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CRÍTICA DE CINE

Emma Watson y Daniel Brühl en un fotograma de 'Colonia'
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Emma Watson y Daniel Brühl en un fotograma de 'Colonia' (Foto: BDI)

Colonia: una de acción para contar las atrocidades de la secta nazi Colonia Dignidad en Chile

viernes 20 de enero de 2017, 13:01h
Llega a las salas la última película del cineasta alemán Florian Gallenberger, Colonia Dignidad, con Emma Watson y Daniel Brühl.

COLONIA

Director. Florian Gallenberger
País. Akemania
Guión. Florian Gallenberger, Torsten Wenzel
Música. Fernando Velázquez
Fotografía. Kolja Brandt
Intérpretes. Emma Watson, Daniel Brühl, Michael Nyqvist, Julian Ovenden, Martin Wuttke, Vicky Krieps, Richenda Carey, August Zirner, Jeanne Werner

Sinopsis. Una joven pareja se ve envuelta en el golpe de Estado de Chile en 1973. Él es secuestrado por la policía secreta de Pinochet, y ella le seguirá la pista hasta una zona del sur del país llamada Colonia Dignidad, que aparenta ser una misión de caridad regida por un sacerdote.


Quizás sea por lo desconocido del capítulo histórico, por ser la primera vez que se lleva a la gran pantalla y dentro del circuito cinematográfico comercial este episodio, muestra, una más, de la barbarie de la que es capaz el ser humano. Pero lo cierto es que el filme Colonia enfadó bastante a la crítica chilena cuando se estrenó a aquel lado del charco en la primavera del pasado 2016. ¿Por qué? Ahora que la cinta llega a las salas españolas repasamos las bondades y debilidades de una cinta cuyo mayor reclamo, a priori, son Emma Watson y Daniel Brühl encabezando el reparto.

El cineasta alemán Florian Gallenberger, ganador del Oscar al mejor corto de ficción en 2001 por Quiero ser, sigue indagando en la historia de su país a través de su filmografía y bucea, esta vez, en la instalación en Chile durante los años 60 de una secta alemana fundada por el fundamentalista cristiano Paul Schäfer, huído de su país acusado de abusos sexuales. Al dirigente de la secta y algunos de sus miembros se los relacionó con el nazismo alemán emigrado a Sudamérica tras la derrota en la Segunda Guerra Mundial, el propio recinto aislado en el que residía la hermética comunidad –Colonia Dignidad- sirvió años después como centro de detención y tortura al régimen de Pinochet y, todo, con la aparente complacencia de los servicios secretos alemanes.

El manejo de la tensión es excelente

En medio de este cúmulo dolorosos despropósitos de la Humanidad, Gallenberger cuenta la edulcorada historia de amor entre Daniel Brühl, un idealista alemán que viaja a Chile para apoyar el entonces acorralado Gobierno de Salvador Allende, y su novia, Emma Watson, azafata de vuelo que aprovecha una escala larga en Santiago para visitar a su activista pareja. El reencuentro entre los enamorados se ve golpeado por el golpe de Estado de Pinochet: él acaba retenido en Colonia Dignidad; ella, ingresa voluntariamente haciéndose pasar por una devota cristiana para intentar salvarle.

La cinta está bien dirigida, Watson y Brühl permiten al espectador empatizar dentro del tono de la película con unos personajes y unas tramas para las que Gallenberger se ha tomado algunas licencias. La facilidad con la que los protagonistas burlan, en ciertos momentos, la férrea disciplina de la comunidad o el maniqueísmo en que caen algunos personajes exigen un pacto con el espectador, que debe relajar el escepticismo si quiere entrar en la película. Pero no es imposible. El manejo de la tensión que hace el director es excelente y se puede disfrutar del desasosiego inducido desde la butaca.

El problema de Colonia es una conjugación poco exitosa entre la película comercial que es y el homenaje solemne en el que quiere convertirse

El problema de Colonia es una conjugación poco exitosa entre la película comercial que es y el homenaje solemne a las víctimas de Paul Schäfer y su secta en el que quiere convertirse. La atmósfera que recrea Gallenberger en Colonia Dignidad roza, a veces, la ciencia ficción: una comunidad de personas silenciosas, pero pulcras, limpias, un recinto tan cuidado que parece sacado de un barrio residencial de Los Ángeles. Esa factura casi fantástica resta dramatismo a la historia, la aleja de la realidad aplastante de un trauma histórico y es, quizás, demasiado arriesgada para llevar al cine un acontecimiento en el que probablemente aún haya heridas abiertas. El resultado es una aparente frivolización de los hechos –no intencionada por parte del director que, de hecho, consiguió con la cinta que Berlín desclasificara documentos al respecto -; pero no una mala película si la expectativa es pasar un rato tenso en el cine. En cuanto al hecho histórico, mejor leer otros enfoques cuando llegues a casa.

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