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INVESTIGACIÓN

Capilla donde está enterrada Carmen Polo en el cementerio de Mingorrubio en El Pardo.
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Capilla donde está enterrada Carmen Polo en el cementerio de Mingorrubio en El Pardo. (Foto: Kike Rincón)

La tumba en la que Franco quiso enterrarse

lunes 07 de noviembre de 2016, 09:18h
El Ayuntamiento de Madrid asume el mantenimiento de la capilla y cripta privada del cementerio de Mingorrubio, tal y como establece un acuerdo con Patrimonio Nacional firmado en 1975. Dicho templo fue construido, a costa de las arcas municipales, saltándose todos los trámites administrativos y ornamentado de forma lujosa, según documentos consultados por Madridiario en el Archivo de Villa, para acoger los restos de Francisco Franco y su familia. Desde 1988, allí reposan los restos de la mujer del dictador, Carmen Polo.

"¿Te ha gustado, Carmen?", preguntó Francisco durante el almuerzo. "No, me pareció muy lujosa", contestaba ella. Los que tenían esta conversación intrascendente hace más de 40 años eran el matrimonio Franco Polo, según narraba el fallecido maestro de periodistas y mano derecha del expresidente Carlos Arias Navarro, Rufo Gamazo, en un artículo publicado en 2011 en La Opinión de Zamora. El dictador y su esposa charlaban sobre la cripta que, según la rumorología y las afirmaciones veladas de Gamazo, se había construido para acoger sus restos mortales, poco después de que su esposa la hubiera visitado junto al general Esquivias para conocer la evolución de los trabajos ornamentales.

No fue un rumor. Se construyó para ello y así lo han confirmado a Madridiario los testimonios de algunos extrabajadores, artistas y los familiares que "estaban en el secreto" e intervinieron en la obra. También representantes de la Fundación Francisco Franco, presidida por la hija del general, Carmen Franco, que ha negado en numerosas ocasiones que su progenitor dispusiese su lugar de enterramiento. Si eso fuera cierto, el Generalísimo habría dejado en manos de sus colaboradores la decisión. Lo que se tuvo claro desde el principio es que sería enterrado en Madrid, como aseguró el general Juan Peñaranda en una entrevista para el periodista Francisco Medina.

Para explicar esta historia, es necesario remontarse en el tiempo. Junto a la puerta del archivo de la Fundación Francisco Franco, un pequeño marco recoge el acta en la que Juan Carlos I, el 22 de noviembre de 1975, ordenó la entrega, recibo y colocación de los restos del dictador en el presbiterio del Valle de los Caídos, entre el altar mayor y el coro de la Basílica, donde aún permanecen. Según relataba Gamazo, no se había dispuesto que la basílica acogiese esa tumba y se tuvo que construir una de urgencia. Al parecer, la decisión del enterramiento en el Valle de los Caídos correspondió al Gobierno, entonces bajo las órdenes de Carlos Arias Navarro, con la sanción del sucesor de Franco, y por sugerencia del Servicio Central de Documentación y la alta jerarquía militar, antes de la 'Operación Lucero'.

"Por orden de la Superioridad"
Pero antes de ese episodio ya se había producido una operación similar. El 24 de diciembre de 1961, Franco sufrió un accidente de caza que daría inicio a numerosas especulaciones sobre la salud del dictador y el debate sucesorio. Y es que, a pesar de que la Ley de Sucesión en la Jefatura del Estado de 1947 nombraba a Juan Carlos de Borbón como sucesor de Franco, no sería hasta el 22 de julio de 1969 el momento en el que las Cortes Españolas ratificarían la decisión de nombrarle Príncipe. Mientras se gestaba la nominación de Juan Carlos por encima de su padre, lejos de toda la fanfarria gubernamental pero cerca de la residencia del caudillo se estaba preparando una tumba con el más absoluto sigilo y una urgencia inusitada. El lugar era el recién estrenado cementerio de Mingorrubio, que se había construido al colmatarse el antiguo cementerio del El Pardo, en terrenos de Patrimonio Nacional.

Este periódico digital ha hallado en el Archivo de Villa tres documentos (57-232-19, 57-233-34, 57-233-35) que explican cómo se gestó la capilla y cripta del camposanto a expensas del erario municipal. El primero de ellos, fechado el 10 de abril de 1969, estaba firmado a la sazón por el arquitecto jefe de la Sección Técnica de Cementerios del Ayuntamiento de Madrid, Vicente Baztán, y el arquitecto de Patrimonio Nacional, Ramón Aranda Pfeiffer, muy cercano a la familia Franco. El texto presenta el proyecto de construcción del templo por 6,88 millones de pesetas, que se gestaba "por orden de la Superioridad". Una superioridad que no quedaba clara pero que excedía las competencias del entonces alcalde y posterior presidente del Gobierno, Carlos Arias Navarro, ya que este autorizaba el proyecto un día después de su presentación. Alguien de la alta jerarquía franquista lo había ordenado, aunque en el documento no hay registro escrito de quién fue ese alguien.

El texto prueba que se ignoraron los cauces administrativos habituales: se adjudicó por concierto directo excepcional sin subasta a una empresa de confianza (Constructora J. Quijano S.A., actualmente en concurso de acreedores), reduciendo los plazos de licitación a una "inmediata ejecución" (fue adjudicado el 21 de mayo de 1969). Según extractos del documento: "Dada la urgencia con que se precisa llevar a cabo y dado que la naturaleza de la obra requiere personal especializado, ya que hay mucha cantería y obra de decoración realizada por diversos artistas, que deben trabajar de acuerdo con el constructor; así como el destino de la misma, exige una construcción esmerada que no puede realizar una empresa cualquiera. (...) Existe reconocida urgencia en la realización del proyecto ya que circunstancias imprevisibles demandan una inmediata ejecución que no da lugar al desarrollo de los trámites licitatorios.(...) La reducción de plazos para la licitación no es suficiente para resolver el emplazamiento con la urgencia necesaria". ¿Por una capilla con cripta en un cementerio? Alguien se moría. Y era alguien importante.

Un canon simbólico
Los otros dos documentos principales hallados en el archivo sobre el tema pertenecen a los trabajos artísticos. En dos fases, se encargaba la ornamentación del templo por 4,64 millones de pesetas entre mayo y junio de 1969 a los mejores artistas españoles de la época. Entre otros, José Espinós (vidriera, cerramientos y figuras metálicas elaborados por su taller, al cargo de Esteban Tormin Portomarín, ya que falleció en plena actividad; así como una figura de la Virgen de Covadonga que es de su factura), Santiago Padrós (mosaico, bóveda y vidriera), Federico Coullaut (realizó un Cristo crucificado), Fernando Cruz Solís (escultura de la Virgen del Carmen), José Luis Alonso Coomonte (verja de entrada que representa la Venida del Espíritu Santo sobre los Apóstoles), Susana Polac (lámparas y tabernáculos de estaño y bronce) y hasta la Fundación Generalísimo Franco, que se encargaría construir los bancos y reclinatorios del templo. La capilla, de una sola nave y en planta cuadrada, tendría capacidad para 60 personas y una cripta con acceso desde el atrio. Todo en las mejores calidades: mármol, granito pulimentado, faroles y rejerías de hierro forjado, cubiertas de pizarra y bellos esmaltes. Todo presidido por una imagen de la virgen del Carmen (obra de Cruz Solís). Casualmente, se trata del nombre de la única residente del templo, la viuda de Franco, Carmen Polo, cuyos restos reposan en la cripta desde su fallecimiento en 1988. Según el informe, la cripta se acondicionaría al estilo de los antiguos mausoleos y catacumbas cristianas (obra que se encargó inicialmente a Padrós). Toda la edificación concluyó entre 1971 y 1972.

Un documento suplementario a los anteriores prueba cómo se ordenó acondicionar en el cementerio de Mingorrubio para acoger líneas de tumbas en posición preferente a la capilla ese mismo año de 1969. Un simple paseo por el camposanto muestra cómo en la mayoría de ellas descansan los cuerpos de ilustres personajes de la política y la cultura de época franquista.

Los documentos y los testimonios aquí aportados prueban la voluntad franquista de establecer en este espacio municipal el lugar de reposo del dictador, en paralelo al nombramiento de Juan Carlos como Príncipe de España, aunque luego decisiones posteriores le negaran ese espacio de descanso a Franco. Así, los restos de Francisco Franco terminaron en el Valle de los Caídos, y la lujosa tumba de Mingorrubio fue ocupada por su esposa.

Una tumba costeada por los madrileños

Hasta aquí llegó el recorrido útil del mausoleo. Sin embargo, un cabo suelto de toda esta historia aún continúa influyendo en la vida de la ciudad. Una portavoz de Patrimonio Nacional admite que el Ayuntamiento de Madrid y esta entidad, dependiente de Casa Real, suscribieron un acuerdo en 1975 (en realidad, fue una cláusula adicional al convenio de cesión de suelo realizado en 1959 para la creación del cementerio) por el que el Consistorio, después de asumir la construcción del templo, se hacía con su gestión (ya que la parcela es propiedad de Patrimonio). Así, el Gobierno municipal se comprometió en su momento, siempre según la fuente antes citada, a asumir a perpetuidad el coste del mantenimiento del templo y la cripta, y a pagar un canon simbólico a Patrimonio Nacional por hacerse cargo de dicho servicio, a pesar de que es de uso privado.

Fuentes de la Funeraria municipal explicaron a Madridiario que, del archivo disponible por el momento (de 2003 en adelante), no constan comprobantes literales de pago en este sentido, aunque se admite que todavía se está poniendo en orden toda la información gestionada por la Empresa Mixta de Servicios Funerarios durante décadas para conocer el estado real de la compañía. A finales del mes de noviembre, el Comisionado de Memoria Histórica del Ayuntamiento de Madrid presentará la segunda parte del informe de espacios afectados por la Ley de Memoria Histórica que hay en la capital. En dicho documento estarán incluidos los espacios funerarios, aunque no consta que dicho templo se encuentre todavía en la agenda de dicho organismo.

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