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Venecia bajo la nieve: al estilo de Osinaga

Venecia bajo la nieve: al estilo de Osinaga

lunes 29 de agosto de 2011, 00:00h
Parece que esta va a ser la temporada de las comedias, del humor. Teatro cómico como antídoto para la crisis: Toc Toc, La cena de los idiotas, Burundanga, Se quieren, Carcajada salvaje y Venecia bajo la nieve. No busquen en el último título del teatro Lara pistas sobre su argumento. Es un simple recurso que se entiende en la última escena.
Venecia bajo la nieve es una comedia al estilo de las que hacía Pedro Osinaga: un decorado funcionalmente elemental, dos o tres puertas, un argumento disparatado y unos actores eficaces. Como en La cena de los idiotas, asistimos a una velada casera, con unos anfitriones empalagosos y patosos y unos invitados que, de víctimas, pasan a ser verdugos. Hay un cierto trasfondo crítico a las falsas actitudes caritativas de nuestra burguesía, pero sin llegar a hacer sangre. Lo importante es provocar las carcajadas. Y lo consiguen.

Los sabios saineteros y vodevileros sabían que se metían al público en el bolsillo haciéndole cómplice desde el principio de algo que desconocen los protagonistas. Este recurso lo utiliza el parisino Gilles Dyrek, hijo de un veterano comediante. Poco después de levantarse el telón, los anfitriones creen que la novia de su amigo es extranjera y encadenan meteduras de pata. Pero como los espectadores saben que no es así, se parten de risa. Para dar opción a que las dos parejas tengan escenas independientes, el autor hace entrar y salir a los dueños de la casa. En el vodevil, y en el astracán, cada situación absurda debe ser seguida por otra más disparatada. Aquí se consigue a medias. Hay un momento en que la acción pierde fuelle porque el autor parece que no tiene muy claro cómo salir del atolladero. Así que aparece la Venecia bajo la nieve para justificar un romántico final.

La puesta en escena es sencilla. El escenario del Lara tampoco da para más. Y los cuatro actores se entregan con energía a hacer creíble el disparate. Aciertan a colocar los chistes y sirven bien las escenas a los compañeros. Especial mención para la estupenda Eva Isanta, que en toda la primera parte se convierte en una presencia casi cómicamente muda. Junto a ella Marina San José, Pablo Carbonell y Carlos Heredia.

No tiene Venecia bajo la nieve la ambición ni las pretensiones de otros espectáculos, como La caída de los dioses, pero tampoco engaña: es comedia pura y dura para hacer reír.
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