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No es una moda pasajera

miércoles 18 de septiembre de 2019, 12:58h

La sostenibilidad, está, existe y ha venido para quedarse.

Y cuando hablamos de este concepto nos referimos fielmente a su definición, es decir, a la necesidad que tenemos los humanos de satisfacer las necesidades actuales sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras de obtener las suyas, garantizando el equilibrio entre crecimiento económico, cuidado del medio ambiente y bienestar social. Me atrevería a añadir también el equilibrio y la ordenación territorial.

Naciones Unidas, Comisión Europea, Parlamento Europeo, G20, G8, G7 o cualquier otro numerónimo lo están diciendo alto y claro. Otra cosa es el grado de sinceridad de algunos dirigentes con respecto a las consecuencias de este grave problema. Pero, sin duda, la Agenda 2030 y la consecución, en esa fecha, de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) se han convertido en un banderín de enganche para buena parte de los gobiernos democráticos del mundo que saben que su implicación activa es acuciante, inexcusable e inevitable.

El calentamiento global ha pasado de ser una amenaza fantasma, para algunos y algunas, a ser la realidad tozuda que nos conmina a todas las personas a una solución inmediata. El síntoma más evidente es que (casi) nadie recuerda que en la COP21 de París se alcanzó un acuerdo histórico al conjurarse 195 países de todo el mundo para evitar que la temperatura media global supere los 2ºC respecto a los niveles preindustriales, prometiendo esfuerzos para no superar los 1,5ºC. Ahora sólo hablamos de adaptación, reducción y mitigación de los efectos del Cambio Climático.

Fenómenos climáticos extremos, con inundaciones y sequías, olas de calor y frío extremo, desertificación, pérdida de biodiversidad, aumento del nivel de los océanos, modificación del patrón de los vientos, el rápido derretimiento del Permafrost del Ártico (modificando el paisaje y liberando más gases de carbono), o la cantidad y frecuencia de las precipitaciones y huracanes más virulentos provocados por el calentamiento del agua marina son efectos directos del Cambio Climático.

Yakarta, Lagos, Nueva Orleans, Houston o Beijing son algunas de las ciudades que se están hundiendo debido al aumento del nivel del mar y la extracción excesiva de agua subterránea.

En España, los eventos extremos climatológicos, expresados en lluvias torrenciales y riadas virulentas o sequías intensas, se hacen cada vez más presentes en nuestro diario, y la superficie forestal, al estar más seca de lo normal, sufre un aumento exponencial de riesgo de incendio. En este sentido, la ONG WWF presentó recientemente un informe que aseguraba que nuestro país es el segundo de la cuenca Mediterránea, por detrás de Portugal, con más incendios forestales cada año; son 12.000 los siniestros y cerca de 100.000 hectáreas de media calcinadas, gracias “…/…a un paisaje altamente inflamable que se está convirtiendo "en un polvorín" por el cambio climático”. Los recientes incendios de Cenicientos, Cadalso de los Vidrios y Rozas de Puerto Real en la Comunidad de Madrid, Ribera del Ebro en Tarragona, Almorox en Toledo o El Arenal en Ávila quemaron, ya a mediados de julio, cerca de 10.000 Ha., algunas de ellas de altísimo valor ecológico. Si sumamos los de Gran Canaria son ya 58.000 las Ha. arrasadas por el fuego (3,2 veces más que en el mismo periodo de 2018. Los glaciares de los Pirineos se han reducido notablemente (o desaparecido), el riesgo de enfermedades tropicales pueden desarrollarse en nuestro país gracias a las altas temperaturas que permiten la existencia de insectos nunca antes vistos en nuestras latitudes, y la fertilidad del suelo está seriamente afectada.

La salud también se resiente. Los fenómenos de exceso de dióxido de nitrógeno y/o ozono troposférico ya no son esporádicos, sino recurrentes, y generan una mala calidad del aire contaminando nuestras ciudades y afectando gravemente la salud de sus habitantes. La carga de morbilidad derivada de accidentes cerebrovasculares, cánceres de pulmón y neumopatías crónicas y agudas, entre ellas el asma, relacionadas con los altos índices de contaminación, generan nueve millones de fallecimientos al año en todo el mundo, 800.000 en la Unión Europea. Es decir, 120 muertes prematuras por cada 100.000 habitantes al año. Calentamiento global en estado puro.

El dióxido de carbono en la atmósfera supera las 410 partes por millón, un nivel nunca alcanzado desde la existencia del hombre, según la Organización Meteorológica Mundial (OMM).

Si nueve de los diez meses de junio más cálidos registrados en los últimos siglos lo han sido desde 2010, junio de 2019 ha sido el más caluroso de la serie de los últimos 140 años.

Estas son sólo algunas de las consecuencias. Incluso los escépticos deben saber ya que Sostenibilidad, Desarrollo Sostenible y Cambio Climático guardan relación.

Pero no es una simple relación. Desde 1970, cada año, se adelanta la fecha denominada sobrecapacidad de la tierra, es decir, el día en el que el Planeta entra en “números rojos”, la fecha del año en la que la demanda de recursos naturales por parte de la raza humana supera los servicios ecológicos disponibles para ese año. Tampoco debemos olvidar el hecho de que estamos a 12 años de alcanzar el punto de no retorno en cuanto a la puesta en marcha de decisiones para atajar el calentamiento global.

Y desde que Konrad Von Moltke acuñara su famoso Principio de Precaución en 1992, han pasado ya más de 27 años.

Aunque estamos poniendo en marcha políticas de adaptación, porque reaccionamos muy tarde a los mensajes y ya estamos en ese punto de no retorno para según qué cosas, nos esforzamos, todavía más, en reducir y mitigar los efectos del Cambio Climático.

Algunos medios de comunicación de prestigio internacional ya hablan de Apartheid Climático. Y hace tiempo que tenemos refugiados climáticos, aunque legalmente no se les pueda llamar así; son aún más invisibles que los que huyen de sus países escapando de las guerras. La Unión Europea, en un informe de mayo de 2018, cifraba a éstos en 258 millones las personas forzadas a migrar por razones medioambientales.

No hay duda. Todo el sistema económico, las relaciones laborales, la ciencia, la educación, nuestra forma de relacionarnos… todo estará sometido al prisma de la transición ecológica, de la adaptación, reducción y mitigación del Cambio Climático.

Tenemos la obligación moral de insistir, de poner en marcha, urgentemente, programas y políticas para evitar lo peor de los efectos del Cambio Climático. Porque éste no es un asunto ideológico. Estamos hablando de la supervivencia de la especie humana y de toda la biodiversidad que nos acompaña y que tiene tanto derecho como nosotros a compartir este planeta en las mejores condiciones.

Si nos paramos a pensar podemos comprender la perentoriedad y el alcance de esta situación.

La política tiene que dar soluciones y el problema es tan acuciante que deben ser todos los niveles de la administración los que tomen cartas en el asunto hasta que la sostenibilidad impregne todas y cada una de las acciones de cualquier gobierno, ya sea local, autonómico o estatal. Sin embargo no es así, porque algunos partidos, generalmente conservadores, matizan las evidencias científicas con componentes ideológicos. En el mundo, en Europa y en España, desafortunadamente. Combatir la ignorancia interesada sigue ocupándonos demasiado tiempo.

Los socialistas somos muy activos pero debemos serlo más. No cabe duda sobre la implicación del Gobierno de Pedro Sánchez en la puesta en marcha de medidas de adaptación, reducción y mitigación de los efectos del Cambio Climático, así como el desarrollo de los 17 objetivos de Desarrollo Sostenible y la implementación de una transición ecológica de la economía en nuestro país. Este asunto está en la agenda política española y europea gracias a los socialistas. Pero el reto es tan considerable y de tanta envergadura, por lo que nos jugamos, que debemos enfatizar que la ecología, la sostenibilidad y la lucha por un medio ambiente adecuado forma parte del ADN de los socialistas; así volvió a evidenciarlo el presidente Sánchez en el debate de investidura del mes de julio al poner la emergencia climática como uno de los cinco ítems de su gobierno y en el programa común progresista ofrecido a los grupos parlamentarios del Congreso de los Diputados.

Porque nos importa queremos convertir al medio ambiente en el nudo gordiano, el hito transversal más relevante de los debates políticos e institucionales. El presente, y sobre todo el futuro, es tan incierto que debemos sumarnos, con entusiasmo, convicción y denuedo, al movimiento que ya se ha generado entre los jóvenes de todo el mundo; un movimiento que, por cierto, ya no es únicamente de los jóvenes, sino intergeneracional y multisectorial sobre un asunto estructural que afecta a la totalidad de la raza humana.

Si ser ecologista es algo natural en nuestro quehacer diario, ser ecosocialistas es una obligación que va aparejada con nuestra militancia, con nuestro compromiso político con la sociedad a la que representamos.

Sí. La sostenibilidad ha venido para quedarse. Y los negacionistas se han quedado sin argumentos. Hace tiempo que lo hicieron. El 60% de los españoles y las españolas piensan que se debe abordar, de inmediato, la lucha contra el Cambio Climático, siendo el 75% de los ciudadanos de la UE los que piensan así.

Aunque ya es demasiado tarde para algunas cosas, tenemos la oportunidad de alcanzar metas que permitan que las generaciones venideras estén orgullosas de nosotros y nosotras. No les defraudemos.

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