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Un lugar para aprender dentro de la Cañada Real
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(Foto: Patricia Velasco)

Un lugar para aprender dentro de la Cañada Real

lunes 25 de enero de 2016, 12:00h

A 15 kilómetros del centro de la ciudad, a un lado de la A-3, el panorama cambia radicalmente: los grandes edificios dan paso a las chabolas, la pobreza y un paisaje sumido en el barro. No todo son drogas y delincuencia en el asentamiento ilegal de la Cañada Real: sus vecinos, los que conviven con estas realidades, luchan por la normalización. Para que esto resulte más fácil, Cáritas Madrid trabaja en la zona. Madridiario ha querido conocer de cerca los proyectos que la entidad desarrolla en la Cañada.

Uno de los proyectos que Cáritas Madrid lleva en la zona es la alfabetización de la población. Una actividad que desarrolla desde hace 6 años cuando alquiló un local en una antigua fábrica de muebles. Partiendo del conocimiento que tenían de las familias, la entidad apostó por la educación. “Pensamos que la educación en un sentido amplio es un magnífico medio para transformar situaciones de extrema pobreza”, cuenta Javier Prieto, coordinador de los proyectos de Cáritas Madrid.

El centro educativo, ubicado en el sector 6 de la Cañada Real, cuenta con 260 adultos en programas de formación. Hay diferentes niveles de alfabetización, habilidades sociales, habilidades domésticas, proyectos con hombres, formación profesional de peluquería, clases de informática, etcétera. En este proyecto hay población marroquí, gitana española y gitana rumana. Los usuarios más predominantes en el centro, en la actualidad, son los marroquíes.

“Cuando empezamos en este proyecto de alfabetización, había una preocupación sobre todo por el colectivo gitano”, nos cuenta Javier Ródenas, trabajador social de Cáritas Madrid. En ese momento la normativa de tráfico cambió. A partir de la segunda vez que la Guardia Civil o Policía Municipal detenía a una persona e identificaba que el conductor no tenía carnet de conducir, esta persona podía ir a la cárcel. Cáritas Madrid comenzó desde ese momento a alfabetizar a hombres del asentamiento.

Poco a poco, también se fueron beneficiando de esta situación las mujeres, sobre todo, de origen marroquí. “La mujer marroquí no tenía un espacio de encuentro como tiene el hombre marroquí. Gracias a este espacio, estas mujeres empezaron a venir con una tremenda motivación para que les ayudáramos con el idioma, a poder apoyar a sus hijos con las tareas escolares, a conseguir el carnet de conducir o a obtener una formación laboral”, explica Ródenas. Una de estas beneficiarias es Latifa, marroquí de 38 años y madre de cinco hijos, que acude a este centro para aprender español y poder desenvolverse en nuestro país. “Tengo muchos sueños. Vengo aquí porque mi ilusión es seguir estudiando (en Marruecos estudiaba segundo año de derecho), aprender bien el idioma, sacarme el permiso de conducir y salir de la Cañada. Sé que no es fácil porque aquí no tengo que pagar los gastos que genera una vivienda y con la renta mínima no sé si podría permitírmela. Necesito salir para ofrecerle a mi hija con discapacidad actividades para su desarrollo. Viviendo aquí es difícil por la falta de recursos y de transporte”, asegura.

Una idea que comparte con Elena, española de 25 años y madre de un hijo que acude al centro a clases de informática. “Hago todos los cursos que puedo y los incluyo en el paro. Mi idea es salir de la Cañada, no estar toda la vida aquí. No vivo aquí para que me den una casa", explica.

En los cursos de alfabetización hay tres grupos diferenciados: el de iniciación, intermedio ("que conoce el abecedario, las letras, que sabe cómo se juntan, cómo se pronuncian...", cuenta Ródenas), y después hay un tercer grupo avanzado, que se dedica a una lectura comprensiva y trabaja conceptos matemáticos. "Intentamos también abordar este tema de cara a cualquier situación laboral", añade Ródenas.

Además, para los adolescentes entre 16 y 19 años tienen Formación Profesional en Peluquería, que este año han conseguido que sea una formación avalada por la Comunidad de Madrid, con prácticas que realizarán en una conocida franquicia, fuera de la Cañada.

Por otro lado, los viernes tienen un taller de habilidades sociales. Este año está centrado en la costura. "Con este taller estamos intentando montar un pequeño autoempleo; queremos montar una cooperativa de trajes marroquíes. Ellas trabajan bien la artesanía, ciertos puntos que se labran a mano”, dice Ródenas, "y si encontramos alguna empresa que realice la base de estos vestidos y ellas realicen el resto (adorno), puede tener una salida de venta para la población marroquí, porque no es fácil encontrar este tipo de vestidos por aquí”. Todos los profesores, que día tras día se trasladan a este centro educativo para dar clases, son voluntarios, excepto las dos profesoras que dan las clases de formación profesional básica según el convenio con la Comunidad de Madrid, que servirá para abrirles las puertas a un futuro lejos de la Cañada. "Si yo tengo la oportunidad de encontrar un trabajo y salir de aquí, voy a hacerlo. No quiero que mis hijos vivan de esta manera”, concluye Elena.

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