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CRÍTICA DE CINE

Ryan Gosling y Emma Stone en un fotograma de La La Land
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Ryan Gosling y Emma Stone en un fotograma de La La Land (Foto: Universal Pictures)

La La Land. La ciudad de las estrellas: el moderno musical clásico

viernes 13 de enero de 2017, 07:52h
Así es La La Land: el musical que se ha convertido ya en el fenómeno cinematográfico de 2017, con Ryan Gosling y Emma Stone.

LA LA LAND. LA CIUDAD DE LAS ESTRELLAS

Director. Damien Chazelle
País. EEUU
Guión. Damien Chazelle
Música. Justin Hurwitz
Fotografía. Linus Sandgren
Intérpretes. Ryan Gosling, Emma Stone, J.K. Simmons, Rosemarie De Witt, John Legend, Finn Wittrock, Sonoya Mizuno, Jessica Rothe, Jason Fuchs, Callie Hernandez, Trevor Lissauer, Phillip E. Walker, Hemky Madera, Kaye L. Morris

Sinopsis. Narra una tempestuosa historia de amor que se verá obstaculizada por el afán de triunfo de los protagonistas. Mia, una aspirante a acrtriz que trabaja como camarera, y Sebastián, un músico de jazz que se gana la vida tocando en sórdidos tugurios, se enamoran, pero su gran ambición por llegar a la cima amenaza con separarlos.

Después de hacer historia en los Globos de Oro con siete galardones (incluyendo mejor película, mejor director, mejor actor y actriz, además de las evidentes banda sonora y canción original y un sorprendente mejor guión), el esperado musical La La Land se ha posicionado como la gran favorita en la carrera de los Oscar. ¿Qué tiene esta comedia romántica cantada –y bailada, muy bailada- para que se haya convertido ya en el fenómeno cinematográfico del recién estrenado 2017? Visitar La La Land es, como adelanta su subtítulo, entrar en La ciudad de las estrellas: una andadura por lo onírico, por la nostalgia más dulce; un canto a las artes, al amor más esencial y a los rincones más luminosos del ser humano.

Tras sorprender con la visceral Whiplash, Damien Chazelle ha logrado con La La Land traer al presente la esencia de los grandes musicales clásicos de Hollywood para sazonarla de actualidad. La historia de amor entre Sebastián, un músico de jazz obsesionado con la pureza de la música y aspirante a abrir su propio local, y Mía, una actriz en ciernes que se presenta a casting tras casting mientras trabaja de camarera en Los Ángeles, absorbe la trama. A pesar del evidente cambio de tono y estética y de la todavía breve filmografía de Chazelle, la música –el jazz en concreto-, la búsqueda del éxito y los sueños como meta alcanzable pero sufrida se posicionan como los leitmotiv del cineasta, incluyendo su menos conocida ópera prima Guy and Madeline on a Park Bench.

En La La Land, Chazelle se explaya y avisa al espectador de dónde se ha metido desde el número de apertura: una gigantesca coreografía en plano secuencia, en la que la cámara vuela en medio de una carretera, sorteando la ingente plantilla de bailarines. Espectacular. La fiesta de La ciudad de las estrellas acaba de empezar y anima a moverse en la butaca. Poco a poco, la película se calma y estiliza, a medida que se encierra en una pareja protagonista responsable, en buena medida, del éxito arrollador de la película. Porque es imposible no enamorarse de Emma Stone (Bridman, Criadas y Señoras) y Ryan Gosling (Drive, La gran apuesta) y de la química y la complicidad que desprenden en la que es su tercera colaboración cinematográfica tras Crazy Stupid Love (2011) y Ganster Squad (2013). Y, como en el delicado número del Observatorio Griffith, llega un momento en la cinta en que sólo importan ellos. Stone es naturalidad pura, incluso en el papel tendente al cliché que requiere la película; Gosling, magnetismo (y, en el backstage, constancia –en ninguna escena al piano recurrió a un doble de manos-).

Stone es naturalidad pura; Gosling, magnetismo

La mirada nostálgica a la época dorada del musical, con guiños a Cantando bajo la lluvia o los números de Fred Astaire y Ginger Rogers, se rodea de una constante referencia romántica al cine clásico en general: Casablanca, Rebelde sin causa, Un americano en París… En el apartado estético, La La Land se mira en el referente confeso más mencionado por Chazelle, el francés Jaques Demy, del que toma para su gran musical la paleta de colores pastel para fundirlos en la fotografía de Linus Sandgren, un gran al Technicolor. De nuevo, el cine amando al cine.

Imprescindible y obvia mención a la banda sonora de Justin Hurwitz, el hada madrina de Chazelle en cada uno de sus trabajos que ha demostrado estar a la altura en las tres películas del director, en las que la música siempre ha trascendido de elemento dramático a protagonista misma. Impecable, dulce, elegante y glamurosa la factura musical de La La Land.

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