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La prevención contra el suicidio busca dar apoyo a todos aquellos que lo necesiten.
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La prevención contra el suicidio busca dar apoyo a todos aquellos que lo necesiten. (Foto: PIXABAY)

Día Mundial de la Prevención del Suicidio: una lacra que puede evitarse

martes 10 de septiembre de 2019, 14:48h

La ‘culpa’ es una palabra que pesa como una losa. El sentimiento, por descontado, es mucho más difícil de llevar. En algunos casos, el desasosiego de la culpa puede llegar a ser indescriptible y arrastrar a aquellos que lo sufren. Acompañada de pena, angustia, pánico y vergüenza. El sentimiento de culpa espera a que se rompan las reglas para asomar. Es un pesar disfórico alimentado de la transgresión. Y quitarse la vida conlleva acabar con lo más ensalzado y celebrado desde el comienzo de la humanidad.

El suicidio rodea todo lo que toca a su paso. Y lo hace en el más absoluto silencio. Un mutismo que ensucia el dolor y dificulta el duelo de aquellos que lo sobreviven, las familias y allegados de las personas que toman la decisión de acabar con su vida.

Carlos Soto conoce bien estos sentimientos. Es un superviviente, y desde que su hija Ariadna acabó con su vida, poco después de cumplir los 18 años, ha tratado de estar ahí para los que sufren como él y su mujer. Un camino de espinas que no podía quedar en balde: se ha convertido en una voz que ayuda a prevenir la decisión de morir voluntariamente.

“Da igual lo que pase, siempre hay culpa. Magnificas todo lo que ha pasado. Te creas nuevas culpas”

Ariadna era una “chica estupenda, estudiosa y tranquila”, recuerda su padre a Madridiario. Un día, cuando cursaba segundo de Bachillerato, contó en casa que tenía “un bajón”. Acudieron a terapia psicológica y también al médico de cabecera. Le recetaron medicación antidepresiva y unas pastillas para dormir. La joven, con 18 años recién cumplidos y en tratamiento, cuando parecía que su vida transcurría con aparente normalidad, decidió quitarse la vida. Y con ella se llevó las ganas de vivir de otros allegados.

Su padre no quería creer la decisión de su hija. Es tan radical que no se lo espera nadie: "Luego lo vas analizando y ves cosas". Ariadna dejó una carta en la que explicaba las razones que la llevaron a tomar esa drástica elección. Y a pesar de convertirse sus palabras en una balsa reconfortante para sus progenitores, la "culpa siempre existe, está ahí", subrayan.

“Da igual lo que pase, siempre hay culpa. Magnificas todo lo que ha pasado. Te creas nuevas culpas”, relata este superviviente. El dolor que sientes cuando ocurren estas situaciones “no se puede explicar. Si no has vivido esto no puedes entenderlo”. Además, la sociedad no está preparada para abordar estas realidades y tiende a silenciarlas.

Pero el suicidio es real, ocurre y está ahí, a diario. Es necesario que normalicemos su existencia para poder prevenirlo, y para ello tenemos que reeducarnos como sociedad. “Vivimos en una sociedad de tradición judeocristiana en la que el suicidio era un pecado, y además todo era culpa. Nos han enseñado además que hay que comerse los problemas, que tenemos que tener éxito en la vida y que para ello tenemos que ser felices. Y no es verdad”, explica Carlos Soto.

En nuestro día a día, tendemos a opacar la verdadera realidad, en la que caben la tristeza y la pena –al igual que la alegría, el júbilo o la rabia-. A nivel social, tenemos miedo a preguntar al resto qué es lo que nos pasa, y también evitamos preguntárnoslo a nosotros mismos. Ni que hablar de que tenemos miedo a ser sinceros sobre ello. De hecho, la respuesta a: ¿qué tal? siempre es, de manera casi automática, “bien”.

Relativizamos en exceso la pena, que tendemos a asumir como malas rachas, que a veces lo son, pero en ocasiones son mucho más. “No se valora la intensidad que puede adquirir la depresión, que en el fondo es un enfermedad.

Hablar, hablar y hablar

Se trata de hablar sobre el tema de una manera abierta, normalizada y positiva. “Hay que mandar un mensaje de esperanza y decirle a la sociedad que puede pedir ayuda si la necesitan”, cuenta el superviviente.

Lo mismo relata Mercedes Navío, psiquiatra y Coordinadora asistencial de Salud Mental de la Comunidad de Madrid. Rehúye de los relatos amarillistas sobre el suicidio y de los juicios morales: Tampoco hay que ensalzar a quienes lo han hecho”, añade la psiquiatra.

De esta manera, se insta a aceptar la realidad que engloba el suicidio y “naturalizar” el tema, pero siempre bajo el prisma de que existen salidas y apoyos que no son la muerte.

“Hay una visión catastrófica de que no se puede hacer nada, pero está comprobado que sí se puede prevenir, que es evitable”, indica Navío. La profesional relata que la visibilización del suicidio es el primer paso para abordarlo como un problema real y permitir que existan mecanismos de prevención.

La visibilización del suicidio es el primer paso para abordarlo

Entre estos métodos, indica, debe primar la identificación de las señales de alerta y el protocolo para abordarlas, para lo cual se han preparado una serie de programas destinados a la formación de los médicos de Atención Primaria, trabajadores de los centros de Salud Mental, personal del SUMMA 112, asociaciones de pacientes, profesores o familiares.

Todo esto se engloba en el Plan Estratégico de Salud Mental 2018-2020, en particular dentro de la Línea Específica de Prevención del Suicidio. El proyecto, promovido por la Comunidad de Madrid, ha editado desde su inicio una serie de guías con las que se pretende abordar el problema.

Plan de prevención

Hasta el momento se han publicado cinco guías, destinadas a las personas con pensamientos suicidas, a sus familias, profesionales del ámbito sanitario y otra para docentes, incidiendo en aquellos en contacto con jóvenes y adolescentes.

La última, presentada esta semana, está dirigida a los supervivientes: familiares, amigos y allegados de personas que han perdido la vida por el suicidio, personas de una importancia “indiscutible”, según Navío.

Tal y como relata, para los supervivientes la muerte de esa persona cercana representa “su pérdida, pero también es una pérdida que se relaciona con la sociedad” en cuanto a que no es un hecho aislado, sino un problema social. Su relato y vivencia es un “testimonio muy potente” de cara a la ilustración de los hechos de cara a la sociedad. Es decir, para la normalización y, al mismo tiempo, para la prevención.

Por otra parte, no debe obviarse que los supervivientes se ven afectados de manera repentina por un trauma que es “comparable al estrés de una persona en un campo de concentración”, como indica Navío. Por ello, relata la profesional, se les debe “dar espacio para elaborar el duelo” pero dejando siempre latente “una disposición de opciones y ayudas para los supervivientes”, señala.

“Los supervivientes son víctimas del silencio grumoso que hay en torno al suicidio”, explica Navío. Este se relaciona con “el tabú social que rodea el suicidio”, el mismo por el que mucha gente evita hablar después de un suicidio con los familiares de estas víctimas, un doble castigo para los supervivientes.

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