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Incendio en la Sierra Oeste de Madrid.
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Incendio en la Sierra Oeste de Madrid. (Foto: Carlos Luján / Europa Press)

La evacuación de animales, asignatura pendiente en los incendios forestales

Los incendios también afectan a los animales

domingo 26 de julio de 2026, 09:00h

Los incendios que afectan a la Comunidad de Madrid han obligado a desalojar municipios, cortar carreteras y desplegar un amplio dispositivo de emergencias. Los distintos focos declarados en la Sierra Oeste han amenazado durante estos días a varias localidades de la región y han llevado a numerosos vecinos a abandonar sus viviendas o permanecer confinados.

En una situación así, la prioridad inmediata es proteger la vida de las personas. Sin embargo, la emergencia se extiende también a los animales que se encuentran en las zonas afectadas: desde las mascotas de las familias evacuadas hasta los ejemplares alojados en protectoras, residencias, granjas y explotaciones ganaderas.

Para los responsables de estas instalaciones, la proximidad de las llamas plantea un escenario especialmente complejo. Evacuar un centro que alberga decenas o cientos de perros, gatos, caballos, ovejas, vacas, cabras o aves exige una organización y unos medios que difícilmente pueden improvisarse cuando el incendio ya está cerca.

Protectoras ante una evacuación contrarreloj

Las protectoras se enfrentan a dificultades particulares por el número y la diversidad de los animales que tienen a su cargo. Algunos presentan miedo, problemas de comportamiento, enfermedades crónicas o movilidad reducida, mientras que otros necesitan medicación o cuidados que no pueden interrumpirse durante el traslado.

Así lo vivió la asociación SOS Gredos, cuyo refugio se encuentra en Navaluenga, en la provincia de Ávila, una de las zonas amenazadas por los incendios. Según relata una de sus voluntarias, en un primer momento no estaba previsto desalojar las instalaciones, pero el avance del fuego, la evacuación de viviendas y los sucesivos cortes de carreteras hicieron que la situación cambiase rápidamente.

“Como los animales iban a ser lo que más iban a tardar en evacuar, dijeron que se sacaran lo primero”, explica. A partir de ese momento comenzaron a “buscar transportines, buscar gente” y localizar vehículos que pudieran desplazarse hasta el refugio.

La coordinación resultó especialmente difícil porque muchas de las personas que gestionaban las llamadas y las redes sociales se encontraban en Madrid, mientras que quienes permanecían en las instalaciones apenas tenían cobertura, batería o conexión a internet. “Estábamos un poco a ciegas: no sabía cuántos perros quedaban, ni cuántos gatos o si estaban llegando coches”, recuerda la voluntaria.

SOS Gredos publicó entonces un llamamiento en Instagram y Facebook para solicitar ayuda. La respuesta fue inmediata: particulares, casas de acogida, fincas y otros centros se ofrecieron a trasladar o recibir temporalmente a los cerca de 50 animales que se encontraban en el refugio.

“Yo cogía el teléfono y se superponían las llamadas", relata la voluntaria. La asociación logró organizar inicialmente tres furgonetas, aunque los cortes de carretera y la saturación de los accesos dificultaron su llegada. “Fue un caos enorme”, reconoce. Algunos voluntarios que partieron desde Madrid encontraron las carreteras llenas de vehículos, accidentes y nuevos cortes que se sucedían según avanzaba el incendio.

Por suerte, ante la llegada de más ofrecimientos, la asociación tuvo que pedir que nadie se desplazase sin recibir antes instrucciones: “Ya no necesitamos a nadie más que vaya, porque vamos a taponar la carretera y va a ser muy peligroso”.

Finalmente, los animales pudieron distribuirse entre casas de acogida particulares y una hípica que habilitó cheniles para recibir perros y gatos. “Ahora mismo están a salvo todos”, confirma la voluntaria, aunque el traslado fue especialmente difícil para algunos ejemplares.

“El viaje les ha estresado bastante”, explica. Muchos llevaban años sin subir a un vehículo, mientras que otros habían llegado recientemente al refugio tras sufrir abandono o malos tratos. “Los perritos en el coche iban súper nerviosos y vomitando”, señala, aunque posteriormente comenzaron a adaptarse a sus alojamientos temporales.

Mascotas en las evacuaciones

En los desalojos de Pelayos de la Presa y San Martín de Valdeiglesias, la mayoría de las personas que salieron en sus propios vehículos pudieron llevarse también a sus animales. “Lo normal es que cada uno se haya llevado sus animales, no obstante, aquellos de tamaño más grande son más complicados”, explica J. M., agente de la Guardia Civil implicado en las evacuaciones.

El traslado de mascotas en coches particulares resulta más sencillo porque las familias pueden incorporarse a los convoyes hasta que se les asigna un lugar seguro. “No hay restricciones en los sitios”, señala el agente, aunque reconoce que pueden surgir dificultades cuando un animal tiene miedo, problemas de comportamiento o una mala relación con otros perros o con personas desconocidas.

La situación se complica en los traslados colectivos. En los autobuses pueden coincidir animales con personas alérgicas o que tengan miedo, además de mascotas que no estén habituadas a viajar rodeadas de desconocidos.

J. M. considera que, afortunadamente, la respuesta ha evolucionado a medida que ha crecido la preocupación social por el bienestar animal, pero que los dispositivos todavía no cuentan siempre con personal o medios específicos. “No hay facilidad para el tema de los animales”, resume. “Debería haber personas específicas para ello”.

La difícil evacuación del ganado

En las explotaciones ganaderas, el principal obstáculo es la magnitud del traslado. Mover vacas, ovejas, cabras, caballos o cerdos requiere remolques y camiones adaptados, personal con experiencia y un destino con espacio suficiente para recibirlos. En las explotaciones extensivas, además, parte del ganado puede encontrarse disperso por grandes superficies.

“Solo gestionar un caballo ya es complicado. Necesitan un van muy grande, un coche capaz de transportarlo y una persona capacitada para llevar eso", explica el agente de la Guardia Civil. "No hay logística para poder hacerlo rápido al igual que ocurre con vacas, ovejas u otros animales de granja".

Cuando no existen vehículos ni tiempo suficiente para evacuar, algunos propietarios optan por abrir los recintos para que el ganado pueda alejarse de las llamas. “Se suelen soltar y dejar que vayan lejos, abriendo los vallados para que tengan, al menos, la posibilidad de huir”, señala J. M.

Esta medida puede salvar a los animales si encuentran una salida segura, pero también implica riesgos. El ganado puede desorientarse, invadir carreteras o provocar accidentes. En el caso de la fauna silvestre, muchos ejemplares logran escapar, pero otros se esconden, se encuentran con vallados o barreras y quedan atrapados por el fuego.

El vínculo de los ganaderos con sus animales puede llevarlos, además, a retrasar su propia evacuación. Ante la posibilidad de dejar atrás al ganado o perder los animales de los que depende su actividad económica, algunos propietarios permanecen en sus explotaciones hasta el último momento.

Voluntarios que no deben entrar en el incendio

La movilización ciudadana puede resultar decisiva para conseguir transportines, vehículos o lugares de acogida. Sin embargo, la Guardia Civil advierte de que los voluntarios no deben acceder por su cuenta a las zonas afectadas.

“No están formados ni tienen conocimientos ni experiencia para moverse en un incendio", insiste el agente. "No deben entrar, por mucho que crean hacer un bien. El humo puede impedir la visibilidad en las carreteras, provocar accidentes o dejar atrapados a los vehículos si cambia la dirección de las llamas".

“Nosotros sabemos movernos y aún así tenemos accidentes”, señala. La llegada descontrolada de particulares puede también saturar los accesos e interferir en el trabajo de bomberos, agentes forestales, sanitarios y cuerpos de seguridad.

“Lo primero es la seguridad del rescatador”, subraya. Si una persona queda atrapada mientras intenta ayudar a un animal, los equipos de emergencia deben desviar recursos para rescatarla, lo que puede dificultar otras intervenciones prioritarias.

Por ello, la ayuda debe canalizarse desde fuera de la zona de peligro y siguiendo las indicaciones de las autoridades o de las entidades responsables de los animales. La experiencia de SOS Gredos muestra que las redes de voluntarios pueden ser fundamentales, pero necesitan información actualizada y una coordinación que evite la llegada simultánea de decenas de vehículos.

Un plan antes de que lleguen las llamas

Los incendios de Madrid vuelven a evidenciar la importancia de que los planes de emergencia y evacuación incluyan expresamente a los animales. La planificación debe comenzar antes de que exista una amenaza inmediata y adaptarse al tipo de instalación, al número de ejemplares y a los medios disponibles.

“Un plan de emergencia no es más que el documento legal de cada Administración donde están los protocolos y procedimientos para cada tipo de emergencia”, explica Juan Luis de Castellví, técnico en emergencias sanitarias y gestor de recursos de seguridad y emergencias.

Además de los planes generales, existen planes especiales para riesgos concretos, como los incendios forestales, las emergencias volcánicas o los accidentes nucleares. Sin embargo, según Castellví, la evacuación de animales no se encuentra incorporada de manera específica en la planificación madrileña. “La evacuación de animales no está incluida en el plan de Madrid. En España, solo está en Canarias en todos los planes y en Cataluña para nevadas”, sostiene.

El especialista señala a Canarias como un ejemplo de integración de los animales en la respuesta ante emergencias. El Colegio de Veterinarios participa en la planificación, existe un catálogo de profesionales y recursos disponibles para las evacuaciones y pueden habilitarse, junto con Cruz Roja, puestos veterinarios para atender a los animales afectados.

Estos protocolos contemplan tanto la evacuación de refugios con perros y gatos como la salida de particulares con sus mascotas. También permiten conocer de antemano cuántos animales puede haber en una zona gracias a los registros de microchips y de explotaciones ganaderas. “Con los registros oficiales ya puedes saber cuántos animales vas a buscar. Por eso debemos tener a los animales correctamente registrados, para que conste que están ahí”, explica Castellví.

El primer paso para protectoras, residencias o explotaciones debe ser contar con un censo actualizado que permita saber cuántos ejemplares hay, dónde se encuentran y qué necesidades presenta cada uno. El protocolo también debe establecer quién toma la decisión de evacuar y qué función corresponde a cada trabajador o voluntario.

Mientras unas personas reúnen a los animales, otras pueden preparar la documentación y la medicación, contactar con los lugares de acogida o coordinar la llegada de vehículos. Además, deben estudiarse distintas rutas de salida, ya que el acceso habitual puede quedar cortado por el fuego o reservado para los servicios de emergencia.

El plan debe identificar con antelación posibles destinos, como otras protectoras, residencias, clínicas veterinarias, centros hípicos, explotaciones ganaderas o instalaciones municipales. También es necesario calcular cuántos transportines, furgonetas, camiones o remolques serían precisos para evacuar a todos los animales.

J. M. coincide en que la mejora de la respuesta pasa por contar con “formación específica en rescates para hacerlo con seguridad” y con medios propios, como furgonetas, camiones y transportines que permitan trasladar un mayor número de ejemplares. “Con animales grandes se nos escapa totalmente de las manos. Muchas veces no tenemos medios para trabajar mejor”, reconoce el agente.

Los incendios de la Sierra Oeste han demostrado que una emergencia puede extenderse rápidamente por varios municipios y que incluir a los animales en los planes de evacuación no es una cuestión secundaria: permite protegerlos y reduce el riesgo de que propietarios, trabajadores o voluntarios permanezcan en una zona amenazada para intentar rescatarlos por su cuenta.

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