No es habitual ver pintores en las calles de Madrid y menos ver que el objeto
de la dedicación de los que lo hacen no son los monumentos principales sino las aceras que
los rodean. Por eso los cuadros de Alberto Martín Giraldo
congregan a los paseantes que no solo fotografían estos lienzos que parecen prolongaciones de las calles, sino que entablan
conversación con este pintor orensano que lleva cuatro años plasmando,
desde un ángulo poco habitual, los puntos más emblemáticos de la capital.
Alberto Martín nació hace 36 años en Lubián, un pequeño pueblo de Orense, estudió en Verín y se trasladó a Pontevedra para cursar Bellas Artes, Allí estudió los dos primeros años, terminando la carrera en Madrid en 2003 y, tres años después, comenzó a ver el fruto de su trabajo cuando empezó a quedar primero o segundo en todos los concursos de pintura rápida a los que se presentaba: San Antonio de la Florida, Parque de El Capricho, Parque del Retiro, Quinta de los Molinos, Arte Joven Latina, Ejército de Tierra, El Pardo, además de los del Día internacional de la mujer, (Leganés); Antonio López (Pinto); los de Villalba y Torrelodones, y los de Ermita de Alarcos (Ciudad Real), Nocturne San Clemente (Cuenca), Almansa (Albacete), Sisante (Cuenca), San Pedro Regalado (Valladolid), Piedrahita Goyesca (Avila), Dulcinea del Toboso (Toledo) o Villa de Trijueque (Guadalajara). "Durante tres años pude vivir de los premios que conseguía. Eso me permitió quitarme de otros trabajos", dice mientras hace un descanso de su última obra que se muestra en la esquina de Alcalá con la plaza de la Independencia: un cuadro de campo de 2,10 por 1.5 metros que refleja de forma realista la acera de esta plaza con su arquitectura y de forma figurativa a los paseantes que la recorren.
Hoy, tras haber pasado por la cátedra Francisco de Goya (Ávila) y haber disfrutado hasta el pasado mes de julio una beca en la Casa de Velázquez a la que entregó un cuadro sobre la acera del Congreso, que este viernes la embajada de Francia tiene previsto colgar en su palacete de la calle Saturnino Olózaga, este pintor ha retomado su obra por las calles de Madrid. Porque, desde que en 2010 comenzó a realizar una serie de cuadros en torno al museo del Prado, Madrid la capital se ha convertido en su leitmotive. "Se me ocurrió dar un vuelco a un cuadro de campo sobre la puerta de Murillo y realicé siete vistas del Prado, dos del Reina Sofía y una de la entrada del Thyssen. En ellas, los museos aparecen al fondo,sin apenas protagonismo. Tras ver mi obra, me invitaron a París donde hice una exposición individual con el nombre de Une rencontre au Prado en la galería George D'etais. Para mí, que he realizado exposiciones colectivas en las galerías Jorge Alcolea y Miquel Alzueta, fue la primera de forma individual".
El hecho de que no haya participado en demasiadas exposiciones no parece preocupar a un artista que afirma que puede vivir de su obra gracias al boca a boca y a que los clientes que ven su trabajo le encargan nuevos cuadros. Esta es la razón por la que algunos de sus grandes cuadros estén colgados de las paredes de colecccionistas particulares de Portugal, Bélgica, Francia, Brasil o Estados Unidos. "Este cuadro que empecé el 31 de julio ya está vendido. Es un encargo de una persona de Sao Paolo, familiar de otra persona que me compró otro cuadro". Su precio: 7.000 euros. Cuando se le pregunta cómo puede representar un cuadro en la Puerta de Alcalá sin plasmar ni de lejos este monumento, afirma que "los madrileños que pasean por esta plaza, miran las aceras, a la gente, no a la puerta que le tienen muy vista".
Y ya está pensando en los próximos. "Quiero hacer uno de 7,20 por 3,60 metros del patio de la Casa de Velázquez a la salida de una reunión. Y tengo que terminar el de Alcalá", dice. Y es que, dos días a la semana, se monta en su furgoneta, recoge a Antonio López y se van los dos a un cerro de Alcalá de Henares "que tiene una vista impresionante porque se ve el río Henares, Torrejón y Madrid, muy a lo lejos. Ambos pintamos la misma vista. Él en un cuadro más pequeño y yo uno de 8,40 por 3 metros que tengo que realizar por partes ya que si me dedicara a montarlo cada vez que voy no tendría tiempo para pintar". Aunque estos planes pueden verse afectados por el encargo que acaba de recibir de la Academia de París: le han propuesto plasmar en un gran lienzo su sede junto al Sena. En ese caso, Alberto Martín sustituiría las aceras madrileñas por las parisinas.