La capital acogió a mitad de agosto la Jornada Mundial de la Juventud, organizada por el Arzobispado de Madrid, con el apoyo de las administraciones españolas. Benedicto XVI visitó la Villa, envuelto en varias polémicas. Dos millones de jóvenes se concentraron para compartir una semana de fe con el pontífice.
El festejo se fraguó dos años antes. Antonio María Rouco Varela consiguió la segunda Jornada Mundial de la Juventud para España desde su creación. La primera se produjo en Santiago de Compostela. Desde el primer momento, recibió
el apoyo de las administraciones. El Gobierno consideró el evento acto de excepcional interés público y autorizó exenciones para los peregrinos y numerosas facilidades (entre ellas,
exenciones de hasta el 90 por ciento en impuestos a las empresas participantes). A medida que se fue acercando la fecha, la Comunidad y el Ayuntamiento hicieron lo propio.
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La JMJ se planteó, además de como un encuentro de fe, como una oportunidad económica para los comercios de la ciudad y como un altavoz turístico de Madrid. Las administraciones regional y municipal
no repararon en esfuerzos para que la visita del papa fuese uno de los mayores eventos de la capital. La primera iniciativa fue la cesión de colegios y polideportivos para que durmiesen los peregrinos. Luego la modificación obligatoria de períodos de vacaciones de muchos funcionarios para que realizasen su labor durante la JMJ. La más polémica estuvo relacionada con la creación de
un abono especial para peregrinos con importantes rebajas, pocos días después de
subir un 50 por ciento el billete sencillo de transportes a los madrileños. UGT amagó con hacer
una huelga en Metro para protestar pero se echó atrás.
Hubo
críticas y
movilizaciones, que intentaron bloquearse desde la Comunidad de Madrid y que tuvieron riesgo de atentado por
un fundamentalista religioso, e incluso enfrentamientos entre manifestantes y peregrinos exigiendo que no se utilizasen
recursos públicos para un encuentro que era privado y cuyos beneficios repercutían en
la organización. Los ciudadanos que protestaban acabaron siendo dispersados mediante
cargas policiales.
Una ciudad colapsada
Los peregrinos
fueron llegando y
ocuparon toda la ciudad y
muchos municipios de la región. El centro se colapsó.
El transporte público estuvo sobresaturado toda la semana, a pesar de las líneas especiales y de
los cortes de acceso al centro para mejorar la movilidad peatonal.
Los museos y zonas de ocio del interior de la M-30 se llenaron de jóvenes participantes de la JMJ, que tenían privilegios de acceso gracias a sus credenciales peregrinas.
Las reuniones entre la cúpula vaticana y el Gobierno buscaron, entre otros asuntos,
un punto de acuerdo en el tratamiento del Valle de los Caídos. El pontífice se comprometió a mediar con la Conferencia Episcopal para avanzar en el trabajo de la comisión que estudia su tratamiento histórico, a cambio de respetar la labor de los monjes que cuidan la basílica y su función de templo.
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La sociedad madrileña
recibió a Benedicto XVI con banderas españolas y pontificias en gran cantidad de balcones. Los reyes le esperaron en Barajas. Al llegar a Cibeles dio un discurso en el que convirtió Madrid en
la capital de los jóvenes del mundo. Al día siguiente, visitó
El Escorial y realizó un
Via Crucis bajo un sol de justicia por el eje Prado-Recoletos. El su tercer día de visita, el papa acudió por primera vez al aeródromo de Cuatro Vientos, que llegó a acoger a
dos millones de personas.
Una tormenta no amilanó ni el discurso del pontífice ni a un público entregado. La lluvia provocó el desprendimiento de una torre de sonido que hirió a varias personas.
Un discurso de fe, no de política
El cuarto y último día, Joseph Ratzinger, realizó también en Cuatro Vientos
un discurso relacionado con la fe, sin centrarse en la política. Propuso poner a Cristo en el centro de la vida y apoyarse los unos a los otros como muestra de adhesión a su doctrina. Vio necesario proclamar la palabra de Dios desde dentro de la Iglesia. Por último, anunció que la próxima Jornada Mundial de la Juventud
se celebrará en 2013 en Río de Janeiro. Mientras, Antonio María Rouco Varela urgió al matrimonio y vida proyectada y realizada según el plan de Dios y al Evangelio de la vida.
Tras la cita papal, no se dieron los resultados esperados. A pesar de que la organización habló de cientos de millones de beneficios para la ciudad,
comerciantes y hoteleros criticaron que los peregrinos no habían gastado lo previsto por las ayudas que se les dio desde las administraciones para venir a la JMJ.