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Fachada del Centro de Primera Acogida de Hortaleza
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Fachada del Centro de Primera Acogida de Hortaleza (Foto: Chema Barroso)

Los menores, vulnerables en los centros de acogida: "No tenemos espacio para situaciones de emergencia"

lunes 30 de marzo de 2020, 16:16h

Si algo está demostrando la pandemia del coronavirus en España es la difícil contención del virus en centros donde se agrupa un gran número de personas, como las residencias de ancianos o los albergues de personas sin hogar. Un solo positivo puede traer consecuencias nefastas para el resto de los internos y los trabajadores: la propagación es como un incendio casi imposible de controlar. En el caso de colectivos de riesgo como las personas mayores, la situación ya ha dejado escenas dantescas, como el descubrimiento de la Unidad Militar de Emergencias de ancianos conviviendo con cadáveres en una residencia de Madrid.

Ante esta situación, otros colectivos alzan la voz. Su objetivo: evitar la propagación del virus antes de que sea tarde. Es el caso de los trabajadores y vecinos de los centros de Primera Acogida de menores, entre los cuales se encuentra el de Hortaleza, uno de los más vulnerables debido a la sobreocupación de sus instalaciones. Algo que les puede abocar no solo a sufrir una microepidemia, sino también a convertirse en un factor de riesgo de salud pública dentro del barrio, lo que podría complicar los problemas de convivencia que han padecido en los últimos tiempos. “No podemos tener estos índices de ocupación porque no tenemos espacio para situaciones de emergencia”, explica Ana Pérez, educadora en este centro.

El proyecto original de esta residencia, que acoge a menores entre 15 y 18 años, contaba con 35 plazas, que aumentaron a 55 tras la ampliación de las instalaciones. Otro centro colindante, el Isabel Clara Eugenia (ICE), hace lo propio pero con menores de 4 a 14 años. Se denominan de primera acogida porque son el primer lugar al que llegan aquellos niños que necesitan un alojamiento de manera inmediata. “Son muy diferentes a los centros de menores”, explica Cristina Otero, portavoz de la plataforma vecinal Hortaleza por la Convivencia. “Son como las urgencias de un hospital, el primer sitio al que uno va antes de subir a planta”, explica.

Los menores que se encuentran en estos centros son niños y adolescentes de “extrema vulnerabilidad”, que han sufrido maltrato o abusos dentro de sus propias familias o que huyen de la guerra y el hambre, entre otras problemáticas igual de complejas. No son centros para una estancia a medio o largo plazo. “Allí se les hace una valoración, un estudio y una derivación hacia los recursos adecuados a sus necesidades, que pueden ser desde pisos tutelados a otros centros de menores, casas de acogida y familias, etc.”, explica Otero.

Desde que empezó el estado de alarma, sin embargo, se ha cerrado la red. No se tramitan derivaciones pero siguen entrando menores en los centros, a los que se une ahora además otro perfil: niños que carecen de una familia extensa y que se encuentran en situación de desamparo después de que sus progenitores hayan ingresado en el hospital tras dar positivo por coronavirus.

Según la Consejería de Políticas Sociales de la Comunidad de Madrid, de momento son solo dos los chicos en esta situación, que se encuentran aislados en el centro Isabel Clara Eugenia, donde hay más espacio. Pero el de Hortaleza ya está al máximo de su capacidad, lo cual imposibilitaría poner en marcha los protocolos de seguridad recomendados en caso de que se diera una situación similar.

“Ya son 76 chicos y tenemos 76 camas. Al próximo que llegue le tendremos que poner un colchón en el suelo”, denuncia Ana Pérez. Su miedo, como el de muchos otros trabajadores, es que la situación se desborde y se dé una sobreocupación como la que sufrieron en noviembre de 2018, cuando tuvieron hacinados a más de 170 menores. “Hemos llegado a tener chavales hasta un año en el centro cuando el protocolo que tenemos es para un mes y medio”, explica.

Ahora el problema sería, si cabe, más grave. “El aislamiento es imposible. Las habitaciones son de cuatro. Cuando tengamos un chaval con fiebre, ¿qué hacemos con los otros tres? ¿O los dejamos conviviendo?”, se pregunta la educadora. “No se puede cerrar la red para que no haya contagios y sí dejar un tapón en la entrada. Nos da mucho miedo que el centro vuelva a colapsar porque nos podemos jugar la salud, nosotros y los chavales”, asegura.

Abrir de nuevo las derivaciones

¿Cuál sería, entonces, la solución? Para el delegado de CCOO en el centro, Joseba Íñiguez, es imprescindible que se pueda determinar con certeza si hay positivos, tanto entre los menores como entre los trabajadores. “Se tienen que hacer test. Tiene que formar parte del protocolo de primera acogida. La propia OMS afirma que es crucial hacer una separación consciente de las personas portadoras de las no portadoras para cortar la cadena de transmisión. Si no se hace en estos lugares nos estaremos pegando un tiro en las piernas”, apostilla.

Desde la plataforma Hortaleza por la Convivencia proponen, además, volver a abrir la red de derivaciones y trasladar a los menores que ya estén valorados a los recursos correspondientes pero siguiendo protocolos de seguridad para comprobar que su estado de salud es óptimo. O, en su defecto, que se habiliten recursos alternativos para poder derivar los nuevos ingresos, como alojamientos privados o instalaciones temporales, medidas similares a las llevadas a cabo para no saturar los hospitales o atender a personas en situación de calle. “Hay que dar una respuesta. Tiene que haber actuaciones ya, porque en el momento en el que empiece a haber contagios esto explota”, indica Otero.

Desde la Consejería de Políticas Sociales de la Comunidad de Madrid informan a Madridiario de que al menos un educador del centro de Hortaleza ha dado positivo en coronavirus en una prueba realizada con posterioridad. En el caso del Isabel Clara Eugenia, son 13 los trabajadores de baja, pero el hecho de no contar con test impide saber si las bajas son o no por el virus. Lo único que pueden hacer los empleados es quedarse en casa si tienen síntomas y, en el caso de los menores, tomarles la temperatura dos veces al día.

A pesar de lo complejo de la situación, sí está habiendo una respuesta adecuada en la contratación de personal y la sustitución de aquellos trabajadores que se encuentran de baja. Tanto Íñiguez como algunos educadores concuerdan en la eficacia y agilidad del AMAS (la Agencia Madrileña de Atención Social, encargada de los centros de primera acogida y dependiente de la Comunidad de Madrid) para la sustitución del personal. También se ha dotado a los centros de material para los protocolos de ingreso, como guantes, mascarillas y alguna EPI, aunque insuficientes, como está ocurriendo en muchos otros lugares. Desde la residencia de Hortaleza también han solicitado que la UME se encargue de la desinfección de los centros, algo que, aunque está previsto, de momento no ha tenido lugar.

Un plan de crisis específico

En todo caso, y tal y como está la situación en el centro de Hortaleza, tanto CCOO como la plataforma vecinal consideran necesario un plan de crisis específico para esta residencia. Desde la Consejería de Políticas Sociales han indicado a este diario que el protocolo es el que dictan las autoridades sanitarias y que se remitió al inicio de la crisis a todos los centros. Un protocolo que consiste en seguir las indicaciones de las autoridades y aislar al residente en una zona concreta, algo que, hoy por hoy, no es posible en el centro de Hortaleza.

Pero existen, además, otros problemas en las residecias de Primera Acogida. La de Hortaleza es de régimen abierto, es decir, que los menores podían salir en determinados horarios y, de hecho, por las tardes realizaban actividades culturales y deportivas fuera del centro que ahora se han paralizado. Además, también se han suspendido las clases que daban por la mañana, clases oficiales dependientes de la Consejería de Educación.

Por ello, desde la plataforma demandan que se ponga en marcha una alternativa a esa paralización de actividades, ya que hoy por hoy son los propios educadores los que se están haciendo cargo, como pueden, de mantener ocupados a los menores. “A veces nos sale mejor y a veces peor”, comenta Ana Pérez. “Hacemos campeonatos de parchís, ponemos música, y salimos al patio a jugar al fútbol, al baloncesto... Intentamos que existan los menores tiempos muertos posibles, pero algunos vecinos incluso se quejan de que los chavales salgan al patio”, se lamenta.

Y es que a esta complicada situación se unen los conflictos de convivencia que han tenido con algunos vecinos. Varios de ellos denunciaron con vídeos grabados desde sus casas y colgados en redes sociales que en los últimos días, en pleno estado de alarma, algunos adolescentes de la residencia habían saltado las vallas y salido a la calle, volviendo al centro tras las advertencias de la Policía. Sin embargo, desde la plataforma Hortaleza por la Convivencia aseguran que son una minoría. “Los educadores nos han trasladado que están gratamente sorprendidos con la reacción de los chavales. Están colaborando, cumpliendo rutinas”, explica Otero. De acuerdo con ella se muestra Ana Pérez, quien indica que “La convivencia es a veces complicada, pero porque son adolescentes. Yo creo que no están teniendo un mal comportamiento. Pero si vamos a una situación de hacinamiento y poca salubridad terminará habiendo conflictos porque la situación invita a ello. El no poder salir y estar hacinados no ayuda nada”, asegura.

No ayuda a que algunos vecinos no observen con suspicacia un centro que se ha convertido en el punto de mira de “discursos de odio que han proliferado mucho” en los últimos tiempos, según Otero, y que fueron el germen del nacimiento de esta plataforma que busca la convivencia y la integración dentro del barrio. “Llevamos meses denunciando la falta de medios y planificación que sufre este centro y en una situación de crisis sanitaria, estas deficiencias se visibilizan aún más”, indican desde la plataforma, la cual reclama también que se considere a los menores de estos centros como colectivos de “gran vulnerabilidad ante la crisis sanitaria”.

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