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Felicidades Mamá

sábado 02 de mayo de 2020, 23:17h

¡Primer Domingo de Mayo!


Otro día de esos especiales, otro día de esos marcados en nuestra agenda, en nuestro calendario y hoy más que nunca en nuestro corazón ¡Hoy es es día de la Madre!

Un día para el que teníamos también un plan, ir a ver a mamá y celebrarlo con ella. Pero una vez más el COVID 19 nos vuelve a robar la agenda. Y habrá madres, muchas madres que pasen su día solas, como si no tuvieran hijos. Como si de verdad estuvieran solas. Porque así es como se sienten, solas, desde que las encerraron en casa y les privaron del calor de los suyos, de lo único suyo que realmente tienen: Sus hijos, y los hijos de sus hijos...

Solas en la peor versión de la soledad, la impuesta, la que no es elegida. La que te atrapa y te impide ser libre. Y como mucho, se tienen que conformar con ver a alguno de sus hijos al fondo del pasillo al llevarle la compra. Privándole de lo que más necesitan, un beso. Un abrazo de esos intensos, de los que sin palabras les diga que todo va a ir bien.


Las madres, esas que nos dan la vida y son capaces de dar la suya. La primera persona a la que queremos, la primera persona que nos abraza, la primera persona a la que sentimos. La primera de la que estamos deseando tomar distancia y a la primera que acudimos. Esas que encuentran todo. Esas con súper poderes, que son capaces de curar una herida con su saliva. Esas que tienen una frase para cada cosa. Esas que cocinan mejor que nadie y que da igual la edad que tengamos, siempre nos tiene preparado un tupper. Esas que aunque nos cueste reconocerlo, siempre llevan razón. Esas con las que discutimos para terminar pidiéndole consejo. Esas que estamos hartos de que nos llamen y si no nos llaman, las echamos tanto de menos, o peor aún pensamos que algo pasa. Esas que pasan de ser nuestro enemigo a nuestro mejor confidente. Esas que nos regañan y a la vez nos encubren. Esas que dejan de tener vida, porque su vida es la nuestra. Esas que su capacidad de sacrificio no tiene límite. Esas que sufren por todo y te muestran su mejor sonrisa. Esas que con sólo mirarlas saben lo que te pasa. Esas que nunca te juzgan sólo te consuelan. Esas que te cuadran un balance y son las mejores directoras financieras hasta sin recursos. Esas que te besan como nadie lo hace en el mundo. Esas con una capacidad infinita para perdonar. Esas que da igual la edad que tengas, porque siempre el lugar más seguro es entre sus brazos.


Desde niños, el Día de la Madre ha sido uno de los más importantes en nuestra vidas. Esa manualidades que hacíamos con semanas de antelación en el colegio, muchas de ellas con poesía que estabas deseando recitarle ese primer Domingo de Mayo. Un día de celebración, de familia, de sobremesas largas. De comer fuera para que ella no cocinara. De ir a verla, aunque vivieras a cientos de kilómetros y si era con sorpresa, mejor aún.


Y una de esas madres que este día lo pasará sola, será la mía. Y supongo que ninguna madre lo merece, pero les aseguro que la mía no. Porque ella siempre está, porque ella dejó hace muchos años de tener su vida para vivir las nuestras. Porque es el núcleo de nuestra familia. Porque vivió por y para mi padre. Porque es discreta, inteligente, paciente, generosa. Porque primero te consuela y luego te pregunta. Con una increíble capacidad de adaptación y de saber estar... Pero eso da igual, porque hoy estará sola. Y dice que “ahora es cuando sabe de verdad lo que es estar sola” aunque tenga 4 hijos y 5 nietos, pero está sola. Y eso, es un pellizco en el alma...


Por eso cuando esto pase, que pasará... Recordaremos que hubo un virus que cada día que pasaba se volvía más cruel. Y nos quitó a muchas de nuestras madres. Y que fue tan inhumano, que no nos dejó ir a celebrar el Día de la Madre con ellas, robándonos esos besos y esos abrazos que eran para ellas. Y fue entonces, cuando nos dimos cuenta de lo importantes que eran, de su valor. Y nos sentimos mal pensando en la de veces que por pereza o por inconveniencia no habíamos ido a verlas, ni siquiera hacerles una llamada. Por eso, ojalá y nunca olvidemos que no fuimos libres ni siquiera, para ir a ver a nuestras madres. Y de ahora en adelante aprendamos a contar no hasta 10, sino hasta 100 antes de enfadarnos. Y nos dejemos de excusas para ir a verlas, abrazarlas, besarlas, sin guardarnos más “Te quieros”. Porque es verdad que deberían ser eternas, pero hoy por un virus y mañana no sabemos porqué, puede que ya no estén..

¡Te quiero Mamá!

Esther Ruiz

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