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Rebaño de ovejas permanente en la Casa de Campo de Madrid.
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Rebaño de ovejas permanente en la Casa de Campo de Madrid. (Foto: Kike Rincón)

Donaciones, venta directa y asados: así combaten los ganaderos el cierre de mercados agrarios y las "abusivas" importaciones

domingo 26 de abril de 2020, 09:00h

El cierre de la hostelería anuló uno de los principales canales de venta de ganaderos y agricultores. Muchos temieron la quiebra de sus explotaciones, pero el sector se ha reinventado para dar salida a productos como corderos y cabritos. La exportación a los países musulmanes, en pleno Ramadán, ha mermado su excedente, pero el consumo local resulta imprescindible. Por ello, piden a las administraciones control de las importaciones de ovino y apertura de los mercados de venta directa. A los ciudadanos les reclaman respaldo a los pequeños productores.

“En un principio, el cierre de la hostelería fue crítico, pero ahora la situación no es tan mala como en un primer momento”, reconocen desde la Unión de Pequeños Ganaderos y Agricultores (UPA). Sin embargo, muchas granjas de la Sierra Norte de Madrid siguen encontrando dificultades para la venta de lechales. Por ello, desde esta organización solicitan al Gobierno regional que se reanude la actividad en los mercados de la Cámara Agraria. “No tiene por qué ser más seguro comprar en un supermercado que en estos espacios al aire libre”, defienden.

En otras comunidades como Cataluña o País Vasco, estos mercadillos ya se encuentran operativos. En Madrid, UPA garantiza que podrían abrir con todas las medidas de distanciamiento y seguridad que dicten las autoridades sanitarias. Mientras esta cuestión se resuelve, los ganaderos han reorientado su modelo de venta y han cambiado los establecimientos de restauración por los hogares particulares. Otros se han adherido a iniciativas “de solidaridad circular”, una vía que les permiten ayudar a la par que son ayudados.

La Federación de Asociaciones de Mujeres Rurales (Fademur) y la propia UPA han impulsado acuerdos con las empresas Red Eléctrica, Bayer, Syngenta y Banco Sabadell para destinar fondos de estas a colaborar con el sector agroalimentario. En concreto, compran quesos, huevos o carne a explotaciones familiares “que están pasando un aprieto durante la cuarentena”. Después entregan estos bienes de primera necesidad a organizaciones benéficas como Mensajeros de la Paz, Cáritas o Cruz Roja. El proyecto se prolongará hasta que finalice el estado de alarma.

La Sierra Norte se une para subsistir a la crisis del coronavirus

También con un tinte solidario ha nacido ‘Asados Sierra Norte’, una propuesta que ha aunado a distintos negocios de los municipios que cobija esta sierra madrileña. Desde este fin de semana sirven corderos y cabritos asados a domicilio, una idea con la que esperan mantenerse a flote a la par que cooperan con los más desfavorecidos, pues parte de la recaudación se destina también a Cáritas, Cruz Roja y Apafam. “Ofrecemos un producto de calidad, servido con cariño y hecho por nuestra gente”, explica Luis González, ganadero y uno de los socios.

Los animales, criados en la finca de Luis, en Prádena del Rincón, y en la granja Prados Montes, en Montejo, son trasladados al matadero de Colmenar Viejo bajo estrictas medidas higiénico-sanitarias. Un asador de Valdemanco los prepara por cuartos, mitades o enteros y un taxista de Buitrago de Lozoya los distribuye por cualquier punto de la Comunidad de Madrid. Para envíos fuera de la región, cuentan con un servicio de envasado al vacío que se realiza en la Escuela de Hostelería de Madarcos.

Toda una cadena logística en la que se cumplen “escrupulosamente” los protocolos sanitarios en las tareas de transporte y manipulado del producto. En el restaurante donde se asan “se han extremado las medidas de seguridad y contamos con guantes y mascarillas”, precisan. Además, al inicio y término de cada turno se toman la temperatura. Durante el proceso se guarda el distanciamiento pertinente y la entrega se ejecuta con ‘contacto 0’.

Dos ganaderías surten a esta iniciativa, pero ya hay otras “perfiladas” y dispuestas a sumarse “si crece la demanda”. Por el momento, “la gente está respondiendo bien”, apunta Luis González. Este cabrero prailesano insta a los vecinos de la Sierra a “poner en valor el tejido productivo de la zona” e invita a apostar por las carnicerías, bares, ferreterías, mercerías y otros comercios de los pueblos cuando acabe el confinamiento y “no por las grandes superficies”. “Nuestra permanencia, la de la España Vaciada, depende del apoyo de la población”, indica.

A este respecto, agradece la labor que lleva a cabo el Centro de Innovación Turística Villa San Roque, en La Cabrera, por la promoción del consumo local y su respaldo a “desligar la compra de cordero y cabrito de las celebraciones”. González incide en las propiedades nutricionales que aporta esta carne y también pide que se revise su forma de venta en los supermercados. “Cuando un lechal prueba la hierba deja de serlo, pero en algunos sitios se sigue vendiendo como tal”, advierte.

La importancia de limitar las importaciones de ovino

Para Luis parece “inexplicable” como en esta coyuntura económica y social del país, derivada de la pandemia, “siguen entrando corderos y cabritos del exterior” mientras los nacionales “se quedan sin salida en nuestras instalaciones”. Considera esta práctica como “desleal”, pues sostiene que las condiciones sanitarias y jurídicas de algunos países exportadores, como Marruecos, “no son como las nuestras”.

Una postura que comparte con Álvaro Martín, de la cooperativa Los Apisquillos, cuyo rebaño de la raza Rubia del Molar pasta en la Casa de Campo de la capital. “Seguimos importando corderos a bajo precio de países como Francia, donde los ganaderos reciben más ayudas que nosotros”, se queja. “No tiene sentido traerlos desde miles de kilómetros”, añade en un alegato por “mirar a lo que tenemos al lado” y favorecer una producción de proximidad, más sostenible y que retenga población en los municipios.

No obstante, confía en que la crisis actual sirva para que “la gente tome conciencia de la capacidad que tenemos para producir nuestros propios alimentos”. De hecho, agradece que, aún este escenario crítico, los consumidores se hayan volcado con su negocio y hayan adquirido “todos los corderos” que ofertaba. Vende estos a particulares mientras comercializa sus quesos y yogures en el mercado de la Cámara Agraria, cuyo cierre temporal se lo impide. No obstante, lamenta que de por sí “es muy complicada la venta directa” por las escasas vías existentes.

Este ganadero de La Puebla afirma que la rentabilidad de sus productos se verá limitada por la crisis del Covid-19, pero estas ganancias mínimas “no son nada nuevo”. Por ello, invita a los ciudadanos a “pagar un poco más por productos locales que ayudan a que siga habiendo gente en los pueblos y a que continúe el pastoreo”, una actividad que además juega un papel imprescindible en la prevención de incendios.

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