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TAL DÍA COMO HOY

Joaquín Sorolla pintando en su estudio
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Joaquín Sorolla pintando en su estudio (Foto: Ricardo del Rivero | Museo Sorolla)

El pintor de la luz se apaga en Madrid: Sorolla muere en Cercedilla

sábado 10 de agosto de 2019, 09:09h

Pasó a la historia como el pintor de la luz y la suya terminó apagándose en Madrid un día como hoy de 1923. La realidad es que, por desgracia, Joaquín Sorolla ya no brillaba tanto. Tres años antes, mientras retrataba a la mujer de Ramón Pérez de Ayala, sufrió una hemiplejia que mermó sus facultades físicas y le impidió seguir pintando. La muerte le llegó un 10 de agosto mientras descansaba en su casa de verano de Cercedilla.

Sorolla eligió Madrid para pasar sus últimos años. Ya había convertido la ciudad en su casa en 1889, cuando se trasladó con su familia a la capital después de haber partido de su Valencia natal para empaparse de las tendencias pictóricas europeas en Roma, París y, más tarde, Asís (Italia). Sin embargo, y a pesar de haberse instalado en Madrid, el pintor pasó la siguiente década más fuera que dentro de casa, viajando por España y Europa y engordando una fama que ya traía incipiente cuando se asentó en territorio madrileño.

Éxito buscado

Lo suyo no fue ni casualidad ni suerte. Seguramente, había mucho de talento y, sobre todo, de constancia. Porque Sorolla despuntó en el arte de la pintura desde niño, pero a partir de su capacidad innata para dar vida al blanco del lienzo, se formó y apeló a distintos concursos y exposiciones. Hasta que dio con la tecla adecuada.

Cuadro de Joaquín Sorolla en una exposición de la Fundación Mapfre (Foto: Juan Luis Jaén)

Nacido en Valencia en 1869 quedó huérfano a los dos años y se instaló junto a su hermana con su tía materna. El marido de esta, cerrajero, trató de enseñarle el oficio, pero pronto asumió que poco más interesaba al pequeño Joaquín que la pintura, una disciplina en la que, además, sobresalía. Así que su familia le buscó plaza en la Escuela de Artesanos de Valencia, donde empezó su formación.

Al acabar la escuela, empezó a enviar sus obras a concursos provinciales y exposiciones nacionales de bellas artes. Ya probó entonces suerte en Madrid, con tres marinas valencianas que presentó a la exposición nacional de mayo de 1881. Sus cuadros pasaron inadvertidos, pues no encajaban con la pintura oficial, de temática histórica y dramática.

Sin embargo, no cejó en su empeño y siguió formándose, bebiendo de distintos maestros y disciplinas, hasta que, por fin, en 1883, consiguió una medalla en la Exposición Regional de Valencia. Solo un año después alcanzó oficialmente la gloria con una Medalla de segunda clase en la Exposición Nacional, gracias a su obra Defensa del parque de artillería de Monteleón, una obra melodramática y oscura, muy distinta al estilo por el que posteriormente pasaría a la historia, realizada expresamente para la exposición. "Aquí, para darse a conocer y ganar medallas hay que hacer muertos", diría después un colega suyo al respecto.

A partir de entonces, su fama no dejó de creer. Gracias a una beca de la Diputación Provincial de Valencia viajó a Roma y empezó su trayectoria internacional, con viajes por toda Europa que dieron a conocer su obra en el viejo contiente y, también, en América.

Casa Sorolla

Museo Sorolla (Foto: Aitana Rodríguez Pasual)

Sus últimos años los pasó en Madrid, donde entre 1910 y 1911 construyó lo que es el actual museo Sorolla, su vivienda-taller, situado en el paseo del General Martínez Campos. De grandes estancias y techos altos, este palacete contiene todos los objetos que el pintor obtuvo y utilizó a lo largo de su vida, así como numerosas pinturas y el mobiliario original de la casa.

Pero el aspecto de la casa al que más tiempo dedicó Sorolla fue al jardín. De estilo andaluz y con elementos italianos, el pintor se inspiró para su creación en los Reales Alcázares de Sevilla y en el Generalife de Granada, de ahí su estanque y la vegetación que lo puebla.

Tras su muerte en 1923, su esposa Clotilde fue la heredera de la casa y en su testamento en 1925 legó al Estado el inmueble, así como sus colecciones para convertirlo en lo que el pintor siempre quiso: un museo. En 1931 se creó el Patronato que redactó el primer Reglamento del museo y al año siguiente se inauguró abriendo al público su planta principal con Joaquín Sorolla García, hijo del pintor, como su director. Su cometido fue la preservación de la casa tal y como él la había conocido y llevar a cabo las primeras labores museográficas de la institución.

Con la llegada de la Guerra Civil el museo fue desmontado y clausurado hasta 1941, cuando volvió a funcionar a pleno rendimiento hasta que en 2001 se cerró –hasta noviembre de 2002– para llevar a cabo obras de remodelación y rehabilitación para preservar este recuerdo físico de la historia de Joaquín Sorolla.

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