Madridiario vuelve a colarse en los camerinos de teatros madrileños para
sorprender a los artistas en los minutos previos a la representación.
Hoy les mostramos algunos secretos del musical "Aladin" que se
representa los fines de semana en el Nuevo Apolo. Un espectáculo pensado
para los niños pero en el que acaban disfrutando, tanto o más, los
padres.
Son ocho actores-cantantes los que dan vida a todos los personajes. En escena parecen muchos más por los cambios constantes de vestuario y pelucas, que obligan a tener los bastidores -las cajas escénicas- llenas de perchas y atrezo. Como comparten escenario con "El nombre de la rosa", deben montar y desmontar su escenografía para cada representación. Luego, apiñarse despreocupadamente en uno de los grandes camerinos a pie de escena. Allí se colocan las pelucas, los bigotes y barbas postizos.
Cada uno de los artistas lleva su micrófono inalámbrico que coloca el técnico de sonido antes de emprender la caracterización en el personaje. Naím Thomas es el protagonista, aunque cuando Aladín no está en escena también hace figuración. Naím viene de unos inicios en Operación Triunfa y de protagonizar algún musical como "El rey de bodas" o "Escuela de calor". Ahora está alternando esta producción con la gira de "Esta noche no estoy para nadie", la comedia de Juan Carlos Rubio. A pesar de ser el protagonista, es uno más en el movimiento escénico y actoral.
Una vez incorporados los micrófonos deben hacer la primera salida a escena para unos necesarios ensayos de sonido, ecualización y repaso. Toda la compañía se presta con buen humor a esta rutina que le sirve también para relajar la tensión antes de la representación.
Finalmente, cuando ya se oye el bullicio de los chavales en el patio de butacas, Erika Bleda, la princesa Jasmín, deja su taza de infusión caliente y comienza a vestir los ricos saris. El sultán se coloca las barbas blancas y la botarga (tripa postiza) que le hacen parecer un anciano. Sus compañeros le jalean diciéndole que es el único que, al terminar, rejuvenece cuarenta años.
La representación comienza y durante hora y media los pequeños espectadores se trasladan al gran bazar, ven la lámpara maravillosa con su genio correspondiente y lanzan exclamaciones de admiración cuando la alfombra mágica se eleva en su vuelo.
Al finalizar, vuelta a desmontar y recoger porque esperan turno los diabólicos monjes de "El nombre de la rosa".