El dramaturgo madrileño Juan Mayorga (1965) recibe uno de los grandes galardones de la cultura española: el Princesa de Asturias de las Letras. La trayectoria del escritor está plagada de reconocimientos, el más importante, el del público. En lo que va de año ha estrenado su obra El Golem, en el Centro Dramático Nacional: Silencio, en el teatro Español y la versión de El diablo Cojuelo, en la Compañía Nacional de Teatro Clásico. En febrero se hizo cargo de la dirección del teatro de La Abadía.
Ya en 2007 fue galardonado con el Premio Nacional de Teatro y en mayo de 2019 tomó posesión del sillón M de la Real Academia.
En marzo de 1994 Mayorga presentó en la SGAE su texto Más ceniza, dirigido por Guillermo Heras. Dos meses más tarde se estrenó en la Cuarta Pared. Este teatro, también galardonado con el Premio Nacional, ha sido el vivero de los dramaturgos del principio del siglo XXI. En él estrenaría posteriormente El sueño de Ginebra, 1996 y Fotos, 1997. En el mismo año de su debut teatral, comenzó a impartir clases de matemáticas -es licenciado en Filosofía y Matemáticas- en institutos madrileños.
El salto de Juan al Centro Dramático Nacional en 1999, con Cartas de amor a Stalin, le permitió abrirse a un circuito más comercial. En ese mismo escenario estrenó Himmelweg. Su relación con la Abadía ha sido constante en las últimas décadas. Allí estrenó algunos de sus textos más impactantes, como Hamelin, 2005 y La tortuga de Darwin, 2008. En octubre de 2006, dentro del Festival de Otoño, estrenó El chico de la última fila, con dirección de Helena Pimenta. La obra se difundió inmediatamente por el circuito internacional , traduciéndose a varios idiomas. Constantemente se repone tanto dentro como fuera de nuestro país. François Ozon la llevó al cine con el título Dans la maison.
Al estrenar La lengua en pedazos, 2013, decidió hacerse cargo también de la dirección escénica, doble cometido que ha repetido en Reikiavik, 2015, El cartógrafo, 2017, Intensamente azules, 2019 y Silencio, 2022.

Los estudiosos de la dramaturgia podrán establecer, seguramente, conceptos similares en la obra de Mayorga. Lo cierto es que no encontramos una temática común, más allá del interés por adentrarse en problemas del ser humano contemporáneo. En cualquier caso, siempre estamos ante una obras impecablemente escritas, con una sólida estructura dramática además de influencias filosófica. Sí hemos vistos en algunos de sus últimos textos -El cartógrafo, Silencio y El Golem- una predilección por los textos crípticos, por historias que se prestan a varias lecturas.
Con el Premio Princesa de Asturias se reconoce una trayectoria cercana ya a los treinta años y, desde mi punto de vista, también se premia el trabajo de una generación de autores españoles que, a caballo entre los dos últimos siglos, emprendió una profunda renovación de la escena española partiendo desde la base de la misma, los llamados circuitos alternativos. José Ramón Fernández, Juan Cavestany o Andrés Lima integran con Mayorga este pilar de la actual dramaturgia en castellano, individualmente o como el colectivo Animalario.