La Empresa Municipal de Transportes (EMT) del siglo XXI no tiene nada que ver con la de hace unas décadas. Tampoco sus conductores. La compañía pública está incorporando tecnologías más eficientes y en los conductores empieza a calar la idea de que su forma de conducir influye en los gases que emiten los autobuses. Así lo asegura Pedro Díaz, inspector de Formación de la empresa pública de transportes del Ayuntamiento de Madrid.
Esta nueva mentalidad, impensable hace unos años, se debe principalmente a los cursos de conducción ecológica que reciben los empleados, así como a la introducción de conceptos para utilizar eficientemente los autobuses en los cursos de actualización y para el personal recién incorporado.

No es de extrañar que la EMT haya apostado por la conducción ecoeficiente, ya que tiene muchas ventajas. "Hay un ahorro económico importante que a nosotros nos interesa", señala Díaz. Este tipo de manejo de los autobuses consigue reducir aproximadamente un 10 por ciento del combustible utilizado, lo que en una flota con más de 2.000 autobuses supone un ahorro importante, aunque por el momento la compañía no ha cuantificado cuánto ha conseguido reducir sus facturas desde que se iniciaron los cursos el pasado año.
Se podría pensar que más que los valores ecológicos imperan los criterios económicos a la hora de poner en marcha este tipo de iniciativas. "Si nos preocupara más el ahorro, la EMT no tendría tanto interés por las nuevas tecnologías, como el biodiésel, el hidrógeno o el gas natural", responde Díaz. Efectivamente, la compañía pública está incorporando vehículos menos contaminantes y tiene el compromiso de que el 2011 sólo utilizará autobuses 'verdes'.

En la actualidad, uno de cada cuatro conductores de los más de 5.000 que trabajan en la EMT ha recibido el curso de conducción ecológica que subvenciona la Comunidad de Madrid. La formación, que dura ocho horas, les instruye sobre las nuevas tecnologías que usan cada día y cuyo uso puede optimizarse con un tipo de conducción diferente a la que aprendieron, en muchos casos, hace tiempo.
Reciben consejos para conducir de forma eficiente, como no revolucionar los vehículos, aumentar de marcha pronto, conducir con previsión o parar si se está detenido más de un minuto. Muchas de estas normas pasan por realizar un manejo del autobús mucho más tranquilo. Pedro Díaz pone un ejemplo: "Hay quienes dan 'toquecitos' en el acelerador con el pie derecho aunque el vehículo esté parado".

"Una marcha más tranquila se traduce en salud para ellos y para el medio ambiente", resume el inspector de Formación. Eso sí, hay que tener en cuenta que los beneficios de la conducción ecológica y la relajación de los conductores son más difíciles de conseguir en una ciudad con tanto tráfico como Madrid.
Tras la clase teórica llega la práctica, de la que muchos salen "sorprendidos", según uno de los instructores de la EMT. El objetivo es demostrar cómo se consigue ahorrar combustible y emisiones de una forma tan gráfica que queden pocas excusas para no ponerlas en práctica. Antes de recibir los consejos los conductores han hecho un recorrido delimitado, del que han quedado registrados datos como los kilómetros o el consumo de combustible gracias a un aparato creado para tal efecto, llamado caudalímetro.

En el momento de volver a subirse al autobús de nuevo y poner en práctica lo aprendido, se realiza el mismo recorrido y se comparan los resultados. En algunas ocasiones -tan sólo con seguir una serie de consejos que después los conductores aplican hasta cuando conducen sus turismos- se reduce hasta la mitad el consumo. Normalmente una reducción de este tipo sólo es posible en los conductores más agresivos. Si el conductor ya manejaba el autobús de forma pausada, la reducción es menor y suele rondar el 10 por ciento.
En definitiva, con una serie de consejos que se aprenden en un día y que los conductores incorporan a su rutina, según aseguran, se puede ahorrar dinero, reducir la contaminación y, de paso, el estrés.