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TAL DÍA COMO HOY

Grabado anónimo de Luis Candelas.
Grabado anónimo de Luis Candelas. (Foto: MDO.)

Luis Candelas escapa de los barrotes de la Cárcel de la Villa

jueves 23 de mayo de 2019, 07:50h
Uno de los bandoleros más famosos del siglo XIX escapó de los muros de la Cárcel de la Villa un día como hoy, en 1831. Luis Candelas, escurridizo delincuente de la época, logró escapar poco después de ayudar a fugarse de la misma penitenciaría al político Salustiano de Olózaga.
Nació el 9 de febrero de 1804 en Madrid, y en la misma ciudad murió en 1837. Su vida no fue larga, pero sí intensa por la gran cantidad de delitos que cometió a lo largo de su carrera criminal. Sin embargo, siempre presumió de no tener delitos de sangre.

Se trataba de una persona que leía todo lo que podía, de manera que pudo gozar de una formación y enseñanza autodidacta, algo que se podía intuir con sus modales y forma de expresarse. Esos modales ya se podían ver desde su temprana edad, así como el buen gusto por la vestimenta, lo que le permitió llevar una doble vida como un ciudadano respetable bajo el nombre de Luis Álvarez de Cobos. Por supuesto, una tapadera que pudo mantener gracias a la fortuna que robaba en sus golpes, siempre sin víctimas y sin utilizar la violencia.

No obstante, sus pasos por la cárcel no fueron algo anecdótico, sino habitual en su vida. En su vida hubo tres mujeres, llamadas Manuela, Clara y Lola. Esta última, apodada La Naranjera, tenía amigos importantes que le podían ayudar a escapar de la Cárcel de la VIlla con rapidez, de manera que podía seguir cometiendo sus delitos.

Sin embargo, una vida que le dió tanto beneficio económico, le generó un gran riesgo. Tras asaltar a la modista de la Reina en su taller, así como al embajador de Francia en una diligencia, fue perseguido con mayor dureza por la justicia. Intentó huir a Inglaterra, pero Clara, la mujer que le acompañaba en aquellos años, no quiso huir. Por ello, el 18 de julio de 1837, al regresar a Madrid, fue detenido.

A pesar de no haber cometido asesinatos, fue condenado a muerte por el método de garrote vil. Para intentar librarse de la condena, pidió clemencia a María Cristina de Borbón, pero le fue denegada. De esta forma, murió el 6 de noviembre de 1837 con 33 años, presumiblemente tras pronunciar la famosa frase "¡Adiós, Patria mía, sé feliz!".
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