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TAL DÍA COMO HOY

Panteón de los Reyes y cripta del Monasterio de El Escorial.
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Panteón de los Reyes y cripta del Monasterio de El Escorial. (Foto: Patrimonio Nacional)

El Monasterio de El Escorial estrena panteón dinástico y pudridero de reyes

sábado 16 de marzo de 2019, 09:00h
Los soberanos Habsburgo y Borbón descansan desde hace tres siglos y medio en la Cripta Real del Monasterio de El Escorial. Con 24 de los 26 panteones ocupados, los reyes eméritos deberán buscar otro mausoleo mientras los padres de Don Juan Carlos siguen el proceso natural de momificación en el pudridero regio antes de ocupar los nichos restantes. Ambos espacios restringidos a la custodia de los monjes agustinos que se inauguraron tal día como hoy en 1654.

Bajo el graderío del Altar Mayor del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial se asienta la Cripta Real, sepulcro de los monarcas de las casas Austria y Borbón. Una sencilla ceremonia inauguró el panteón el 16 de marzo de 1654, dando paso a más de una veintena de entierros regios en esta estancia subterránea del Real Sitio.

El complejo arquitectónico se construyó entre 1563 y 1584 con la intención de conmemorar la victoria española en la contienda de San Quintín frente a las tropas francesas -en el marco de las Guerras Italianas-. Así lo ordenó Felipe II, que trasladó los restos de su padre, Carlos I, a un primitivo mausoleo que, un siglo y varios Habsburgo después, sustituyó el de 1654.

En sus sepulcros descansan todos los soberanos de España fallecidos tras esa fecha, así como las reinas que fueron madres de reyes. Como excepciones, Felipe V, que optó por la Colegiata de la Granja de San Ildefonso, y su hijo Fernando VI, que eligió las Reales Salesas. El primero fue enterrado con su mujer, Isabel de Farnesio, y el segundo también con su esposa, Bárbara de Braganza. Faltan también Amadeo I de Saboya, inhumado en la Basílica de Superga de Turín, y José I Bonaparte, que reposa en el Palacio Nacional de los Inválidos de París.

De los 26 sarcófagos tan solo resta dos vacíos, a la espera de albergar los cuerpos de los condes de Barcelona, Don Juan y María de las Mercedes, ahora en el pudridero. Su hijo, Juan Carlos I, quiso honrarlos con exequias reales a pesar de que nunca ejercieron la soberanía, una decisión que obligará a buscar otro mausoleo por los reyes eméritos, que podrían decantarse por la Catedral de la Almudena.

Juan Bautista de Toledo trazó las líneas maestras del Monasterio, así como las de la Cripta, un habitáculo circular que guarda proporción con el Panteón de Roma, aunque a escala. En sus nichos de mármol encajan los cofres de plomo de apenas un metro de largo y 40 centímetros de ancho que contienen los restos de las dos últimas dinastías. Columnas corintias pareadas y bronces dorados adornan una estancia cerrada al público.

Mismo veto existe en los pudrideros, tanto en el de reyes como en el de infantes. Dos salas donde se consuma el proceso biológico de momificación de los restos regios y la reducción natural de los mismos para que se adapten a las medidas de los féretros. Para ello, es preciso esperar entre 25 y 40 años hasta el sepelio definitivo. Un procedimiento que custodian los monjes agustinos, únicos en ostentar la autorización para acceder a ambos espacios.

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