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Esculturas de los leones del Congreso de los Diputados realizados por el escultor Ponciano Ponzano.
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Esculturas de los leones del Congreso de los Diputados realizados por el escultor Ponciano Ponzano. (Foto: Kike Rincón)

Del falso bronce de los leones al golpe de Tejero: la primera piedra del Congreso

miércoles 10 de octubre de 2018, 08:08h

Una imponente construcción de estilo neoclásico ejerce de puerta de entrada a la Carrera de San Jerónimo. Flanqueado por dos leones de bronce -que en su día fueron de yeso- el Congreso de los Diputados no solo atesora el poder legislativo, sino también 36 impactos de bala del 23-F en el techo. El 10 de octubre de 1843 una joven Isabel de Borbón colocó la primera piedra para su construcción.

Una amplia escalinata lleva hasta el Congreso de los Diputados, ejemplo del neoclásico español cuyo pórtico evoca al pasado grecolatino. Seis columnas corintias sustentan un frontispicio que representa a España abrazando a la Constitución. La democracia no se entiende sin su hemiciclo, así como la Plaza de la Cortes no se visualiza sin los leones que presiden la entrada a este edificio.

Bajo esa misma Carrera de San Jerónimo, sepultada por toneladas de hormigón y décadas de gobiernos, debe hallarse la primera piedra de la Cámara Baja. El mismo día de su 13º cumpleaños, la recién proclamada reina Isabel de Borbón tomaba una paleta para colocarla el 10 de octubre de 1843. La obra fue diseñada por el arquitecto Narciso Pascual y Colomer y se inaguró el 31 de octubre de 1850.

Hasta entonces, las Cortes se reunían en el Convento del Espíritu Santo, que fue derruido para levantar el actual Congreso. Con la desamortización de Mendizábal en 1836, el recinto pasó a la titularidad del Estado. La Iglesia se acondicionó como salón para acoger las sesiones, pero la amenaza de ruina llevó a la joven monarca a ordenar la construcción de la nueva 'incubadora' de las leyes.

Bronce bélico para los leones

Si el vestíbulo principal está presidido por la imagen de la propia Isabel II esculpida en mármol de Carrara, en la fachada exterior son dos enormes leones los que guardan el inmueble. No obstante, estos no son los originales. Los primeros se fabricaron con yeso pintado por la precariedad económica del reino.

Su deterioro fue inmediato y las piezas se sustituyeron por otra pareja de piedra más pequeña. Los leones definitivos llegaron en 1865. Para armarlos se fundió el bronce de varios cañones incautados por las tropas de Leopoldo O'Donnell en la batalla de Wad-Rass, en la Guerra de Marruecos. Con el metal se cubrió una estructura de madera.

Dentro también hay otros elementos con historia, como una biblioteca con más de 200.000 tomos en la que descansan innumerables manuscritos e incunables. Además, en el techo del hemiciclo se conserva la huella de la fallida sublevación militar orquestada por el teniente coronel Antonio Tejero el 23 de febrero de 1981. Como recuerdo de este episodio, 36 impactos de bala han quedado marcados sobre los 350 escaños de la habitación.

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