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Una de las recetas y al fondo el cuadro que inspiró al cocinero.
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Una de las recetas y al fondo el cuadro que inspiró al cocinero. (Foto: Javier Bernardo)

Maridaje de arte y gastronomía en la mesa del Thyssen

sábado 15 de diciembre de 2018, 09:00h
El Museo Thyssen ha creado un interesante recetario configurado por 25 platos ideados por reconocidos chefs españoles que han seleccionado una pintura de la pinacoteca para inspirar sus platos. Estas son las creaciones gastronómicas que han supuesto un viaje en el tiempo y los sentimientos.

¿A qué saben los cuadros? ¿Se imagina poder comer un pedazo del Arlequín con espejo de Picasso o probar la Pintura sobre fondo blanco de Joan Miró?. De esta curiosidad surgió el nuevo proyecto del Museo Thyssen. Un libro que no es comestible aunque den ganas de incorporarlo a la dieta mediterránea de los madrileños. 'El Thyssen en el plato' es el resultado del interés culinario de la pinacoteca. Un proyecto que se une a otras iniciativas gastronómicas puestas en marcha en los últimos años. Un recorrido a través de algunas de las obras de la colección permanente y la línea Delicathyssen, desarrollada por la tienda del museo, y que da cabida a productos artesanos y locales de calidad como el aceite, el chocolate o el vino. "Esta publicación surge de la necesidad de continuar vinculados con el mundo de la cocina", subraya Ana Cela, directora de Publicaciones y de la Tienda-Librería.

El Thyssen en el plato from Museo Thyssen-Bornemisza on Vimeo.

Con esta pasión gastronómica nace un libro que aúna arte y cocina a través de un conjunto de 25 recetas ideadas por algunos de los mejores chefs del panorama nacional. "Invitamos a los chefs a que recorriesen las salas del museo y escogiesen la obra que más les motivase para inspirar un plato", cuenta Cela. Un "diálogo" entre arte y gastronomía que encontró su espacio e inspiró creaciones que guardan muchas similitudes con las obras elegidas: "No se trataba solo de hacer una traslación visual directa como es el caso de Carme Ruscalleda, o en otros que son réplicas idénticas.En algunos casos, como la receta de Manuel Urbano, son traslaciones más conceptuales".

La textura del material utilizado por el artista, los colores, la temática o incluso el carácter y el momento que inspiró a los artistas han sido algunas de las claves que han motivado a los chefs a decidirse por cada una de las obras elegidas. Un viaje a través del gusto, no solo como sentido. La estética juega un papel imprescindible en este proyecto: "Los platos ya no se sirven como antes. Ahora, lo estético prima en la cocina", añade la directora de de Publicaciones. Unos platos bien presentados que despliegan los encantos de la cocina como arte visual.

Una conexión entre cuadro y plato que no tiene que guardar relación por el color o la forma. La mejor "traducción" de un paisaje boscoso, según Guillermo Solana, director artístico del Museo Thyssen, puede ser un plato de setas, según demuestran en sus perspectivas creaciones Víctor Arguinzoniz y Paco Morales.

Emociones comestibles

Este recetario guarda muchas similitudes con el arte. "Los cuadros producen emociones y la tarea del cocinero es trasladar emociones a sabores", cuenta Samy Alí. Este chef de la Candela Restó se inspiró en Verano en Nidden, de Pechstein, para hacer un cucurucho de champiñones, panceta y kimchi.

El libro supone un diálogo entre arte y gastronomía

Diego Guerrero, propietario de DSTAgE en Madrid, tampoco pudo resistirse a participar en el proyecto. Tras elegir El panadero de Mijáil Lariónov, se dio cuenta que su cocina y este cuadro guardaban "demasiadas similitides". Nada más verlo, Guerrero supo que la filosofía vanguardista del artista encajaba a la perfección con el sgnificado de sus platos: "Me inspiró la búsqueda del autor en la cultura y el arte popular local y fue uno de los primeros en incorporar figuras distorsionadas y colores brillantes". Una vanguardia entendida desde la tradición en el tiempo. Y una idea sobre la que pivota la cocina de este artista gastronómico con dos estrellas Michelín que reconoce la íntima relación entre arte y cocina: "Todos tienen un poco de artistas y artesanos. Al final se trata de transmitir emociones, de cocinarlas o pintarlas".

La chef Lucía Freitas, que luce una ansiada estrella Michelín en su restaurante A Tafona de Santiago de Compostela, eligió el cuadro de Georgia O’KeeffeLirio blanco’. Un amor a primera vista cuando paseando por los pasillos del Thyssen encontró la obra: "Es un cuadro con enorme carga emocional en el que la artista expresa sus emociones". Su cocina, de sensaciones, se asemeja a los sentimientos que la autora del cuadro plasmo´en 1957. "Ese amor por la naturaleza y el tratamiento tan intenso del color, que yo comparto, me llevó a decidirme por la obra", explica. Una naturaleza de la que nace la cocina de Freitas. La receta que acompaña al cuadro se basa en el olor a la higuera y a las flores, la leche de cabra y el aroma de la miel de castaño prevalecen en su plato. El color blanco con pinceladas de dorados, marrones y amarillos envuelven los pétalos de lirio.

Sensaciones en la buena mesa y en el arte que no han pasado desapercibidas para otros cocineros como Quique Dacosta, que eligió una obra de Max Beckmann, Quappi con suéter rosa, para elaborar un plato bañado por la presencia de flores raras. Ángel León optó por una composición de butifarra de lisa para recrear Omega 5 (Objetos de imitación), de Paul Klee y Paco Torreblanca se puso en la piel de Kandinsky y su Tensión suave para crear una tarta de yuzu y merengue que juega con placas de chocolates de diferentes geometrías.

Dalí y su Sueño causado por el vuelo de una abeja alrededor de una granada un segundo antes de despertar captó la atención de Roberto Martínez Foronda. Lo representó con un ceviche de gala, simulando la iel del tigre con tinta de calamar sobre láminas de boniato fritas. En otros casos, como el del Juan Marí y Elena Arzak, el color inunda la fotografía de su receta con un guiño a la obra un poco transgresor.

Colores que también dominan en la creación de Toño Pérez. La obra Retrato de Giovanna de Domenico Ghirlandaio le transmitió serenidad y calma. Desde que la vio supo que ese cuadro le inspiraría una sopa de higos chumbos, frutos rojos y helado de coco. Unos tonos cromáticos utilizados por el artista y que toman forma en la mesa del Thyssen junto a las otras creaciones gastronómicas.

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