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El tejo nos acompaña en nuestro paseo por los árboles singulares del Real Jardín Botánico (RJB)
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(Foto: Mila Checarelli)

El tejo nos acompaña en nuestro paseo por los árboles singulares del Real Jardín Botánico (RJB)

lunes 21 de diciembre de 2020, 17:52h

Tejo. Taxus baccata. Familia Taxaceae

El tejo es un árbol muy especial, muy longevo, en su hábitat natural puede alcanzar una altura máxima de 19 m y vivir hasta 1500 años. El ejemplar del Real Jardín Botánico (RJB) tiene una altura de 15,5 m y un diámetro de 0,65 m y su edad estimada está entre 100-120 años.

Se trata de un árbol perennifolio que puede alcanzar gran talla y longevidad, siendo su madera y su tronco rojizos, retorcidos y abigarrados. Con frecuencia muestra un desarrollo desigual, su copa presenta formas piramidales con abundantes ramas, largas y flexibles, gruesas que salen del tronco en sentido horizontal. El tronco es grueso y con una corteza delgada de tiras pequeñas de color pardo rojizo o grisáceo alcanzando diámetros de 1,5 metros. El tejo tiene ramillas extendidas o colgantes, angulosas y emite brotes en tronco y ramas en todas las edades.

Tiene hojas lineares, aplanadas de color verde oscuro por la cara superior y verde amarillento con franjas estomáticas bien diferenciadas por el envés, de 10 a 30 mm, dispuestas en dos hileras opuestas.

Es una especie dioica que presenta pies masculinos y pies femeninos. Los ejemplares macho producen en las axilas de las hojas unos pequeños conos solitarios, globosos amarillentos, con 6-14 escamas peltadas, cada una de ellas con 4-8 sacos polínicos; en cuanto a la flor femenina destaca la presencia, justo en el momento de la fertilidad, de la gota micropilar para la captura del polen.

Las semillas fructifican en forma de arilo carnoso que rodea la simiente, de intenso color rojo y sabor agradable; y es la única parte de la planta que no es tóxica. El falso fruto está adaptado a la dispersión endozoocoria o dispersión a través de animales. Florece a finales del invierno y las semillas maduran en otoño y cada seis o siete años el árbol tiene una producción abundante de frutos.

Medra en lugares frescos y húmedos, en barrancos umbríos y en vaguadas de suelo profundo, abundando más en la montaña que en el llano; resiste bien el frío y necesita para desarrollarse cierto grado de humedad en ambiente y suelo. Raramente forman bosquetes, suelen encontrarse a los ejemplares aislados o formando pequeños grupos o rodales. Aparecen como acompañantes en hayedos, abedulares, pinares de montaña y también en encinares y madroñales.

La distribución europea de la especie es amplia llegando por el norte a los países nórdicos y por el este al Cáucaso y las montañas de Turquía. También se encuentra en el norte de África (Rif y Atlas en Marruecos y montañas de Argelia), donde el tejo puede subir en altitud por encima de los 2500 m. Y singulares son las manifestaciones del norte de Portugal, el sur de Italia (Sicilia y Cerdeña) y de la Península Ibérica (Sierras de Tejeda, Almijara y Alhama y Sierra Nevada), verdaderos relictos donde el tejo se encuentra en extremo límite de supervivencia.

En España, 300.000 tejos se reparten desde Andalucía hasta Galicia, aunque predominando en las cordilleras de la mitad norte.

Casi todas las partes de la planta son ricas en alcaloides tóxicos: taxina, taxol y baccatina, siendo el primero el más peligroso, pues puede llevar a la muerte en pocos minutos. El arilo o baya es la única parte libre de taxina, pudiendo ser ingerido con la precaución de retirar la semilla.

La madera del tejo es inodora, muy dura, compacta, resistente, flexible e imputrescible. Antiguamente era la madera preferida para fabricar arcos y lanzas pero también la encontramos en vigas y pilares e incluso en la fabricación de figuras y tallas finas como mangos de cuchillo, cucharas o piezas de instrumentos musicales. También se empleaba en ornamentación por su follaje perenne, denso y oscuro, y por su aspecto general, para todo tipo de jardines.

El tejo es un árbol mítico por su longevidad, y un árbol vinculado a la muerte por su temida toxicidad. Ya en los primitivos pueblos celtas se veneraban monumentales tejos porque eran considerados símbolos sagrados, y los druidas los relacionaban con los viajes a la eternidad. Árboles que pueden superar el millar de años, con una carga mitológica importante por su longevidad durante siglos han poblado Europa formando bosques densos, oscuros y frondosos pero que en los últimos 2000 años han pasado a estar casi en peligro de extinción por el expolio al que han sido sometidos debidos a las propiedades de su madera y a las propiedades ornamentales y médicas que presentaban.

Taxus baccata o el tejo proviene del nombre genérico latino Taxus y ya lo mencionaban Plinio y Virgilio; además de que puede derivar de la palabra griega “taxis” que significa hilera y que puede hacer referencia a la singular disposición de sus hojas o también del vocablo “toxicos” que podemos traducir como veneno. Y por otra parte baccata proviene del latín “bacca” (baya), que hace referencia al tipo de fruto. Es singular que el tejo tiene un crecimiento más lento a medida que ascendemos en altitud. No suele aparecer formando bosques, y actualmente le encontramos como ejemplares aislados. Sin duda esta especie pertenece a un tiempo pasado donde el clima era más húmedo y frío que el actual y por eso le encontramos en barrancos húmedos y en zonas sombrías y rocosas de zonas montañosas, germinando en suelos profundos.

Una de las tejeras más importantes de Europa se encuentra en la provincia de Palencia, aunque el ejemplar conocido más antiguo de Europa está en Escocia: el tejo de Fortingall (Escocia) que sobrepasa los 15 metros de diámetro y una antigüedad superior a los 2000 años. Y no podemos dejar de nombrar al tejo de Bermiego (Asturias) con seis metros de perímetro y entre los 1000 y 1500 años de antigüedad o al tejo de Barondillo situado en la sierra madrileña de Guadarrama y que existía desde la época de los romanos.

Es importante evaluar que el riesgo de incendios y el cambio climático, están provocando el aislamiento de los últimos bosques y además su empobrecimiento genético. Por ello, el tejo es una especie protegida prácticamente en todo el continente europeo, porque expertos botánicos temen por su desaparición; y para mejorar las tejadas supervivientes aisladas, se ha iniciado el proyecto europeo “Life Taxus” que incluye el cultivo de plantones en viveros especializados y su posterior cuidado y traslado a la naturaleza. Estos bosques son vulnerables y existen muy pocos en Europa por lo que se han iniciado estudios y proyectos que consideran los bosques de tejos como hábitats de interés prioritario.

Logotipo Life Taxus

El tejo se ha identificado con el Árbol de la Muerte porque ya en la literatura clásica, griega y latina, aparecía como procedimiento para suicidarse, el comer sus hojas y/o sus semillas, o su corteza directamente o en forma de infusión (es conocido que los resistentes numantinos a Escipión el Africano preferían “acogerse al tejo” antes que rendirse). Cantidades altas de taxina ocasionan una serie de problemas neuronales y circulatorios que pueden acabar con una parada cardiorespiratoria. Y no deja de resultar peculiar que rumiantes y roedores que ingieren sus hojas no tienen problemas porque en sus estómagos se degrada la taxina que es la sustancia venenosa.

En su dualidad el tejo presenta también una buena química, es la paradoja de un árbol altamente tóxico que ha ayudado a combatir multitud de cánceres, salvando miles de vidas. Es un árbol que se vincula y se asocia a la vida y a la muerte. Así en la edad media se usaban la madera del tejo para fabricar arcos y flechas letales, mientras que en la edad antigua el Emperador Claudio recomendaba el extracto de sabia del tejo como antídoto con grandes propiedades curativas para algunos mordiscos de ofidios. Y en el Renacimiento, nuevamente, era considerado antirreumático, antimalárico y antiabortivo, estando detrás de numerosas recetas médicas caseras. En 1968, el taxol fue descubierto y aislado por Wani y Wall en el Research Triangle Institute (RTI) en Carolina del Norte, a partir de la corteza de T. brevifolia conocido comúnmente como tejo del Pacífico, siendo uno de los más potentes anticancerígenos. Además a partir de sus hojas, se obtienen compuestos alcaloides que combaten diversos cánceres como el de mama, el de ovario, el de pulmón. En los años 80 en el continente asiático se talaron más de dos millones de ejemplares con fines farmacéuticos provocando las protestas de los grupos ecologistas que vieron un motivo para preocuparse por la misma supervivencia del tejo. Felizmente, el compuesto químico taxol ya no hay que conseguirlo mediante la tala masiva de árboles porque se obtiene sintéticamente en los laboratorios.

El tejo ha sido considerado árbol místico ya desde los cultos precristianos, árbol sagrado, que representaba la vida y la muerte, la resurrección y la reencarnación. El cristianismo ha incorporado en su doctrina al tejo como representante de la eternidad del alma por su longevidad y siempre ha ido asociado a las iglesias y a los cementerios. En la cultura celta el tejo actuaba como marca y conductor al inframundo, era el guardián del portal entre la vida y la muerte. Entre los druidas de los antiguos celtas, el tejo era un árbol muy venerado, porque creían que era un poderoso escudo ante los encantamientos de hadas y brujas.

Curiosidades sobre el tejo

El conocido hombre de hielo “Ötzi” congelado hace más de 5300 años y descubierto en los alpes tiroleses en 1991 portaba un arco inacabado y otros objetos de madera de tejo.

También los descubrimientos del lago de Bañolas (Girona), de mangos y arcos de madera de tejo datados en unos 7.000 años.

Los antiguos pobladores del norte de España, practicaban el suicidio con veneno de tejo antes que dejarse capturar por el enemigo.

El emperador romano Claudio publicó un edicto oficial, por el que informaba al pueblo que contra las mordeduras de serpientes, el mejor antídoto era el consumo de la savia de tejo.

El filósofo y botánico griego Teofrasto en su tratado Historia de las plantas” mencionaba sus potenciales efectos:

“Produce un fruto oblongo poco mayor que una judía, el cual es rojo y terso. Dicen que si las caballerías comen sus hojas mueren, mientras que los rumiantes no sufren ningún daño. Hay hombres que comen su fruto, que es dulce e inocuo”.

Recientes teorías apuntan a que el tejo es un árbol que cambia de sexo para adaptarse a las nuevas condiciones del cambio climático. El aumento de las temperaturas y la disminución de las precipitaciones hace que los tejos adopten nuevas estrategias para su supervivencia. Los tejos son dioicos, es decir de uno u otro sexo; los árboles masculinos son capaces de vivir en condiciones climáticas más duras, con más frío y menos agua y las hembras necesitan un clima más templado y suelos más ricos.

Ha causado sorpresa cambios como el producido en el tejo macho de la iglesia de Llanfeugan en Pencelli (Gales), con más de 3000 años al producir repentinamente bayas. Y no es el único caso, también se ha producido el cambio con el conocido tejo de Fortingall (Escocia).

¿Por qué son tan longevos los tejos?

(Pequeño fragmento del libro “Patrimonio Secreto. Cultura y Biodiversidad del Tejo en la Cuenca del Sil”)

“En épocas anteriores el tejo ha sido considerado como el árbol de la muerte, siempre asociado a esta por sus tonos oscuros y su apariencia longeva, incluso inmortal. Pero, ¿es el tejo realmente inmortal? Está claro que no, ya que una agresión externa (tala, poda desmedida, incendio); alguna invasión fúngica (Phytophthora sp.) o incluso algún genero de ácaro ha traído como consecuencia en ocasiones la muerte del tejo. Aun así, se diría que en condiciones naturales óptimas el tejo puede vivir eternamente gracias a la vigorosa capacidad de regeneración presente en cualquier momento de su vida. A esta capacidad de regeneración, asombrosamente fuerte en individuos a veces milenarios, une el tejo una serie de estrategias que conjugadas pueden mantener a un mismo individuo (concebido como un genotipo) vivo para siempre. Estas estrategias son:

Recrecimiento: un tronco caído (ej. tormenta) puede rebrotar mientras exista alguna ligazón con las raíces. En el vigor de los nuevos brotes no tiene nada que ver la edad original del tronco que cayó, siendo este comparable al de ejemplares jóvenes de semilla.

Postrado de ramas: con esta estrategia el tejo perpetúa su genotipo dejando caer ramas a los lados y produciéndose al contacto con el suelo el renacimiento de un nuevo tronco.

Ahuecado de tronco: como un proceso natural en la vida de un tejo se produce el ahuecado de tronco, un proceso que dura cientos de años durante el cual el árbol reestructura su copa para no ceder el tronco al peso de la misma.

Parón de crecimiento: a diferencia de las otras especies, que necesitan aumentar su perímetro con anillos de al menos 0,5 mm al año para no morir; el tejo puede vivir con crecimientos sensiblemente inferiores, dando lugar a los llamados “anillos fantasma” que una simple inspección ocular a menudo no detecta en un perfil de corte.

Raíces internas: surgen estas como complemento a la estrategia anterior, ya que son emitidas por el tejo para “autodigerirse” y asentar aún más la copa durante el ahuecado del tronco. Con el paso de los siglos, el antiguo tronco del tejo habrá desaparecido y uno nuevo se habrá formado en su interior. El ciclo vital del tejo ha vuelto a iniciarse”.

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