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Las goteras de la M-30

Las goteras de la M-30

Por Rafael Martínez-Simancas
jueves 18 de septiembre de 2008, 00:00h

Manuel Melis es el talento que creó las obras de la M-30; el autor de una de las mayores obras de ingeniería civil de nuestros tiempos. Su proyecto para Madrid tiene la misma vocación de longevidad que el acueducto para Segovia.

Melis alerta sobre la gestión de la obra y denuncia al Ayuntamiento por haber hecho unos agujeros para instalar unos parques, y de haber construido un muro que impide el natural desagüe del caudal de lluvia. Lo que Melis quiere decir es que ojo porque el río continúa su cauce sobre la cabeza de los conductores y cualquier carga inoportuna podría provocar una tragedia. Lo estrambótico es que nadie le hace ni puñetero caso a Melis y nos podríamos preguntar si una obra de esta magnitud se puede dejar al amparo de los políticos. Igual el Ayuntamiento debería haber creado un comité de expertos que siguieran el transcurso de este volcán castizo.

La M-30 no puede ser una ratonera para los conductores, ni un suplicio para los agentes del 112. No hemos creado una piscina para que los bomberos hagan prácticas, ni un agujero negro donde se descompone la materia elaborada con chapa y pintura.

De poco nos vale que Gallardón le pida excusas a Melis dentro de cuatrocientos años, igual que la Iglesia anglicana ha hecho con Darwin. Manda consuelos. Porque dentro de cuatrocientos años seguirán las goteras y Gallardón pensará si se presenta, o no, a la lista de jóvenes valores. Y los demás estaremos con el agua por los tobillos, y perdón por señalar.

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