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El Real Monasterio de El Escorial: la primera piedra de un edificio alegre

Por Enrique Villalba
jueves 26 de diciembre de 2013, 07:30h
En 2013 se ha cumplido el 450º aniversario de la colocación de la primera piedra del Real Monasterio de El Escorial en lo que son los cimientos del refectorio. Madridiario ha hecho un recorrido por las estancias de época de los Austrias de este monumento que, ni se hizo en honor de la batalla de San Quintín, ni es un sitio triste, ni se construyó en una eternidad de tiempo, tal y como reza el dicho.
  • Retablo central de la Basílica del Monasterio del Escorial

    Retablo central de la Basílica del Monasterio del Escorial
    Kike Rincón

  • Vista general de la fachada principal del monasterio del Escorial

    Vista general de la fachada principal del monasterio del Escorial
    Kike Rincón

  • Recreacón de la primera piedra de la construcción del monasterio del Escorial

    Recreacón de la primera piedra de la construcción del monasterio del Escorial
    Kike Rincón

  • ''El carro del heno', de El Bosco, en las salas capitulares del Monasterio de El Escorial
    Kike Rincón

  • Sala de los mapas en el monasterio del escorial

    Sala de los mapas en el monasterio del escorial
    Kike Rincón

  • Monasterio del Escorial. Sala de las batallas

    Monasterio del Escorial. Sala de las batallas
    Kike Rincón

  • Pasillo pintado con frescos del claustro del monasterio del Escorial

    Pasillo pintado con frescos del claustro del monasterio del Escorial
    Kike Rincón

  • Panteón de los Reyes y cripta del Monasterio de El Escorial

    Panteón de los Reyes y cripta del Monasterio de El Escorial
    Patrimonio Nacional

  • Biblioteca del Monasterio de El Escorial

    Biblioteca del Monasterio de El Escorial
    Patrimonio Nacional

El monasterio es uno de los monumentos más visitados de España. En 2012 recibió a 456.259 visitantes y en 2013 lleva camino de igualar esta cifra, con 405.853 hasta noviembre. Es el monumento de Patrimonio Nacional que ofrece más espacios abiertos al público. El recorrido para los visitantes alterna espacios clave como el mausoleo, la basílica o la biblioteca con auténticas joyas escondidas repletas de historia, como la iglesia antigua o el museo arquitectónico.

Cada aniversario de la construcción de algunos de sus espacios revaloriza su valor como exponente artístico, religioso, cultural y científico. Fue construido en este lugar privilegiado de la sierra de Guadarrama en el que Felipe II y una comisión interdisciplinar con el fin de responder al testamento de Carlos I (y no a la victoria de la batalla de San Quintín frente a los franceses), que manifestó su deseo de ser enterrado en un nuevo espacio propio, distinto al de sus padres y abuelos. Los arquitectos Juan Bautista de Toledo, Juan de Herrera, Juan de Minjares, Giovanni Battista Castello y Francisco de Mora hicieron realidad el complejo, cuyas obras principales se realizaron entre 1563 y la década de 1590, un tiempo récord para una construcción de esas dimensiones que desmiente el dicho de que el monasterio tardó mucho en construirse.

El Escorial y sus alrededores acogieron la actividad de la corte filipina mientras Madrid quedó relegada a capital administrativa del reino. "Era un complejo que combinaba lo político con lo religioso, lo artístico, lo educativo, lo científico y lo sanitario, añadiendo además su condición de mausoleo real. Todo ello basado en la idea de linaje y dinastía como fundamentación del poder", explica Leticia Sánchez, conservadora de Patrimonio Nacional.

Hasta que Herrera no cerró la fachada con la biblioteca, no se puede hablar de una planta en forma de parrilla (que recuerda el martirio de San Lorenzo), motivo recurrente en todo el inmueble, sino más bien una similar al templo de Jerusalén. "Este edificio es el máximo exponente del Concilio de Trento. Es el nuevo templo de Salomón, el nuevo arca de Noé, la nueva ciudad de Dios y otros tantos apelativos similares de la época", prosigue la conservadora. Un espacio cuyo centro es el altar mayor de la iglesia, alineado hacia oriente para mirar hacia la ciudad santa.

Las sobrias fachadas de granito, al estilo de los alcázares castellanos, coronadas por torres dan un empaque al edificio que no permite desvelar 'a priori' los tesoros de su interior. El eje central del inmueble es la basílica, de estilo italiano y abierta al público. Es el núcleo desde el que el edificio se va irradiando. Un cubo (pues no posee planta basilical sino cuadrada) del que crecen otros cubos. Su entrada está precedida por el patio de los reyes, en el que el acceso al templo está coronado por las estatuas de David y Salomón (el rey guerrero y el rey sabio que representan a Carlos I y Felipe II), junto con otros reyes de Judá. Al acceder al interior, tras pasar bajo una bóveda plana bajo el soto coro, ese cuadrado se sustenta en cuatro pilares que dan al conjunto un perfil armónico en cualquier dirección. Para resolver la planta latina exigida por Trento, se cubrió la capilla mayor, el coro y el atrio.

Una misa desde la cama

El templo se articula en el interior creando un eje en el que el altar mayor está en la misma vertical que el Panteón de los Reyes. Un enorme retablo obra de Tibaldi y Zuccaro, y uno de los primeros sagrarios con cristal transparente para permitir que la luz del sol entre por él para iluminar el templo desde el altar durante la eucaristía, centran el conjunto. A los lados se sitúan cenotafios de Carlos I y Felipe II, realizados por los hermanos Leoni, sobre la estructura de las cámaras de los reyes y visibles desde la estancia del lado contrario. A ambos lados del conjunto, se sitúan los relicarios de la Anunciación y de San Jerónimo, con bustos de santos y mártires; y en el crucero, una cúpula con cimborrio.

Las naves tienen bóvedas de cañón pintadas al fresco, principalmente, por Luca Giordano y Luca Cambiasso. Como apoyo pictórico, numerosos retablos de los mejores pintores de la Edad Moderna secundan el conjunto. Los cuatro imponentes órganos suponen uno de los principales conjuntos de Europa y, a nivel escultórico, destaca el crucifijo de Benvenuto Cellini. La sacristía tiene lienzos de Tiziano, Ribera, El Greco, Zurbarán y Coello. Bajo el templo está la cripta donde se sitúa el panteón real de Juan Gómez de Mora que acoge los restos de los Austrias y los Borbones excepto Felipe V y Fernando VI, y sus consortes. También se encuentra en este punto el pudridero. A los lados del altar y bajo los cenotafios se encuentran los aposentos reales, decorados con lienzos flamencos y azulejo de Talavera, que permitían a Carlos I seguir la misa desde su cama a causa de la gota que sufría, y generando el binomio entre fe y política.

En las estancias reales, junto a los aposentos de los monarcas y conectando con las cámaras de los Borbones, se sitúa la sala de las batallas, un espacio de paseo y celebración cuya decoración loa los éxitos del rey y las victorias militares españolas. Dos enormes frescos de Castello y Cambiasso de 60 metros de largo por 6 de alto decoran las paredes, narrando las batallas de la Higueruela y San Quintín. Los laterales siguen los mismos motivos, exhibiendo la batalla de la isla Terceira. La bóveda del techo está decorada con grutescos, siguiendo la moda del momento, basada en los frescos del palacio de Nerón, descubierto en la época. En este ámbito, también pueden visitarse la sala de mapas, un estupendo recorrido pictórico de las principales plazas flamencas en la época de la Guerra de los Ochenta Años. En dicha cámara caben destacar la estampa de Chatelet, de Rodrigo de Holanda, y uno de los dos relojes de sol con los que cuenta el complejo. En los cuartos sucesivos, pueden admirarse las impresionantes puertas de marquetería realizadas en cuatro tipos de madera distintas, regaladas por el emperador Maximiliano al monarca, las mesas con incrustaciones en marfil, las sillas plegables chinas de época Ming, el altar portátil de Carlos I o la famosa silla de Felipe II.

Un monarca moderno

Juan de Herrera cerró el atrio de la basílica y el patio de los reyes con la biblioteca, un espacio que refleja el carácter humanista del rey y la sedentarización de la corte. Posee una de las colecciones de libros más importante del mundo con ejemplares de las principales autoridades escritas de hasta 15 nacionalidades de la época, y eso que solo se conservan los restos del incendio sucedido en 1671. En la bóveda de su salón principal hay frescos de Tibaldi que representan las artes liberales. Esta biblioteca es el eje conector entre el convento de los agustinos y el colegio Alfonso XIII. En el claustro del primero, Patrimonio Nacional estudia instalar planchas de metacrilato que permitan contemplar el patio y templete de los evangelistas, sin degradar los frescos del claustro.

De allí se puede acceder a las salas capitulares, acondicionadas por Velázquez, donde los monjes jerónimos realizaban sus labores de gobierno. Divididas en dos capítulos priorales, guardan tesoros pictóricos del propio pintor sevillano, El Bosco, Ribera, Tintoretto, Veronés o El Greco, así como un Cristo de Bernini. También tiene acceso a la iglesia vieja, construida en 1563 como germen del monasterio y espacio para acoger el cuarto real. Esta sala está presidida por un lienzo de Tiziano sobre el martirio de San Lorenzo.

Bajo tierra, el monasterio posee un interesante museo arquitectónico en el que explica la construcción del edificio en el que se exhiben las máquinas que se usaron para construir el complejo, donde puede contemplarse una réplica de la primera piedra. Los planes de Patrimonio pasan por recuperar y poner en valor la botica monacal, exponer los textiles litúrgicos y presentar los objetos de la vida cotidiana que se usaban en el complejo. Porque El Escorial tiene la capacidad de reinterpretarse una y otra vez sin que se agote su contenido. Sánchez concluye explicando que "Felipe II fue el primer monarca moderno. Asentó la corte y dejó de encabezar los ejércitos en la batalla. Se ha tratado de decir que este edificio es una representación de su personalidad, tratando de darle un aspecto triste, austero y lúgubre. Desprendámonos de la leyenda negra. Fue un rey tremendamente culto y lo más alejado de esas características que le han asociado. Un príncipe del Renacimiento que transmitió el gusto de la época y que dejó para el futuro un edificio inmensamente alegre".

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