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Carlos Núñez convierte el Price en una aldea global celta

lunes 07 de julio de 2014, 12:11h

Carlos Núñez logró este domingo transportar al público madrileño del Circo Price a los universos celtas no solo de Irlanda, Bretaña o Galicia sino a los de México, Brasil o Estados Unidos, donde este investigador ha encontrado influencias de este género. El músico, que presentó así su nuevo trabajo, Inter-celtic, logró que el público acompañara con palmas, coreara y bailara sus interpretaciones en lo que fue una auténtica fiesta de dos horas y cuarto de duración.

  • Carlos Núñez bajó al patio de butacas para interpretar una pieza

    Carlos Núñez bajó al patio de butacas para interpretar una pieza
    MDO

  • Carlos Núñez durante su actuación

    Carlos Núñez durante su actuación
    MDO

Su presencia en Los Veranos de la Villa respondió a todas las expectativas de quienes habían agotado el billetaje del Price. Aunque se calculaba que el concierto duraría hora y media, pronto se vio que Núñez, el principal intérprete de música celta en España, estaba dispuesto a dejar huella. Para ello se hizo acompañar de sus habituales -su hermano Xurxo Núñez (percusión) y su amigo Pancho Álvarez (guitarra)- a los que se unieron el que designó como su maestro, Paddy Moloney, líder de la banda irlandesa The Chieftain; el violinista y bailarín canadiense de esta agrupación Jon Pilatzke; el gaitero australiano Allen Grace; el acordeonista vasco Xabi Aburruzaga; la banda de gaitas A Derradeira, de Alcalá de Henares, y la agrupación de samba Batucada Porto Alegría, residente en Madrid.

Todo para demostrar que la música celta está mucho más extendida de lo que los aficionados creen. Y lo demostró. Desde una pieza para gaita de hace dos siglos compuesta en México hasta música compuesta en Brasil o la que se interpreta en los salones de baile de Texas, y todo ello como consecuencia de la emigración de gallegos, portugueses e irlandeses por todo América. El resultado no sólo gustó sino que terminó levantando al público que llevaba más de una hora contenido en sus asientos, acompañando con las palmas y las piernas las melodías, y que terminó desde cantando A rianxeira a bailando la Muiñeira de Chantada.

Núñez, que tocó todo tipo de flautas y gaitas con la perfección y el alma que le han convertido en uno de los músicos más reconocidos, recordó su infancia en Vigo, su conexión personal con Madrid -es hijo de gallego y madrileña-, sus traslados a Madrid en tren para examinarse en el Conservatorio de Música -"eran unos trayectos larguísimos pero a medida que a Madrid le empezó a gustar la música celta, el trayecto se acortó"- y aquellas actuaciones que marcaron su paso por Madrid en la sala Aqualung, el teatro Monumental o el cuartel de Conde Duque que los espectadores más fieles dijeron recordar cuando Núñez preguntó si entre los asistentes había alguno de entonces. Y es que Madrid -"posiblemente el mejor público del mundo", dijo Núñez- estaba rendido desde el momento en el que apareció en el escenario con su clásica chaqueta y su pañuelo al cuello.

En su concierto se alternaron sus melodías gallegas, desde las más populares hasta las de A Irmandade das estrelas, pasando por los resultados de rastrear la música celta en distintos países de América o piezas como la sintonía que grabó para la Vuelta Ciclista a España en 2013 o la fusión de la música celta y latina creada para los creadores de Riverdance. Especial protagonismo tuvo el violinista y bailarín canadiense de esta agrupación Jon Pilatzke, quien, además de interpretar algunas piezas en solitario, bailó danzas irlandesas y mantuvo un pulso de claqué contra las baquetas de Xurxo Núñez. Cuando tanto él como Núñez abandonaron el escenario para recorrer las plateas y los palcos del Price mientras interpretaban una de las piezas, hasta los más comedidos vieron que aquello no iba a ser solo un concierto y cuando Núñez invitó a unas cuarenta personas a subir al escenario para bailar primero sobre las tablas y luego, haciendo una cadena humana, por el patio de butacas estaba claro que aquello era una fiesta, una auténtica fiesta celta.

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