión y el terrateniente que quiere hacerse con las tierras de todos los condenados a muerte. Solo la decisión final de John Proctor, al pie del patíbulo, redime al ser humano honesto y consecuente con sus ideas.

‘Las brujas de Salem’ estará en cartel hasta el 5 de marzo. Es una de las mejores apuestas en esta segunda parte de la temporada teatral madrileña.

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