El TJUE ratifica la multa de 13.000 millones a Apple por ventajas fiscales en Irlanda
Por Europa Press
martes 10 de septiembre de 2024, 14:00h
El Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) ha confirmado este martes la obligación de Apple de devolver más de 13.000 millones de euros más intereses- en ayudas fiscales ilegales de las que se benefició durante años mediante por el régimen especial que le ofreció Irlanda, una sanción dictada por Bruselas hace casi una década pero que tanto Dublín como la multinacional tecnológica habían recurrido ante la Justicia europea.
El caso entre Apple, Irlanda y la Comisión Europea es uno de los más emblemáticos en la lucha de Bruselas contra las ayudas fiscales ilegales dentro de la Unión Europea. Todo comenzó en 2016, cuando la Comisión Europea, bajo la dirección de la entonces comisaria de Competencia, Margrethe Vestager, concluyó que Apple había recibido ventajas fiscales indebidas en Irlanda, lo que constituía una violación de las normas sobre ayudas de Estado de la UE.
La investigación reveló que Apple había establecido acuerdos fiscales con Irlanda desde 1991, lo que le permitió pagar tasas impositivas extremadamente bajas, en torno al 1% o incluso menos, sobre sus beneficios europeos. Este régimen fiscal especial permitió a la compañía canalizar la mayor parte de sus ingresos europeos a través de su sede en Irlanda, minimizando significativamente sus pagos de impuestos en otros países de la UE.
La Comisión argumentó que estos acuerdos representaban una ventaja selectiva otorgada por el gobierno irlandés a Apple, lo que distorsionaba la competencia en el mercado único europeo. Como resultado, Bruselas exigió a la multinacional tecnológica devolver 13.000 millones de euros más intereses, una cifra correspondiente a los impuestos no pagados entre 2003 y 2014. La decisión fue vista como un golpe contundente en la lucha de la UE por asegurar que las grandes multinacionales paguen una parte justa de impuestos.
Tanto Apple como el gobierno de Irlanda apelaron la decisión, argumentando que el trato fiscal no violaba las normas de la UE y que los acuerdos estaban en línea con la legislación irlandesa vigente en ese momento. Irlanda, en particular, defendió su sistema fiscal, ya que el país ha sido tradicionalmente una base atractiva para las multinacionales debido a su baja tasa de impuestos corporativos (12,5%) y su política favorable a la inversión extranjera.
Sin embargo, este martes, el Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) confirmó la sanción impuesta a Apple, ratificando que la compañía deberá devolver los 13.000 millones de euros más intereses, rechazando así los recursos presentados por Dublín y la multinacional. Este fallo subraya el compromiso de la UE con la lucha contra la elusión fiscal y las ayudas estatales ilegales que distorsionan la competencia dentro del mercado único.
El fallo tiene implicaciones más amplias para otras multinacionales que operan en la UE, ya que refuerza la postura de Bruselas de que los acuerdos fiscales favorables entre gobiernos y empresas no deben usarse para crear una ventaja competitiva injusta. También envía un mensaje claro a los países miembros de la UE de que no pueden ofrecer incentivos fiscales que vulneren las normas de competencia europeas.
La decisión del TJUE también tiene una gran relevancia en el contexto de las conversaciones globales sobre la tributación de las grandes multinacionales, en especial en la era digital, donde gigantes tecnológicos como Apple, Google, Amazon y Facebook han sido criticados por utilizar estructuras fiscales complejas para minimizar sus responsabilidades fiscales en diversas jurisdicciones.
En términos prácticos, Apple ya había depositado la suma de 13.000 millones de euros en una cuenta bloqueada mientras el caso se resolvía en los tribunales. Ahora, con la confirmación del TJUE, se espera que esos fondos sean transferidos al gobierno irlandés, aunque es posible que Apple y Dublín exploren vías adicionales para continuar disputando el caso o intentar negociaciones futuras.
Este caso también destaca la creciente tensión entre la soberanía fiscal de los Estados miembros y las políticas de la UE en materia de competencia, especialmente en un mundo cada vez más globalizado donde las multinacionales buscan maximizar sus beneficios mediante estrategias fiscales internacionales.