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Día de todos los Santos en el cementerio de la Almudena.
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Día de todos los Santos en el cementerio de la Almudena. (Foto: Kike Rincón)

Ecofunerales, hongos carnívoros y ataúdes de cartón frente al entierro tradicional

viernes 01 de noviembre de 2019, 09:00h

La anglosajona noche de Halloween o el Día de Muertos en México son festividades que desde hace años han ido adentrándose en la cultura española hasta casi transformarse en una de sus tradiciones. Sin embargo, en nuestro país se celebra desde hace décadas la fiesta religiosa del Día de Todos los Santos el 2 de noviembre, jornada en la que es típico visitar las tumbas de los familiares y seres queridos.

En la medida en la que la población va en aumento (ya somos unos 6,5 millones de personas en la Comunidad de Madrid), también crece el número de fallecimientos, a pesar del incremento de la esperanza de vida. Así si en 2010 pasaron a mejor vida 41.286 personas, según el Instituto de Estadísticas de la Comunidad de Madrid, en 2017 esa cifra ascendió a 47.008.

La tradición en España, por su condición mayoritariamente católica, ha sido siempre la de enterrar. Por ello, con el paso del tiempo se ha tenido que llevar a cabo la ampliación de las parcelas de los viejos cementerios, al tiempo que se han creado otros nuevos y se han modificado las formas de enterramiento. De las tumbas comunes se pasó a enterrar en nichos, que además de ahorrar espacio permiten a las familias reducir el coste del último descanso.

Aunque lo que ha aumentado de forma significativa en los últimos años han sido las incineraciones, un proceso mucho más económico y que no requiere de una tasa de mantenimiento posterior. Antonio Santos, responsable del servicio Funerario del Ayuntamiento de Madrid, ha confirmado a Madridiario esta tendencia y ha asegurado que en 2018, según los datos recogidos, se practicaron en Madrid 6.348 enterramientos frente a 10.486 incineraciones.

Santos apunta dos posibles motivos. El principal, según indica, es el coste. Si no se posee ya una unidad de enterramiento –como puede ser un panteón familiar-, su adquisición es más cara que una incineración. Según las tarifas del Consistorio madrileño, el nicho más barato costaría 1.247 euros, y este precio solo incluye su mantenimiento por diez años. Una incineración cuesta algo menos de la mitad, unos 596,22 euros.

Otro de los motivos pasa por que las costumbres están cambiando y con ellas la cultura funeraria. Mantener un nicho, además de dinero, cuesta tiempo y en ocasiones genera sentimientos encontrados para las familias y allegados, responsables de su cuidado.

Por ello, hoy en día hay personas que buscan una alternativa alejada de las tradiciones marcadas por la religión y muestran preferencia por que sus cenizas sean esparcidas en algún lugar concreto, una práctica que ha aumentado de manera considerable y cuyos daños para el medioambiente son aún desconocidos, aunque ya conllevan sanciones, como explicaba hace unos días a Madridiario el fundador de la empresa española Yatri.

Donar el cuerpo a la ciencia

Es también por una cuestión de concienciación con el medioambiente y a favor de la lucha contra la crisis climática que han surgido nuevas formas de enterrar a nuestros allegados sin que eso suponga un daño para la biodiversidad.

Una de las opciones más conocidas, y muy popular en los últimos años, es la de donar el cuerpo a la ciencia o a ciertas organizaciones. Esta práctica favorece el desarrollo de investigaciones médicas y permite el estudio de nuevas intervenciones quirúrgicas, así como el aprendizaje anatómico de los estudiantes de medicina. De esta forma, se ayuda no solo al planeta, sino también a la sociedad del futuro. Las universidades y este tipo de asociaciones cuentan con un formulario de donación. Además, es posible donar solo algunos órganos o partes del cuerpo y que el resto del mismo sea enterrado o incinerado.

Ecofunerales

Para aquellos que quieran ser enterrados de una forma más respetuosa con el planeta, algunas empresas han diseñado ataúdes de cartón, como la compañía francesa Eco.Cerc, que comercializa cajas de este material alveolado y pegamento de soja. De esta manera, se evita que cientos de árboles tengan que ser talados para crear los féretros (con un roble de 80 años se hacen 5 ataúdes). Además, es una alternativa mucho más barata y se puede decorar con creativos diseños.

También ha aumentado el número de cementerios naturales en las últimas décadas, y se parecen más a jardines o bosques que a camposantos. En ellos se entierra el cuerpo de forma directa en la tierra cubierto o bien con un sudario de fibras naturales y biodegradables o en los mencionados ataúdes de cartón.

Apenas se colocan símbolos y al cabo de unos meses, se alisa la tierra y se plantan especies autóctonas. De esta manera, la tierra no recibe ataúdes, ropa, calzado, losas de granito o piedra, metales o plásticos. En Reino Unido abrieron el primero en los años 90 y ya cuentan con 250. Abundan en países anglosajones y ya hay uno en Francia aunque en España aún no se ha inaugurado ninguno, de momento.

Un pijama de hongos que se comen los tóxicos

Otra práctica ecológica y bastante sorprendente es la ideada por la artista estadounidense Jae Rhim Lee: un pijama de esporas de hongos para la descomposición de los cuerpos.

La artista explica que los seres humanos portan más de 200 contaminantes tóxicos en el cuerpo y esto incluye conservantes, pesticidas y metales pesados como plomo y mercurio, según datos que ha recogido del Centro para el Control de Enfermedades de Estados Unidos. Esto supone que al enterrar un cuerpo estas sustancias pasan a la tierra y la contaminan.

Por ello, Lee investigó durante años las capacidades de algunos hongos para comer carne humana y, a partir de su cría con algunos desechos, como pelo o uñas, logró crear este pijama mortuorio, cubierto por un alambrado de crochet cubierto con esporas de hongos que se lo comen todo, hasta las toxinas. Hasta la fecha, no se ha extendido el uso de este sistema denominado 'Infinity Burial'.

Convertirse en árbol

Otras maneras diferentes, aunque más conservadoras, de tratar los restos humanos pasan por 'convertirse' en árbol o en diamante. La empresa española Urna Bios se ha especializado en transformar las cenizas en árboles. Las ánforas se fabrican con materiales orgánicos -como las cáscaras de coco- y acogen en su interior tierra con los restos de la persona que acaba de morir o incluso de alguien que murió hace tiempo. Se colocan a cinco centímetros de la superficie y, debajo de estas, se pone tierra y la semilla del árbol elegido. De esta manera, cuando el árbol comienza a crecer, las raíces terminan penetrando en las cenizas, utilizándolas como alimento.

Frente a la cuestionable práctica de esparcir nuestras cenizas en lugares concretos, y para aquellos que puedan permitírselo, la empresa suiza Algordanza convierte las cenizas en diamantes desde 2004.

La transformación se consigue gracias a que el cuerpo humano contiene un alto porcentaje de carbono, lo que sometido a altas presiones adopta la forma de esta joya. Además, se pueden fabricar diamantes de la unión de varias personas y colocarlo en collares, anillos, pulseras… de manera que siempre estén ‘presentes’ en nosotros. Si hay un nivel elevado de carbono pueden salir incluso varios diamantes de las mismas cenizas, y sirven cenizas de cualquier antigüedad.

Con sede en 36 países, entre ellos España, el proceso tarda entre cinco y seis semanas y las joyas pueden escogerse de diferentes quilates. De ello dependerá su precio, que oscila entre los 3.600 y los 11.500 euros.

Mientras tanto, de visita a los cementerios

Pero mientras llega (lo más tarde posible) el día de nuestro último adiós, seguimos visitando en estas fechas los cementerios tradicionales y, para ello la EMT y el Consorcio de Transportes de la Comunidad de Madrid han reforzado su flota de autobuses, tanto en la capital como en nueve municipios de la región, con la intención de mejorar la accesibilidad a los camposantos durante estos días dedicados al recuerdo.

La mejor manera de acceder a los diferentes cementerios de Madrid

  • Cementerio de La Almudena: para llegar hasta esta necrópolis existen tres líneas: la 110, desde Manuel Becerra, que termina su recorrido dentro del cementerio; la 106 y la 113, cuyos recorridos realizan paradas en las inmediaciones de este recinto.
  • Cementerio de Carabanchel: en las puertas de este cementerio paran dos líneas: la 108, cuyo fin de trayecto es el Cementerio de Carabanchel, y la 118.
  • Cementerio Sur: para llegar a este cementerio, los ciudadanos cuentan con un Servicio Especial que sale desde Plaza Elíptica (SE 102). Además de operar el día 1 y durante el fin de semana, también se podrá coger los días 28, 29, 30 y 31 de octubre.
  • Cementerio de Fuencarral: para acceder a este recinto existen tres alternativas: tomar el Servicio Especial (SE 702), cuya cabecera se encuentra en Plaza de Castilla y prestará servicio desde el día 28 hasta el 2 de noviembre; las líneas 134 y la 178 (Plaza de Castilla-Montecarmelo) -que no han sido reforzadas-.
  • Cementerio de San Isidro: la línea 25, reforzada con más autobuses, es la idónea, además de la 17 (Plaza Mayor-Colonia Parque Europa) y la 50 (Puerta del Sol-Avenida del Manzanares). Estas dos últimas no se incluyen entre las ocho líneas que contarán con autobuses extra.

Visita amenizada con música en La Almudena

La Catedral de la Almudena, como en otras ocasiones, ha preparado el III Concierto del Silencio. Así, la explanada situada entre la capilla del cementerio y sus arcos de entrada se convertirán en el escenario de un concierto de música clásica.

Diferentes intérpretes, a lo largo del día, tocarán emblemáticas piezas con las que acompañar a los visitantes. El acceso será gratuito, con un aforo para más de 300 personas. Las actuaciones tendrán lugar a las 11:15h, a las 13:00 h y a las 16:00 h. Para más información se puede visitar la página web del Ayuntamiento de Madrid.

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