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Soraya Sáenz de Santamaría, vicepresidenta del Gobierno.
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Soraya Sáenz de Santamaría, vicepresidenta del Gobierno. (Foto: Kike Rincón)

Cospedal gana Defensa pero Sáenz de Santamaría se encargará del ‘encaje territorial’

jueves 03 de noviembre de 2016, 19:46h

Mariano Rajoy ha vuelto a demostrar sus dotes para el encaje de bolillos. Todo cambia para que todo siga igual: Soraya Sáenz de Santamaría dejará de ‘quemarse’ en los Consejo de Ministros y, además de la vicepresidencia, del ministerio de la Presidencia -y, ojo, del CNI- amplía sus competencias a las ‘administraciones territoriales’, es decir, de Cataluña, el mayor desafío que enfrenta España en estos momentos y, de rondón, le quita la financiación autonómica a Cristóbal Montoro, otro punto fuerte de la nueva legislatura. Con calzador, ha situado a María Dolores de Cospedal en Defensa, una cartera relevante en el organigrama aunque para la que no se le conocen méritos especiales. Tampoco los tenía Carme Chacón.

En una decisión salomónica, la portavocía pasa a Íñigo Méndez de Vigo, que repite en Educación, Cultura y Deportes. Su condición de diplomático es ideal para bajar el perfil político de la rueda de prensa del Consejo de Ministros. La pelota va a estar en otro tejado, un Congreso de los Diputados donde la vicepresidenta mantiene el control. Rafael Hernando, portavoz parlamentario del PP, ha sido muy explícito en sus primeras declaraciones.

La noticia, por cierto, se ha conocido mediante un comunicado. Mariano Rajoy ha declinado comparecer ante los medios. Probablemente lo haga mañana tras el primer Consejo de Ministros en mucho tiempo -319 días- sin el apellido de ‘en funciones’.

Luis de Guindos y Cristóbal Montoro más o menos empatan, el primero gana Industria, quizá para compensar que no ha lograda su ansiada vicepresidencia, y el segundo se quita de encima el ‘marrón’ autonómico.

En el área económica, el premio de ‘consolación’ ha recaído en Álvaro Nadal, al que Rajoy ha agradecido sus servicios y, sobre todo, consejos en los difíciles años de la crisis, con un Ministerio de Energía, Turismo y Agenda Digital que no es tan ‘maría’ como puede parecer a primera vista.

El Gordo, en cambio, ha ido a parar a Santander. Su alcalde, Íñigo de la Serna, se encargará de una cartera tan potente como Fomento. Ingeniero de Canales, Caminos y Puertos, tendrá que repartir el ‘cemento’ público.

De la Serna es uno de los guiños de Rajoy al PP, pero no al PP de Génova, que apenas ha tocado ya que Cospedal puede descansar en Martínez-Maíllo, Maroto, Casado…, sino a la periferia del partido que se ha mantenido fiel a su liderazgo:

Además del cántabro, la catalana Dolors Montserrat se encargará de Sanidad -está considerada uno de los ‘enlaces’ con Ciudadanos- y el ex alcalde de Sevilla, Juan Ignacio Zoido, hereda nada menos que el avispero de Interior, un encargo que revela la confianza que el presidente tiene depositada en él. En cuanto a lo de Jorge Fernández Díaz era, sencillamente, inevitable.

El caso de José Manuel García Margallo es diferente. Rajoy ha comunicado personalmente a ambos su relevo y, probablemente, explicárselo al titular de Exteriores no ha sido fácil. Hasta el sábado pasado, era un fijo en las quinielas. Ahora, su salida se achacará a sus ‘extraños’ movimientos cuando algunos sectores intentaban mover la silla del líder del PP.

Quizá el problema es que en esta Legislatura un solo voto puede decidir muchas cosas en un Congreso de matemáticas casi imposibles. Margallo es diputado y lo de Canciller te obliga a estar más tiempo subido al avión que sentado en el escaño. Alfonso Dastis, embajador en la UE, quizá ha pasado más tiempo con Rajoy que algunos de sus ministros y no se presentó a las elecciones. La mitad del trabajo -Europa- lo tiene hecho, pero su primer reto está al otro lado del Atlántico este fin de semana, en las inciertas elecciones norteamericanas.

La continuidad de Fátima Báñez en Empleo y Seguridad Social, de Isabel García Tejerina en Agricultura y de Rafael Catalá en Justicia formaba parte del guion de Mariano Rajoy para demostrar que su Gobierno, pese a estar en minoría y cogido por los pelos del PSOE, del PNV y quizá de los convergentes catalanes, no es ni una rendición ni una rectificación. Sino todo lo contrario, como buen gallego.

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