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Mujeres del grupo del proyecto piloto en Parla para la prevención de la ablación
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Mujeres del grupo del proyecto piloto en Parla para la prevención de la ablación (Foto: Ayuntamiento de Parla)

Más de 2.500 mujeres están en riesgo de sufrir ablación en la Comunidad de Madrid

domingo 07 de febrero de 2016, 20:27h
La Asamblea de Madrid se tiñó de rosa el viernes 5 de febrero como antesala al Día Internacional de Tolerancia Cero con la Mutilación Genital Femenina, que se celebra cada 6 de febrero. Ese mismo día, en el interior del edificio tuvo lugar un acto en el que la presidenta regional, Cristina Cifuentes, anunció que su Gobierno pondrá en marcha un programa específico para prevenir la mutilación genital femenina en Madrid.

También el Ayuntamiento celebró en el museo Reina Sofía un encuentro bajo el lema 'El reto de la comunicación: construyendo conjuntamente un discurso transformador', organizado por la Unión de Asociaciones Familiares en colaboración con la Asociación de la Prensa de Madrid. Su intención es la de "generar diálogo entre los agentes sociales y las mujeres extranjeras", posibles víctimas de esta práctica.

Esta creciente implicación de los organismos madrileños tiene su razón de ser. En la Comunidad de Madrid hay 7.413 mujeres procedentes de alguno de los 29 países de África y Oriente Medio en los que todavía se practica la denominada 'mutilación genital femenina' (MGF). De ellas, de acuerdo con los últimos datos registrados por Médicos del Mundo Madrid -que datan de julio de 2014-, una tercera parte (2.629) están en riesgo de sufrir la MGF, a pesar de vivir en Madrid (España), donde está totalmente prohibida y penada por la ley. No es que se lo practiquen aquí, si no que lo hacen cuando viajan a sus países de origen por vacaciones, algo que en España también se considera delito y puede implicar una condena para los padres.

La Organización Mundial de la Salud entiende por mutilación genital femenina (MGF) o ablación toda resección parcial o total de los genitales externos femeninos, así como otras lesiones de los órganos genitales femeninos, por motivos no médicos. Según datos de Unicef, más de 125 millones de mujeres y niñas vivas en la actualidad han sido objeto de alguno de estos procedimientos, reconocidos internacionalmente como una violación de los derechos humanos y prohibidos en la mayor parte de los países del mundo.

Entre los municipios madrileños en los que se registra un mayor número de víctimas potenciales, generalmente las menores de 15 años, se encuentra el de Parla (246), que es el único Consistorio que forma parte de una comisión de trabajo para la redacción de un protocolo socio-sanitario de atención a la mutilación genital femenina en la Comunidad de Madrid. La intención es enseñar a los diferentes agentes a "detectar y prevenir posibles clases de mutilación entre niñas y mujeres y asistir correctamente a aquellas féminas que han sido víctimas de esta práctica", explican desde el Ayuntamiento.

Parla, la primera piedra en la región
El municipio acoge, además, un proyecto piloto en colaboración con Médicos del Mundo Madrid, que después de casi tres años está empezando a dar su fruto. El objetivo es crear un "espacio para que sean las mujeres africanas quienes hablen de la mutilación a otras ciudadanas". El Ayuntamiento ofrece cursos de formación de cuidadoras de personas dependientes -impartidos por médicos, enfermeras y socio-sanitarios de Médicos del Mundo- cuya finalidad, además de ofrecer esa preparación laboral, es captar la atención de estas mujeres para invitarlas a entrar en el proyecto.

Entrar, concretamente, en un grupo de reunión semanal formado en noviembre de 2015, y en el que con la ayuda de profesionales médicos o sociales, debaten y comparten hábitos de cuidado de los hijos, salud, higiene y mutilación. El señuelo funcionó, porque varias mujeres del primer y segundo curso siguen yendo a las reuniones después de meses. Ya son un total de 20 y parece que seguirá creciendo.

Una de las mujeres clave en el éxito de este programa es Hodan, miembro de Médicos del Mundo Madrid que trabaja como mediadora del proyecto. Todos los jueves se reúne con estas 20 mujeres, la mayoría subsaharianas. "Hablamos de todo porque no puedes sacar el tema de la mutilación desde un principio". Se cerrarían en banda o no volverían a las reuniones, explica. "A algunas les cuesta decir si les han hecho la ablación o no por miedo a ser juzgadas en uno u otro sentido, pero poco a poco se sueltan" y en la actualidad la mayoría hablan del tema con mucha naturalidad e incluso "algunas se manifiestan públicamente en contra".

El hecho de que Hodan sea somalí, también ayuda a crear un ambiente de confianza y comprensión mutua. Hodan recurre, además, a su propia experiencia para conectar con las mujeres que asisten a sus reuniones. "La cultura se desmonta con los hechos", apunta. Ella y sus dos hermanas son la prueba de que todos los mitos acerca de lo que le ocurre a las mujeres que no se hacen una ablación -por ejemplo, que se vuelven promiscuas- son falsos. "Ellas me dicen: ver que tú has salido adelante es un ejemplo para nosotras".

En su caso, tuvo suerte. Su madre "fue una valiente" que se negó a que mutilaran a sus hijas. "No quería que pasáramos por lo que había pasado ella, porque es muy doloroso durante toda la vida". No se refiere sólo al dolor físico, sino también al emocional y al psicológico, además de todas las secuelas y riesgos sanitarios e incluso mortales que implica.

Negarse, sin embargo, también tiene sus consecuencias. Hodan y sus hermanas no tuvieron que pasar por aquel proceso, pero sí conocieron el rechazo de los suyos. "Fuimos repudiadas por el simple hecho de nacer mujeres, porque si mi madre hubiese tenido niños, esto no habría pasado", sentencia. Las consecuencias son, además, a largo plazo. Hoy, 30 años después, su familia paterna sigue sin hablarle, aunque ella, ya les ha perdonado.

Esa presión social e incluso familiar que vivió Hodan es, precisamente, la que lleva a muchas mujeres a acceder a la MGF. "Chicas ya mayores, de 18 años o más, que lo hacen porque no soportan el rechazo", explica. Pasa mucho incluso en países europeos "como Inglaterra, donde la población somalí es bastante amplia", concreta.

En el caso de Parla, poco a poco las mujeres del grupo se van desprendiendo de algunos prejuicios y creencias aunque algunas -"dos, concretamente"- continúan "justificando la ablación", reconoce Hodan. Aún así, se muestra optimista: "La buena señal es que siguen viniendo a las charlas y que nunca han dicho directamente que estén a favor". Hodan entiende que en cierto modo estas mujeres buscan que les rebatan su postura una y otra vez, pero dejan la puerta abierta, como si quisieran que los argumentos de Hodan las terminen convenciendo.

Los efectos positivos del grupo empiezan a salir también de la sala en la que se reúnen los jueves. Las chicas "están bastante sensibilizadas con el tema y algunas ya han empezado a decirle a sus amigas que vengan a las reuniones", celebra Hodan. Una incluso le ha pedido que vaya a su parroquia para dar una charla. "Con el boca a boca todo empieza a funcionar", exclama. Sabe, no obstante, que son muchas mujeres en toda la Comunidad de Madrid, pero considera que Parla "es sólo la primera piedra".

La implicación institucional crece
Otro detalle importante, a su juicio, es que hace muchos años, cuando ella llegó a vivir a España, nadie ni dentro ni fuera de las comunidades subsaharianas hablaba del tema. "Ahora se habla de ello" e incluso desde las instituciones se actúa. Considera, sin embargo, que no siempre se hace de la mejor manera. Para Hodan las conferencias y cursos están bien, pero son sólo un complemento que no sirve de mucho si no se habla directamente desde dentro con las posibles afectadas. "Hay que implicarse más", resume. "En vez de dedicarse tanto a sensibilizar a la sociedad en general, hay que centrarse en el tú a tú dentro de la comunidad subsahariana" para convencerlas a ellas de la ablación es una práctica injustificable.

En ese sentido, Laura Nuño, directora del Observatorio de Igualdad de la Universidad Rey Juan Carlos (URJC) de Madrid, también destaca la importancia de "irracionalizar la práctica de la ablación" con argumentos, sanitarios por ejemplo, "frente a las cuestiones culturales" con las que se justifican estas costumbres en los países donde se realizan. Precisamente en esa línea va a trabajar la URJC gracias a un nuevo programa -que puso en marcha el pasado 1 de febrero- para combatir y prevenir la mutilación genital femenina en nuestro país.

Se trata de un proyecto financiado con 68.000 euros por el programa Daphne de la Comisión Europea y del que forman parte 5 entidades de distintos países como Italia y Portugal. En España, el proyecto está liderado por la universidad madrileña. Consistirá en una formación multisectorial académica dirigida a unos 50 profesores y 500 alumnos de todas las ramas, desde el derecho o el trabajo social hasta la enfermería y la medicina, según explica Nuño. El objetivo es formar a futuros profesionales para saber cómo gestionar situaciones en las que haya implicada una mujer que sea víctima o posible víctima de la MGF.

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